Skyline de Barcelona, hoy

martes, 4 de noviembre de 2008

La neurociencia descubre cómo se forman las ideas brillantes



Por Ángeles Gómez.

Los sujetos capaces de generar ideas innovadoras son los más buscados por las empresas, y ahora más que nunca, para buscar salidas a la coyuntura económica. Su secreto se esconde en la parte derecha de su cerebro.

No corren buenos tiempos para la economía y, en consecuencia, tampoco para el futuro inmediato de millones de personas. Las medidas adoptadas por gobiernos y autoridades económicas mundiales no consiguen dibujar un panorama esperanzador, al menos a corto plazo. Ahora, más que nunca, son necesarios cerebros capaces de sacarnos de esta crisis. ¿Cómo? Con creatividad e ingenio, dos cualidades para las que hay explicaciones científicas y, en cierta medida, técnicas que ayudan a detectar a los sujetos poseedores de esos atributos.

“La creatividad, como tal, no existe en el cerebro, no se encuentra en un lugar concreto”, advierte el neurofisiólogo Francisco Mora, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y profesor de la Universidad de Iowa. ”Crear significa tener una idea, pero un cerebro no crea nada a menos que esa nueva idea encaje dentro de la cultura en la que vive”, añade. La creatividad comienza con la curiosidad, y “en esta sociedad altamente competitiva, la creatividad se hace cada vez más imperiosa porque es la clave de la innovación. El verdadero transformador de los negocios, la cultura y la ciencia es la innovación.

Los llamados a revolucionar el panorama actual son aquellos individuos capaces de tener ideas brillantes, rompedoras, es decir, ‘momentos eureka’. “La mayoría de las personas resolvemos los problemas mediante un proceso analítico, que requiere una atención focalizada a lo largo del mismo. Sin embargo, en unos pocos predomina el aspecto intuitivo; son los sujetos que llegan a una conclusión pero no pueden explicar cómo lo han hecho. Son los que se quedan mirando a un punto, con una idea rondando en la cabeza y de pronto tienen lo que yo llamo la ‘sacudida luminosa’, el momento eureka”. Éstos son los talentos que buscan las empresas, “son los empleados que parecen distraídos, que fijan la mirada hacia un horizonte imaginario y que de pronto tienen ideas brillantes”.

Sin embargo, el creativo no lo tiene tan fácil en la vida cotidiana, ya que “crear lleva aparejado miedo e inquietud, ya que se mueve en un terreno en el ignora qué va a pasar y a pesar de todo no se deja vencer. Aquí está la clave de los empresario de éxito”.

Instinto de supervivencia
Según el catedrático, mientras que las personas analíticas requieren un foco de atención constante y perseguida, los intuitivos presentan una atención difuminada, están concentrados en todo y en nada. “Los sujetos intuitivos tienen algo de extraordinario. Mediante técnicas de neuroimagen comprobamos que cuando se enfrentan a un problema su hemisferio derecho cerebral, el que trabaja con asociaciones muy distantes en el espacio y en el tiempo, está especialmente activo. En el instante preciso en el que encuentra la solución, el registro pone de manifiesto una inhibición de todas las áreas cerebrales para concentrarse únicamente en lo que está. Desde que el cerebro encuentra la solución hasta que la persona es consciente, apenas transcurren 300 milésimas de segundo”.

Estos últimos hallazgos de la neurociencia todavía no se pueden trasladar a la vida cotidiana, pero sí ayudan a encontrar una explicación científica a la desconfianza de los ciudadanos hacia todas las propuestas para salir de la coyuntura económica. “Hay una falta de transparencia que desencadena el miedo, y éste el mecanismo de supervivencia. Por una parte nos dicen que el sistema bancario español es el más estable del mundo, pero cuando llega el pánico internacional es difícil imponer la calma y se dispara el mecanismo de supervivencia, una reacción emocional que nos empuja a esconder los ahorros en un lugar seguro. La evolución nos protege: primero corre (guarda el dinero) y luego piensas. Eso es el cerebro”, reflexiona Francisco Mora, que ha explicado sus conclusiones en la jornada Cerebro, creatividad e innovación, organizada por la Asociación Madrileña de la Empresa Familiar. “El código es vivir y eso es lo que hacemos ahora: vivir y esperar a que todo pase”.

La mente de los genios
Pocos dudan de la genialidad de Van Gogh, aunque es conocida su agitada salud mental. Existen muchas teorías que establecen un vínculo entre genialidad y locura, como quedó patente en un reciente encuentro de expertos en demencia celebrado en Madrid, y en el que se recordaron los estudios que muestran una relación entre la demencia frontotemporal y el aumento de la capacidad artística. Las lesiones localizadas principalmente en la zona orbitaria de la corteza prefrontal producen desinhibición social e impulsividad que, traducidos al campo de la pintura o la música, suponen una liberación artística hacia obras más expresionistas basadas en recuerdos y sentimientos reprimidos.

Por el contrario, en las demencias degenerativas, como la enfermedad de Alzheimer, se produce un deterioro que conduce al abandono de la producción artística. Aceptando estas teorías, ¿habría que curar a los genios? Los expertos mantienen diferentes criterios, y muchos sostienen que el especialista debe encontrar un término medio, que permita mejorar los síntomas psiquiátricos preservando la originalidad y creatividad del individuo.

Al margen de estas teorías, el catedrático Francisco Mora asegura los genios nacen con la impronta genética, pero “el aprendizaje es aún más importante. Un Mozart en la selva no sería más que un chimpancé, y un Mozart en nuestros días tampoco haría lo que el genial compositor creó en la Viena del siglo XVII”.