Skyline de Barcelona, hoy

jueves, 6 de noviembre de 2008

Interesantes medidas que tienen poco que ver con la crisis


La mayor parte de las medidas que Zapatero ha presentado para afrontar la no crisis tiene poco que ver con ésta pero son las más interesantes. El presidente ha exhibido un botiquín de campaña en el que puede encontrarse de todo: píldoras ICO para aliviar la sequía crediticia; vitaminas VIVE para rejuvenecer el coche; planes de belleza RENOVE para arreglar la casa; cremas para el adelgazamiento de la Administración entre otros ungüentos que pretenden efectos anticíclicos.

Algo había que hacer y al menos estas medicinas no presentan contraindicaciones, a diferencia de las incluidas en la panoplia inicial, que han dado un buen mordisco al superávit público. Me refiero al derroche de los 400 euros, entregados a ricos, pobres y mediopensionistas, pan para hoy y hambre para mañana, que debiera avergonzar a un Gobierno socialista. Es una medida antisocial que en el plano técnico ha sido duramente criticada por los economistas de derechas, de izquierdas y de centro, como puede verse en El Nuevo Lunes de esta semana. Esta "devolución de impuestos" que da un tratamiento igual a los desiguales –una imaginativa formula para el Estado del Bienestar del futuro– priva al Gobierno de 6.000 millones de euros, un billón de pesetas, que hubiera podido aplicar con más equidad y eficacia en lugar de proceder a una selectividad a la inversa.

La supresión del Impuesto del Patrimonio para ricos, pobres o mediopensionistas suprimiendo 1.800 millones de euros de recaudación es algo peor que un error: es un escarnio. El argumento del Gobierno es admirable: suprimimos este impuesto porque los ricos se libran y castiga a los pobres, que son los paganos de siempre. Y añade otra falacia: ya no es necesario como indicio informativo que permita detectar las fuentes de donde manan las rentas. O sea, dicho en cristiano: lo suprime porque es incapaz de impedir la evasión fiscal y nos quiere hacer creer que es innecesario, pues ya lo saben todo sobre los ricos que, al parecer, serán los mismos para siempre jamás. El argumento de que se suprime para proteger al trabajador que tiene como patrimonio la mera vivienda es demagógico; bastaría con elevar el mínimo exento en la cantidad que se estimara conveniente para proteger a la clase obrera y a la mediopensionista: ¿medio millón de euros? ¿Un millón? ¿Tres millones? Cualquier empresario bien ordenado o toda familia prudente está en condiciones de dar lecciones al Gobierno de cómo sacar el máximo provecho de sus ahorros y optimizar los recursos.

Pero como decía antes, en el botiquín de Zapatero, pueden encontrarse otras medicinas interesantes que tienen poco que ver con la crisis, la no crisis, las “dificultades”, los “frenazos” o como quiera llamarlos el presidente. Son problemas que había que abordar con crisis o sin ella, en invierno o en verano, haga frío o calor. En efecto, poco tienen que ver con la coyuntura las privatizaciones parciales por tierra, mar y aire, en Renfe, puertos y AENA y la participación autonómica en sus respectivos consorcios; las rebajas de aranceles de notarios y registradores; cierta desregulación en el ejercicio de otros profesionales; la reforma de la formación profesional; abrir el espacio radioeléctrico a la telefonía móvil de banda ancha; emitir una carta de derechos del cliente de telecomunicaciones, etc. Poco se sabe en concreto de estas medidas pero bienvenidas sean si quitan tapones al mercado, anulan privilegios corporativos y facilitan la vida del ciudadano.

Zapatero aludió también a su propósito de mejorar los servicios poniendo énfasis en el transporte y la comercialización de productos, especialmente los agrarios. Desde que tengo uso de razón he escuchado las quejas de los agricultores referidas a la diferencia irritante que se observa entre los precios en origen y destino. Han pasado los años y las décadas, se han sucedido los gobiernos de derechas y de izquierdas y nadie ha afrontado el escándalo. Es más, me atrevería a decir que este asunto ni siquiera ha sido estudiado. Ahora que nacen como setas los Observatorios, la mayoría fuentes de gasto inútiles, no tengo constancia de que exista uno dedicado a seguir la patata en su itinerario desde el agricultor al consumidor final. Quizás lo único que explique el misterio es que en uno de los pasos del proceso se atrincheran unos señores que imponen precios y se apropian de márgenes abusivos. Me da la impresión de que dicho punto de control y recaudación está en los mercados centrales de las distintas ciudades. Lo más escandaloso es que estos mercas son propiedad del Estado por medio de la empresa pública Mercasa y los distintos ayuntamientos, que ostentan el 51 por ciento de sus respectivos mercados centrales. Una buena tarea para Zapatero, el protector de los pobres.

José García Abad