Skyline de Barcelona, hoy

martes, 23 de diciembre de 2008

¡Panolis, incautos, bobos!...


La estafa más morbosa jamás contada


Hoy, gracias a mi amiga Gema Martínez y a su extraordinaria capacidad documental y descriptiva, tengo mejor perfilados en la cabeza el genio y la figura de Bernie Madoff, autor de la mayor estafa jamás cometida (hasta hoy, porque ya se sabe que toda maldad es susceptible de ser superada por una mayor perversidad): 50.000 millones de dólares -37.360 millones de euros- que Madoff ha birlado, especialmente, a los ricos y famosos de este perro mundo... Tan guapamente.
Y, verdaderamente, el perfil de Madoff que traza Gemma Martínez podría haber sido una de esas biografías ejemplares que se estudian en las escuelas de negocios si no fuese por el maldito, desastroso y desastrado final: "Nacido hace 70 años en Queens, Nueva York... Con poco más de veinte años y sin formación creo una firma de intermediación con 5.000 dólares que había ganado como vigilante de playas e instalador de aspersores... En la década de los noventa creo una empresa de asesoramiento financiero que ofrecía rentabilidades que oscilaban entre el 8 y el 12 por ciento... Su fundación, The Madoff Family Foundation, le permitió ingresar en el exclusivísimo club Palm Beach Country, que sólo admite a filántropos destacados... Entre sus posesiones se cuenta un dúplex en Manhattan, una casa en primera línea de playa en Palm Beach, una masión en los Hamptons y un yate -"Toro"- de 55 pies de eslora".
En fin: le pones a Madoff la cara de Tom Hanks y tienes una película de humilde triunfador solidario...
Se me dirá que llevamos días y días leyendo, viendo y escuchando retratos al buril -acerado buril- de Bernie Madoff... ¿Qué me pasaba a mí, que no había parado demasiadas mientes en ellos? Confieso: el morbo que siempre llevo dentro -y, a veces, fuera- me impulsaba a interesarme más, mucho más, por los estafados que por el estafador... "A ver a quién ha 'pillao' Madoff", me decía con un ramalazo de envidia vengativa...
No tengo excusa pero, de tenerla, sería la de que los timados por Madoff constituyen un indiscutibles gotha, una dorada aristocracia de los negocios, el cine, la intelectualidad, el deporte, etcétera, etcétera: la Fundación Wunderkinder de Steven Spielberg -y parte del patrimonio personal del director de cine- está bien, pero que bien enganchada; a la Fundación Elie Wiesel, del que fuera Premio Nobel de la Paz, le ha dejado un agujero de 7,6 millones de euros; con cantidades igualmente astronómicas se han quedado colgados de la brocha Mort Zuckerman -empresario inmobiliario y de medios de comunicación-, Carl Saphiro -propietario de un gran grupo textil-, Ferd Wilpon -dueño de los New York Mets-, Norman Braman -idem de los Philadelphia Eagles-, Ezra Merkin -presidente de Gmac-... Etcétera, como digo...
Pero me arrepiento muchísimo, contrita y confesa, de mi morbo, de mi mezquina vocecilla interior que clamaba al leer estas listas: "¡Panolis, incautos, bobos!... ¡Tan acaudalados y poderosos y tan pánfilos!"
Me arrepiento, sí, porque, en esta morbosa historia, los estafados son completamente inocentes - aunque, tal vez, pelín avariciosos; pero el que esté libre de ambición que tire la primera piedra- y, en la estafa, hay un único culpable: Bernie Madoff.