Skyline de Barcelona, hoy

jueves, 29 de mayo de 2008

Miravet: del Estatut a la inundación


JOSEP PERNAU
Si Raimon canta que en su país no sabe llover porque pasan de las sequías a las inundaciones sin avisar, significa que hay otros países en los que los dos fenómenos se comportan entre sí de manera respetuosa. Llueve o no, siempre con moderación. Aquí, en cambio, domina un absurdo espíritu de venganza, aunque esta vez veíamos esperanzados cómo la respuesta diluvial pasaba de largo.
Todo cambiaba el martes, cuando el pluviómetro alcanzaba alturas preocupantes. En una población, el agua del Ebre inundaba viviendas y campos de cultivo. Era Miravet, en el Baix Ebre. ¿Miravet? La memoria ha retrocedido y entonces he comprendido que puede haber unas motivaciones políticas que explican por qué allí subió el nivel de las aguas. En Miravet se gestó el nuevo Estatut, en sus cónclaves se diseñó la voluntad nacional de Catalunya y con sus copas se brindó con cava catalán por la reforma, que ha de significar prosperidad para la nación catalana. Con apaños y recosidos, se superó el trámite del Parlamento y ahora ya solo quedan los recursos ante el Tribunal Constitucional.
Pienso que no es casualidad. En todo caso, es una casualidad buscada y conseguida. La ley suprema frente la nación imposible, y el espíritu de Miravet y Montilla y el tripartito en horas bajas, por culpa de la inundación. Entre los dirigentes del PP que se han ido, los que reflexionan si se quedan o se van y los que llevan semanas discutiendo, solo queda un inasequible al desaliento: Alejo Vidal-Quadras.
Estrasburgo es muy aburrido. Reflexiona mucho sobre las calamidades que caerán sobre España si prospera la nación. Por cierto que en la capital alsaciana le han hablado de un señor que huele a azufre y que hace maravillas con el caudal de los ríos.