"La palabra manipulación se puede aplicar a multitud de actividades humanas y no provoca ningún recelo. La manipulación de los alimentos está regulada. La manipulación de la seda, del pan, del calzado, están legitimadas por la costumbre. Pero si alguien se atreve con la manipulación del arte, entonces la gente se mosquea. Y la manipulación de la literatura. O eso que mucha gente tiende a denominar literatura, y que no es otra cosa que la industria del libro. Aquellos señores, tan conservadores ellos, que inventaron el premio Nadal, con Ignacio Agustí a la cabeza, fueron capaces de decirle que no a un manipulador de la opinión literaria de España, como era González Ruano, y darle el premio a una chica que sólo conocían en su casa de la calle Balmes, Carmen Laforet.¿Alguien se atrevería ahora a decirles a los manipuladores literarios del grupo Planeta que no le vamos a dar el premio a Maruja Torres, sino a otra que escribe con algo más de talento y que no conoce nadie? Me es indiferente que le den el premio Nadal, el Planeta o el de los Grandes Expresos Europeos, pero lo que me parece una estafa manipuladora es que los diarios lleven días anunciando que el premio es para Maruja Torres, que es a la literatura lo que Marujita Díaz a la canción española, cuando aún tendrían que estar deliberando y leyéndose los manuscritos. Me impresiona siempre la estafa, eso que queda detrás de la manipulación; las decenas de autores decentes que se han quedado de un pasmo y burlados. Y nos hemos acostumbrado a ello como si fuera un gaje del oficio, que es la base sobre la que se construyen todas las manipulaciones. ¿Por qué nuestros amigos tienen el derecho a ser unos chorizos y los adversarios no lo tienen? No lo he entendido nunca."
Gregorio Morán, en La Vanguardia
lunes 12 de enero de 2009
Manipulación, también en los premios literarios
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1 comentarios:
Se me caen los palos del sombrajo viendo a Gregorio Morán clamar contra la manipulación y reclamando decencia en la litertatura… ¡pero si sus incursiones en el libro han sido un modelo de indecencia intelectual! Aunque la reclamación sea oportuna, nadie menos indicado que Morán para hacerla. Habría que recordarle el viejo principio: “médico, cúrate a ti mismo”.
Su penoso libro sobre Ortega recibió las más duras y justas críticas por su carencia de rigor (el rigor es la honestidad de quien comenta un autor o un tema).
Su reciente y lamentable libro sobre Barrett es ya la descojonación de San Apapucio.
Por si alguien no lo ha leído y todavía se cree las “poses” de Morán, ahí tiene los enlaces con las crítica de Francisco Corral y de Guillermo Rendueles, dos buenos conocedores de la obra de Barrett:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=63063
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=62575
Y el comentario publicado en El País de Montevideo por la uruguaya Virginia Martínez (todos los primeros libros de Barrett se publicaron en Montevideo):
BIOGRAFÍA INTEMPESTIVA
Una llamada telefónica descubrió al periodista español Gregorio Morán la existencia de un escritor llamado Rafael Barrett. Una mañana de sábado un amigo le interrumpió el descanso para leerle una brillante página de Barrett que describe cómo la posesión de unas pocas gallinas -pretexto y símbolo en el relato de los males de la propiedad privada- perturbó el alma de un hombre común.
La lectura telefónica tuvo en Morán la fuerza de una revelación que lo impulsó a iniciar un viaje tras las huellas del autor. “Las putas gallinas tuvieron la culpa”, acusa la primera línea de Asombro y búsqueda de Rafael Barrett. El periodista repite la expresión al menos siete veces en las primeras quince páginas de la obra. Barrett le disparó reflexiones que lo llevaron lejos. Mientras escuchaba al amigo en la actitud de “un historiador en trance de cerrar el ciclo del imperio romano”, lo asaltó una duda: “¿Se follarían los romanos a las gallinas?” Las cavilaciones de Morán tomaron luego otros rumbos: “¿Se puede entender por violación el follarse a una gallina? ¡Joder, qué tema!”
No se puede reprochar al periodista haber descubierto tarde al escritor hispano paraguayo ni que, hasta la reveladora llamada, ignorara la historia y ubicación geográfica del país donde, según sus propias palabras, Barrett se volvió un hombre bueno. (Confiesa Morán: “Yo nunca había estado en Sudamérica, apenas sabía dónde caía Paraguay en el viejo mapa del colegio”). Lo inadmisible es que Morán se convierta, de la noche a la mañana y con un trabajo que no ahorra errores ni ligerezas, en su más puro exegeta. Todos quienes se ocuparon de Barrett antes que él merecen desprecio o ironía: le “afectan el trigémino” o le “descomponen las meninges”. Morán la emprende particularmente contra Francisco Corral, autor de El pensamiento cautivo de Rafael Barrett (Siglo XXI, 1994), obra que combina la investigación minuciosa de las buenas biografías con la profundidad y el vuelo de los mejores ensayos. Pues bien, Morán llama a Corral “inefable profesor” y califica el trabajo como “infumable en su prosa y aberrante en su contenido”.
Morán es bien conocido en España por sus “Intempestivas sabatinas”, que publica en La Vanguardia. Cáustico y agudo articulista, pocos temas caen fuera de su interés. Parecería como si, entusiasmado por el ingenio y la originalidad de su columna, hubiera decidido trasladarlos a una empresa que requería otra actitud y competencia. La obra que resulta es flaca en contenido e inadecuada en estilo. Y “el estilo es el hombre”, escribió Barrett.
Virginia Martínez
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