Skyline de Barcelona, hoy

lunes, 16 de junio de 2008

La enfermiza obsesión de TV3 con España


No sé que les pasa a estos chicos de TV3, que cada vez que han de decir la palabra “España” les sale un sarpullido o sufren un ataque que les altera la conciencia. Ya saben que servidora de ustedes no es un gran seguidor de “La Roja”, y de hecho me regalé una merecida siesta vespertina en vez de pegarme al televisor para ver como Villa y diez más ganaban a Suecia, pero estoy convencido que en la redacción de deportes de la televisión de la Generalitat se producen desmayos entre los comisarios políticos que la pueblan cada vez que España marca un gol.

Ya no es sólo la amplia red de eufemismos que utilizan para no decir “España” en todos los programas de la casa (sólo les falta decir “l’Estat opresor juntament amb el Govern del París del nostre sentiment nacional), es como tratan las informaciones deportivas o políticas que tienen que ver con lo que pasa en el resto del Imperio en el que se pone el Sol desde hace tiempo. Cada vez que leo a algunos propagandistas del pensamiento único catalán que TV3 es una “traidora” porque “españoliza” los Països Catalans me darían ganas de reír sino fuera porque un escalofrío recorre mi cuerpo. Si a estos salvadores de nuestras almas pecadoras les parece que esta cadena pública es demasiado “rojigualda”, no me quiero imaginar lo que harían ellos si tuvieran el control absoluto de los medios de comunicación del país. Un lavado de cerebro sería poco.

En la calle la convivencia es normal. No hay conflicto lingüístico y social, pero algunos han hecho de la mentira de la "opresión nacional" un modus vivendi muy lucrativo. Exigir que la televisión pública catalana, la que pagamos entre todos, se ponga al servicio de una minoría ruidosa que pretende eliminar cualquier vestigio de ligazón sentimental con el resto de España es peligroso. Si la independencia de Cataluña ha de llegar será por el convencimiento de los catalanes en la bondad de este proyecto, no forzando la máquina con una TV3 al servicio de la “causa nacional”.



Sergi Fidalgo