Skyline de Barcelona, hoy

miércoles, 3 de septiembre de 2008

EL CULEBRÓN VENEZOLANO (de la calle Venezuela, claro)

Un momento. Vamos poco a poco. No cesan los correos, las llamadas, las preguntas...

La reentrè de los vendedores, por la
inepcia de unos y otros, se está convirtiendo en un verdadero culebrón venezolano (por el nombre de la calle, que no por otra cosa). Ciertos responsables escasamente avisados (y, menos aún, avispados) han contribuído no poco a crear una situación rocambolesca, en sintonía con la habitual prepotencia e impericia de la banda del vendedor de fertilizantes, también conocido como el bobo con balcón a la calle.

Desde la empresa vendedora, y desde el grupo que mece esa cuna, se mira con incredulidad el desarrollo de los acontecimientos. Cierto que son conscientes de que han dado un pelotazo con la venta de la comercial de crédito, pero no podían imaginar que los pardillos de la compradora fuesen incapaces de gestionar el desembarco, el retorno a la casa grande para muchos, de un equipo de venta a crédito de lo mejor que pueda haber hoy en el mercado español y, por tanto, en el de Catalunya.

¿Que hay una cláusula o un compromiso de apencar (la vendedora) con las reclamaciones judiciales de los componentes de la estructura traspasada, al menos hasta final de noviembre? Aunque nadie, ajeno a la empresa, podía imaginar que las maneras de funcionar de la compradora puediesen resultar tan groseras.

Es lo que tiene la política de eliminación de la gente competente y su substitución por mindundis cuyo único mérito es el lambisconeo y la mala leche. También contribuye a ello el que los directivos y consejeros no entiendan nada del negocio y se fíen ciegamente de los cabos de vara para trabajos tan delicados como son los de motivar y fortalecer las estructuras comerciales. En fin, lo de siempre, desde aquél aciago noviembre de 2003.

Las cotas de desprestigio que éstos impresentables han conseguido para una de las más importantes industrias culturales del país, en los últimos 35 años, son impresionantes. Es que no se trata ya de un mejor o peor manejo empresarial. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse haciendo una opción poco afortunada. Pero, no olvidemos los tres corolarios de Cipolla, cuando el problema es la elección de estúpidos con curriculum para el management de una verdadera industria cultural, la cosa ya es más preocupante.

Un inepto sin malicia, es decir, un estúpido, no puede, él sólo, destruir una empresa con fundamentos sólidos. Pero, lamentablemente, los estúpidos se identifican y se juntan por arte de magia, multiplicándose. El segundo corolario de Cipolla dice:

"Cuando la estupidez de una persona se combina con la estupidez de otras, el impacto crece de manera geométrica --es decir, por multiplicación, no adición, de los factores individuales de estupidez."



¡Átenme esa mosca por el rabo!