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jueves, 31 de enero de 2008

'Enseñar inglés precisa recursos'

La pretensión de que un conocimiento suficiente del inglés sea condición sine qua non para obtener un título universitario puede estar cargada de buenas intenciones, pero encierra no pocas incógnitas y genera bastantes desconfianzas. El simple enunciado de la iniciativa de la Conselleria d'Innovació, Universitats i Empresa no especifica cómo es posible alcanzar el objetivo, qué recursos destinarán las universidades públicas y cómo se evaluará el dominio del inglés. Son aspectos esenciales de la propuesta que no están definidos, pero no son los únicos que inducen a desconfiar.
En primer lugar, porque parece sumamente ambicioso aspirar al conocimiento universal del inglés en el mundo universitario, cuando los informes relativos a las enseñanzas primaria y secundaria subrayan un insuficiente dominio de catalán y castellano. Es decir que, sin poner en duda la importancia del inglés, conviene empezar la casa por los cimientos y asegurar la soltura en los idiomas locales, lo cual está muy lejos de ser una realidad como se explicaba este lunes en EL PERIÓDICO.
En segundo lugar, la difusión del inglés no debe ser la ocasión para quebrar las reglas de la enseñanza pública, que incluye impartir todas las disciplinas con cargo a una misma matrícula. Sería harto discutible, incluso desde el punto de vista legal, que durante los cuatro años de estudios en una universidad pública, los alumnos debieran correr con un gasto añadido --los estudios de inglés-- para alcanzar el nivel exigido. Para que esta situación no se dé, es imprescindible que la conselleria precise qué recursos pondrá a disposición de las universidades públicas para que, por la fuerza de los hechos, no se privatice un segmento de la enseñanza.
En tercer lugar, es imprescindible definir los estándares de calidad e idoneidad para evitar que la exigencia del inglés no se transforme en un nuevo mecanismo de diferenciación social. Sería lamentable que, en busca de una mejora en la preparación de nuestros universitarios, el resultado fuera agravar la segmentación social a causa del aprendizaje y dominio del inglés. Cualquier persona que ha pasado por la experiencia de aprender un idioma sabe que con clases presenciales y ejercicios en casa no es suficiente, y los cursos de inmersión y las estancias en el extranjero no están al alcance de todo el mundo. En resumen: hace falta saber si cabe en los presupuestos garantizar la igualdad académica también en este campo.


Editorial de El Periódico