
La imagen del tripartito catalán nunca ha sido buena. Conviene recordar que el actual Govern presidido por José Montilla no es el resultado de un triunfo electoral, sino la consecuencia de un pacto entre tres partidos perdedores. Mal empezamos. Para seguir, hay que constatar que el discurso del tripartito gira alrededor del progresismo, el victimismo y el diferencialismo. Discurso que -mal continuamos- tilda de reaccionaria a cualquier persona que tenga una visión del mundo distinta a la de la izquierda, fomenta la llamada cultura del no que sólo ofrece una utopía negativa, atiza sin descanso el miedo a la derecha, habla de una España que no reconoce su carácter plurinacional, exige un trato bilateral con el Estado, reclama un régimen fiscal preferente, impulsa una política lingüística monolingüe, promueve lo considerado propio en detrimento de lo impropio con el objeto de distanciarse de lo español. Y la lista podría alargarse con las ideas, opiniones y actitudes de ciertos personajes -alguno de ellos rayando el chovinismo- cuya profesión parece consistir en cuestionar o ridiculizar lo español en beneficio propio. Así las cosas, no resulta fácil, como adelantábamos, tener una buena imagen en el conjunto de España. Aunque sí es cierto que, en esa tierra de progresistas y nacionalistas que es Cataluña, el discurso del tripartito, aderezado con la estrategia del miedo, ha dado réditos políticos y electorales. Pero, como suele decirse, todo lo que es susceptible de empeorar acaba empeorando. Incluso, en Cataluña. Es lo que, a raíz de la crisis del agua, ha ocurrido con la imagen del Govern. Y la causa de este empeoramiento de imagen hay que buscarla, paradójicamente, en el discurso de un tripartito que está prisionero de sus propias palabras.
[Sigue...]
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