Nueva forma de religión

–¿Cuál es el blanco en esta ocasión de su sátira?
–Es una sátira básicamente sobre el tema medioambiental. La escena se desarrolla en tres ámbitos distintos, aunque centrados todos en el tema del media ambiente y el cambio climático. Por una parte, hay un retrato satírico de la impostura y frivolidad con que los políticos tratan las cuestiones que tienen que ver con la naturaleza y el Medio Ambiente. Por otro, está el fomento de los temas ecológicos promovidos como versión catastrofista, es una moda que engendra con mucha facilidad un tratamiento en forma de religión.
– ¿Al estilo de los profetas y sus apocalípticas profecías?
–Sí, y en ese sentido, un apropiado subtítulo de la obra sería “si no creo en la religión católica, que es la auténtica y verdadera, como voy a creer en ésta”... Y en tercer lugar, otro de los aspectos en los que se centra la obra es en la disposición de mucha gente a seguir a cualquier majadero que decide subyugarles invocando una razón de orden superior, en este caso el pretexto es una supuesta destrucción del planeta. Estas serían las tres bases.
–¿Dónde sitúa la acción?
–Como centro esencial yo lo coloco en una cocina. El Gobierno español se responsabiliza de la cena de clausura de unas jornadas internacionales de medio ambiente, una especie de cumbre de Kyoto, y hay que contratar a un gran cocinero especializado en cocina climática. Este es el arranque o la excusa para luego ir desarrollando lo que antes he dicho, las formas de religión o la impostura de los políticos. Yo la he subtitulado “sátira aliñada con fragmentos de las cuatro estaciones de Vivaldi”. La obra empieza por la primavera y después hay una serie de intermezzos dentro de la obra con fragmentos de las otras estaciones de Vivaldi y con acciones todas ellas ecologistas.
–¿Acciones al estilo de Greenpeace?
–Si, sería una cosa parecida.
–Lo que más me llama la atención es que enfoque el asunto desde la perspectiva de Tartufo, del impostor, del hipócrita. ¿Por qué?
–Una de las cosas que caracteriza nuestra época es la impudorosa exposición de fingimientos filantrópicos. Todo el mundo hace gala ante los demás de una infinita bondad, solidaridad, conciencia medioambiental, preocupación por el Tercer Mundo y por la defensa acérrima de cualquier especie animal, sobre todo de gatitos y perritos. Yo creo que esta exhibición es extremadamente impudorosa, en este momento es el lenguaje natural y rutinario de la gente que nos ve, y creo que ésta es una época extremadamente puritana. Seguramente, en el caso de Molière se refería a un ambiente cortesano y, por lo tanto, más reducido. Pero en este momento todo el conjunto de la sociedad sigue esta dinámica.
–¿Quiere decir que todos comulgamos con el “buenismo”?
–Es una exhibición que viene sobre todo del mundo de la administración política. Tanta exhibición constante de bondad es sorprendente, sin que tampoco el exterior, lo que ocurre en el mundo, muestre la correspondencia a tan buena disposición. Creo que escudados en la defensa de este nuevo orden puritano, hay que vigilarlo porque se imponen un sinfín de normativas que, bajo el pretexto del bien común, en ocasiones rozan los límites de la libertad del ciudadano. De vez en cuando aparecen cruzadas contra fumadores, bebedores, aficionados a los toros como yo, contaminadores, machistas, conservadores, o simples aficionados a la incorrección política. Hay una especie de intento de derrame filantrópico que consiste en legislarlo todo y me parece que eso es peligroso.Excusa para el totalitarismo–Pero ¿no cree que el Medio Ambiente merece ser protegido?
–Sí, claro, el deterioro del planeta es un tema muy serio, pero hay que estar vigilante porque esto puede generar cruzadas y legislar contra la libertad individual. Y, sobre todo, se tiende a nuevas religiones. Quiero decir que es importante que nos preocupemos por lo que vamos a dejar a nuestros descendientes, pero hay que vigilar la forma porque puede convertirse en una nueva forma de totalitarismo.
–¿Por qué cree que estos nuevos filántropos convencen tan fácilmente a todos los gobiernos, tanto conservadores como socialistas?
–A los Gobiernos esta historia les va fantástica. Es una historia en la cual pueden mostrar su buena disposición ante los demás. Aquí hay una de las cosas que resultan más extravagantes: por un lado, se promueve una información alarmista destinada a las masas que amenaza con el cambio climático y la supuesta destrucción del planeta; pero por otro lado, se estimula al ciudadano constantemente para que practique un consumismo compulsivo, el cual, no nos olvidemos, es la causa principal de esta supuesta destrucción del planeta. Es decir, que si baja el consumo, la economía se va al traste pero, por otro lado, cuidado que nos cargamos el planeta. Si en el año 2050 se estima que habrá 12.000 millones de personas,y si todas son consumistas, será una catástrofe: ahora los africanos tienen la desgracia de no ser consumistas, pero el planeta digamos que tiene la suerte. Creo que hay una enorme impostura de los Gobiernos de todo signo ante el tema medioambiental, es una auténtica estafa al ciudadano.
–¿Por qué decidió hurgar en este tema?
–La Expo de Zaragoza me propuso hacer algo sobre Medio Ambiente para llevarla allí. Me divierte el tema, es muy actual, parece un tema árido pero a mi esos retos me gustan, temas aparentemente áridos y luego vas viendo que no, que todo lo contrario, que hay un mundo formidable y, además, muy teatral. Y éste es el motivo. Quiero dejar claro que no es una producción de la Expo, es una producción totalmente de Els Joglars. La Expo nos contrata unas actuaciones.
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–Pero ¿no cree que el Medio Ambiente merece ser protegido?

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