Skyline de Barcelona, hoy

martes, 2 de diciembre de 2008

Zapatero, con el agua al cuello, resucita la ‘aznarmanía’ y arremete contra Aguirre

Federico Quevedo


Hoy va a ser un mal día para el Gobierno: el Inem dará a conocer las cifras de paro registrado del mes de noviembre y, según todos los indicios, van a ser catastróficas, mucho peores que las de octubre, que ya fueron un horror. Alguien ha dicho estos días que a este Gobierno se lo llevará por delante la EPA, igual que a González se lo llevó la combinación de crisis-GAL-corrupción y a Aznar la guerra de Iraq. Cada gobierno tiene su San Benito, y el de éste es haberse convertido en el paladín de la destrucción de empleo. Las encuestas ya están poniendo negro sobre blanco la realidad: Zapatero pierde la confianza de sus votantes, y el PSOE se sitúa por detrás del PP si hoy se celebraran elecciones generales. Luego, cada uno podrá disfrazar el asunto como quiera, pero la verdad es que hacía mucho tiempo que el PP no disfrutaba de unos sondeos tan favorables, y teniendo en cuenta que Aznar ganó en el 96 por tan solo 300.000 votos, no se entienden las prisas de algunos que quieren ver al equipo de Rajoy cien puntos por delante de Rodríguez y su banda. Pero al margen de los desatinos de algunos capaces de vender su alma al diablo para echar a Rajoy, aunque trabajen en la emisora de la Conferencia Episcopal, lo cierto es que la lectura sensata se hace igual en Génova que en Ferraz, y por eso en la sede socialista se encuentran al borde de un ataque de nervios.

Y eso explica, también, un par de asuntos que merecen un comentario. Es evidente que el Gobierno y el PSOE están necesitados de cortinas de humo que impidan ver la realidad, que anestesien la reacción de la sociedad civil ante tanto desaguisado. Alguien, entre Moncloa y Ferraz, debió pensar que lo mejor era resucitar la aznarmanía que andaba dormida en la sociedad española, y que mejor manera de hacerlo que traer de nuevo a la memoria colectiva algún episodio relacionado con el apoyo a Bush, que es otro de los anticristos de nuestra progresía patria. Manos a la obra, han encontrado en algún archivo oculto del Ministerio de Exteriores unos documentos que lo único que hacen es ratificar lo que ya sabíamos y lo que ya utilizó el PSOE en las elecciones municipales de 2003: que hubo vuelos de la CIA con presos talibanes y de Al Qaeda traídos de Afganistán con destino a Guantánamo, que sobrevolaron el espacio aéreo español y que, incluso, en algún caso hicieron escala en Morón y en Rota. De hecho, la última de esas escalas de la que se tiene constancia fue en octubre de 2005 cuando gobernaba un señor llamado… (tic-tac, tic-tac, tic-tac) ¡Rodríguez Zapatero! Premio para el caballero.

Pero da igual. Se trata de demonizar de nuevo a Aznar y así movilizar a ese electorado radical que tanto le gusta a Rodríguez cuando lo necesita. La novedad radica en unos documentos que acreditan lo que ya se sabía y que, además, era lo que estaban haciendo el resto de países europeos integrados en la OTAN. Con el agravante de que la filtración supone una violación de secretos oficiales y, por lo tanto, hunde un poco más la imagen de nuestro país en el lodo de los no-fiables. Pero ya tenemos campañita durante varios días con El País ofreciendo por entregas el culebrón Guantánamo, a ver si así, por Navidad, los españolitos se olvidan de que hay crisis. Con todo, a los que ahora se rasgan las vestiduras en plan hipócrita, habría que recordarles que esos vuelos transportaban prisioneros afganos, es decir, capturados en una guerra en la que participa España y que el actual Gobierno no solo respalda sino que, además, está dispuesto a enviar más tropas si su nuevo tótem del progresismo, Obama, se lo pide. Pero, si esto es deleznable por lo que tiene de oportunismo y de hipocresía, lo que ya es indecente es el otro recurso socialista para tapar la realidad de su nefasta gestión: atacar a Esperanza Aguirre por su actuación en Bombay.

Esto ya es mezquino e indecente, impropio de alguien que quiera considerarse un político serio. El principal protagonista de la mezquindad es Squeeze, aunque otros se han subido de inmediato al carro. En las horas siguientes a los atentados de Bombay pude hablar con algunas de las personas de la delegación madrileña que todavía permanecían en aquel país mientras Aguirre volaba hacia Madrid. Del relato que pude glosar, en ningún momento escuche queja alguna hacia la presidenta y los pocos miembros de su equipo que lograron salir en las horas siguientes en un vuelo hacia España, sino más bien todo lo contrario. Desde el primer momento, la única preocupación de Aguirre fue su gente, y solo cuando vio que era imposible unirse al resto del grupo, se trasladó al aeropuerto. Aún así, me consta que en todo momento le pudo la ansiedad por la situación de los que habían quedado allí. Aguirre demostró en toda esta aventura una entereza envidiable, y quizá sea eso lo que envidian personajillos como Squeeze. Insultar la inteligencia de los ciudadanos pretendiendo ocultar las carencias del Gobierno con estos ataques impropios e indecentes a Aguirre, demuestra una bajeza moral propia de quienes solo han bebido de la pócima del odio y la desvergüenza.