"Pues bien, puestos a la tarea, lo primero y más elemental es que si la empresa
tiene graves problemas de supervivencia o de rentabilidad, no podemos
impedirle que tome las medidas adecuadas a la situación, aunque sean
traumáticas. En una economía, laboral o social, de mercado, igual que existe
libertad para crear empresas deberá existir la de cerrar. No se pueden poner
puertas al campo.
Pero en ese cierre, las directivas Comunitarias y los
Convenios de la OIT, y desde luego nuestra legislación, imponen un fuerte
acento social a los cierres o reducciones de plantilla. No se puede ir una
empresa dando un portazo.El art. 51 del Estatuto de los Trabajadores exige que haya unas causas
económicas, técnicas u organizativas que justifiquen la medida. En segundo
lugar debe presentarse un plan social que reduzca los efectos traumáticos de
la medida: prejubilaciones, indemnizaciones mejoradas, recolocaciones, etc...
y en último término o existe acuerdo con los representantes de los
trabajadores o la Autoridad Laboral debe aprobar la medida empresarial. Todo
ello, dentro de lo que es la cirugía, es o tiene unos efectos anestésicos que
suavizan la operación.
Pero, puestos a responder qué debemos hacer, para evitar que haya que
«operar quirúrgicamente», hay que ir más a lo hondo. Estamos en una
sociedad un tanto incoherente y cínica, porque pedimos y consumimos
productos que han sido elaborados, en países lejanos, con sangre, sudor y
lágrimas (por eso son baratos) y a la vez queremos disfrutar de unas
pensiones y prestaciones sanitarias, sociales, etc.. de alto nivel y que no se
sabe muy bien quién va a financiar, si lo que fabricamos no lo consumimos
(por caro). Pero aparte de esta anotación, la respuesta adecuada a mi juicio
estaría en otros parámetros: tener unos trabajadores con una formación
profesional imbatible."
JUAN ANTONIO SAGARDOY BENGOECHEA. Catedrático de Derecho de la
Universidad Complutense