El Barça como metáfora de la decadencia de Barcelona
Por Jesús Cacho
Seguramente todos, o casi, los lectores de El Confidencial conocen mi apego sentimental al FC Barcelona, por lo que la tesis que pretendo exponer en estas breves líneas no necesita coartada ni pretende engañar a nadie. Simplemente soy culé. A lo largo y ancho de la presente temporada he visto, como tantos miles de barcelonistas, arrastrarse como alma en pena al equipo de mis amores por los campos de España y algunos del extranjero, en un proceso de degradación sin equiparación posible que, en mi modesta opinión, no es achacable tanto a los deportistas que componen la actual plantilla, que también, como a los directivos de sociedad que los dirige, es decir, a la junta directiva del actual FC Barcelona, con el nefasto Joan Laporta a la cabeza.
Porque, repito, el espectáculo de incuria y desidia ofrecido anteanoche por el Barça en el Bernabéu no es nuevo, que se ha repetido esta temporada hasta la saciedad. El Barcelona es hoy un Club sin rumbo, un pollo sin cabeza; una sociedad dirigida por un oportunista, un arribista con nulas dotes de gestor de empresa y mucho menos de líder de equipos humanos. Este debe ser el único Club del mundo capaz de pagar un sueldo anual que debe rondar los 1.000 millones de las antiguas pesetas a un futbolista que ha practicado el más vergonzante absentismo laboral que se recuerda en la historia de este deporte, sin que se le haya pedido ninguna explicación y sin que pase nada. Sin consecuencias para el malandrín y sus secuaces.
Ronaldinho como síntoma de los males del Barça, y el propio Barça como síntoma de los males de Barcelona, de la decadencia de Barcelona y, si me apuran, de Cataluña entera. Laporta, un tipo que ha demostrado una incompetencia palmaria para dirigir una gran sociedad como es el FC Barcelona, se ha revelado en cambio como un virtuoso del oportunismo político más ramplón, un aprendiz de brujo capaz de comprometerse hasta con tres partidos distintos del espectro político catalán. Es evidente que ha tenido o tendrá que traicionar al menos a dos de ellos en el momento procesal oportuno. Ello contando con que a los políticos catalanes les interese ahora fotografiarse al lado de tal dechado de virtudes profesionales y humanas.
[Sigue...]



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