Skyline de Barcelona, hoy

miércoles, 27 de febrero de 2008

Los 'lameculos' del 'cuarto poder' televisivo


Por Nacho Gay

Ayer martes, día de resaca postengañabobos. Toda una jornada desperdiciada en dilucidar quién se impuso en el careo de Estado, cuando en realidad es lo que menos importa. Menuda borrachera. Jamás un acontecimiento tan pobre había despertado tanta expectación. Lo peor es que esta extraordinaria cobertura, y las tonterías que sobre el enfrentamiento se han dicho en todos los medios, en todas las televisiones, provocará que los partidos piensen que las cosas fueron bien, que este tipo de espectáculos encorsetados suelen dar sus frutos y que los próximos enfrentamientos deben seguir la misma senda 'ultranormativizada'. Nos conceden un debate televisivo de mínimos, un debate para tontos y nosotros aplaudimos con las orejas. Error.

Si no tenemos un 'cuarto poder' crítico y exigente, entonces no tenemos nada.

Día también de sandeces múltiples en materia de audiencias. Que si este debate ha batido todos los récords, que si ha sido más visto que los que enfrentaron a Aznar y González... Sin embargo, sólo aquellos que basaron ayer sus análisis en variables porcentuales como el rating o el share pudieron extraer conclusiones acertadas, pues si se toma como referente el número de espectadores uno debe tener en cuenta que donde antes vivían treinta y cinco millones de personas, luego vivieron cuarenta y ahora vivimos cuarenta y cinco. Más gente en España, más espectadores potenciales. El universo de referencia no es el mismo ahora que antes. Luego no caben comparaciones odiosas. Pero lo que importa es dar noticias grandilocuentes. Da igual que el corpus narrativo sea verdadero o falso. Error.

Si no tenemos un 'cuarto poder' riguroso, entonces no tenemos nada.

Pongo la tele tras el debate. La pongo a la mañana siguiente. Periodistas de alto standing reproducen el careo de sus dos grandes líderes, a los que tan bien representan. En Cuatro, María Antonia Iglesias tilda a Rajoy de “demagogo autoritarista”. Me revuelvo en el asiento. Cómo se puede acusar a alguien de la misma cosa que uno tanto se gusta de practicar y que tan ingentes beneficios le reporta. Pues como eso todo. Y todos. Da igual el color de su ideología. Ni un solo profesional del oficio escribe desde las entrañas. Todos lo hacen con una mano en el monedero y otra en el carné de militante. Somos un país de periodistas paletos, fiel reflejo de la España profunda que aún nos persigue e incluso nos gana la partida. Somos un país de 'lameculos', de 'soplagaitas', de vendedores de humo, de siervos del poder. ¿Dónde están los periodistas? Desde luego en televisión no. Error.

Si no tenemos un 'cuarto poder' televisivo, entonces no tenemos nada.

Error. Error. Error.