Rubianes recibe los aplausos de sus fieles en el estreno de 'La sonrisa etíope' en el Club Capitol
- Rubianes, con dos de las bailarinas que han acabado con su soledad escénica. Foto: VICENS FORNER
Pepe Rubianes ya no está solo. Se ha traído un pedazo de África --cinco bailarinas de Adís Abeba-- para ambientar sus anécdotas por el continente negro y animar al espectador a visitar Etiopía y conocer la "maravillosa sonrisa" de sus gentes.
Al viajado cómico se le acabó el recreo. La sonrisa etíope le ha devuelto el estrés del que tanto huye, pero el público que le ha acompañado durante lustros en su soledad escénica le seguirá recompensando con carcajadas y aplausos. Como los que el miércoles acogieron su estreno oficial en el Club Capitol.
Cuenta el protagonista que, en uno de sus muchos días de asueto por aquellas tierras, vio, en Adís Abeba, un show de danzas tradicionales que le dejó "alucinado". Conociéndole, y a la vista del escultural quinteto que presenta en escena (Helen Fikadu, Mesknesh Gebreselassie, Fitsum Kebede, Lemlem Mekonen y Samrawit Mitku), la alucinación fue más allá de los bailes. Unas danzas --que combinan elegantes y sensuales movimientos con soberbios latigazos de cuello, tórax y melena-- y unos ritmos ancestrales que suenan y lucen muy modernos y vistosos. Pero, seguramente, la tribu femenina de la sala hubiera agradecido la presencia de algún bailarín negro, de esos de vertiginosos meneos que, como dice el tópico, bailan como Dios.
Y de Dios, la Virgen y el Niño; de los embrollos lingüísticos por su inglés chapucero, y de sus encuentros y desencuentros con las fieras y con una mujer que se largó con sus cuartos, habló e inventó ayer el ateo charlatán, provocando la risotada de sus fieles. Hubo, como siempre, humor negro, palabrotas, surrealismo y escatología. Y no se libraron de recibir lo suyo algunas de sus musas, como La Caixa (sus intereses al 1,7%, dice, sustentan su lúdica existencia) y, cómo no, la COPE.
Bromas en suahili
Rubianes juega en este nuevo montaje con la luz, con las bailarinas --hace bromas con ellas en inventado suahili-- y con el público. Los gags del monologuista se entrelazan con los números coreográficos y el cachondeo colectivo se dispara cuando el espectador entra en acción con sus onomatopeyas.
Al público le toca escenificar los aullidos de la sabana. A indicación del cómico "galaicocatalán", ruge la marabunta simulando los sonidos de leones --distintos si están hambrientos o saciados--, hienas, elefantes y cocodrilos. El África alegre, con sus sonidos y gentes, se ha instalado en la Rambla. Es el homenaje de Rubianes, el africano, a un continente que lleva marcado en el corazón.
EL PERIÓDICO; IMMA FERNÁNDEZ
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