Skyline de Barcelona, hoy

sábado, 24 de mayo de 2008

El gusto y la edad son hoy el factor identitario

Pero si esos problemas se han consolidado en la bonanza, ¿por qué han pasado inadvertidos?

Porque la familia actúa como pantalla de mediación. Hay muchos jóvenes de la clase media cuyos salarios son muy inferiores a los que se supone que necesitarían para pertenecer a ese grupo de ingresos, pero al no emanciparse, disponen de su salario para mantener niveles de consumo "suficientes" y por tanto la apariencia de que siguen siendo clase media, de la que, en realidad, han sido excluidos.

¿Cuáles serán las consecuencias?

Esa ficción no es sostenible en el tiempo. Por primera vez estamos ante un proceso real de movilidad social descendente. Digamos que el relato es: su abuelo tenía un nivel de estudios e ingresos menor que el de su padre, y su padre, menor que el de usted. Pero quienes le sigan, como ya está ocurriendo con los jóvenes, tendrán un nivel de vida menor que el suyo.

¿Afectará a la cohesión territorial?

Bueno, lo primero que hay que tener claro es que los discursos de identidad no son tan fuertes, a efectos de cohesión social, como ocurre también con los que quieren crear categorías en función de la adscripción a una religión.

Nadie lo diría.

Fíjese, cuando se pregunta a los jóvenes cuáles son las categorías que les hacen sentirse identificados con los demás, las primeras son las tres G.

¿Que son…?

La edad (o sea, la generación), los gustos y el género. Y la tendencia histórica de estas variables es ascendente, mientras van perdiendo peso la identificación territorial, y las ideologías. Cuestiones que parecen importantes como la clase, la ideología o la profesión aparecen muy abajo en la lista, y la religión, casi al final.

De la entrevista a José Félix Tezanos, sociólogo, en La Vanguardia

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