(...) si tenemos en cuenta que en Catalunya estamos inmersos en un goteo continuo de noticias sobre agresiones a educadores. ¿Qué hemos hecho mal?,se preguntan ahora los mismos que hace treinta años propugnaban una educación flexible y poco autoritaria, que hacían bandera de la liga de los sin bata y del "Por favor, no me llaméis señorita; llamadme Laia".
Igual que un hijo y un padre no pueden ser (simplemente) amigos, un profesor y un alumno no pueden ser (simplemente) colegas, por mucho que en los años setenta y ochenta la moda dijese que sí.
(...)Décadas atrás, cómo se reían de las noticias que llegaban de Estados Unidos (los controles de armas en muchas escuelas, por ejemplo) los que siempre se ríen de las noticias que llegan de Estados Unidos, y ni a tiros (con perdón) aprenden que todo lo que sucede allí, más pronto o más tarde acaba también por suceder aquí.
Pues, eso: la progresía del país, y la bobería que le hace los coros, desgrana unas teorías que provocan alteraciones sociales de largo recorrido, que duran una generación por lo menos, como ésta de "menos latín y más plastilina", con avales de maestros rosasensatianos. Luego nos hallamos la burrancia de despreciar el esfuerzo, el mérito, la competitividad, el afán de superación y de excelencia; prima la sumisión, el seguidismo, la ausencia de criterio propio, el poder de los mediocres que todo lo corrompe, la igualdad basada en el bajo listón de exigencia académica. Los más burros de la clase, convertidos en los amigos del profe, de la senyoreta, coleguis que acaban por pasar las pruebas de evaluación sin más esfuerzo que el sometimiento y el peloteo. ¿Nos extraña que, años después, aparezcan en la empresa de jefecillos de negociado encargándose de hacer el caldo gordo a la autoridad competente?


No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada