EL RUIDO DE LA CALLE|RAUL DEL POZO
Coches y motoristas llegaron al Palacio de La Zarzuela, al gran lago de la Corte, donde medran los desvergonzados, con un Zapatero sonriente y flaco, recuperado del jet lag y del enfado de las filtraciones. En ese palacio marca las horas el reloj de Thomas Hildeyard, el de los príncipes, con cuatro fachadas y los signos del zodiaco. Como el de arena, encierra en sus espejos la memoria, y marca el polvo, el azar y la nada, la levedad y finitud de la política. Incluso los reyes pasan, pero cuántos gobiernos, cuántos juramentos, cuántas crisis ha visto ya el Rey entre los tapices, en su pecera de nogal. En las últimas semanas, el Gobierno de Zapatero era un reloj sin cuerda, enredado y confuso, con Don Perico sonaca y los demás, agilipollados. Dicen que en la Zarzuela había muchas zarzas, de ahí el nombre, y allí llegó ZP, que había regresado a la madrugada de Estambul con la crisis, con un buey a hombros. Pero el presidente no se enredó, recuperó su sonrisa, se cambió de camisa y apareció ante la nación agitando como un monago el botafumeiro.
Estuvo elegante en la rueda de prensa, haciendo el elogio de la sagacidad periodística, cuando a quien habría que preguntarle es a los cesantes. No lo puedo remediar y lo confieso: no hay nada que me gusta más que ver caer a un Gobierno entre los miaus de los gatos satisfechos que se desinflan. Zapatero nos explicó la teoría de los tres vicepresidentes, intentando convencernos de que ése es el Gobierno para vencer a la crisis. Yo lo veo como un auto-golpe del poliburó, con sus floreros y su jerarca para las nacionalidades. Me cuentan colaboradores del presidente que no es un Gobierno del pleistoceno socialista, como lo ha calificado Pedro J. Cuentan que Trinidad es Nueva Vía a tope, y lo son Corredor, Bibiana y Blanco, además de Angeles González-Sinde, que ni siquiera tiene la papela del PSOE. Están enfurecidos con «el sinvergüenza de Erkoreka», que ha dicho que en este Gobierno solo falta Roldán. No sé si es el Ejecutivo para cruzar el río de las dos eras. Zapatero, que ha recuperado el son, habló de una nueva fortaleza contra la crisis, un cambio de ritmo, una nueva energía. Cinco nuevos ministros de 17, con la estrella galaica, tecnóloga y sargenta de hierro a la que sólo le falta el gorro de piel de loba para ser figura del poliburó. Como en el poema, es una caña de voz y gesto, con el son de ayer.
La edad de la caballería ha pasado y ha llegado la hora de los tecnócratas, de los contables, de las intenciones de voto. La obsesión de Zapatero sigue siendo los atropellados, los desposeídos, los humillados. Tal vez acierte, porque lo verdaderamente nuevo en política es siempre la inteligencia que descubre la injusticia.































































No creo que dejar perder lenguas como el quichua o el aymara (que por cierto, le da mil vueltas en cuanto a perfección al latín o cualquier otra lengua del mundo), o las romances que comentas, tenga que ser asumido como algo inevitable. También hay quien asume como inevitable la extinción de especies, el cambio climático o la desaparición de la vida en la Tierra.
Otro tema distinto, y en eso estamos totalmente de acuerdo, son los usos políticos irresponsables que se puedan hacer de los símbolos por todas las partes, pero creo que debemos ser más inteligentes que la clase política como para no mezclar las cosas y verlo de forma objetiva como he expuesto. La igualdad de oportunidades debe alcanzar también a los patrimonios.
Si durante los pasados siglos, las generaciones hubieran sido más responsables y conscientes de su valor patrimonial y social, ahora tendríamos un Partenón con techo, un Coliseo con suelo o unos budas gigantes de pie en Agfanistan para seguir admirándolos. No veo diferencia alguna entre dichos patrimonios, que a la postre la Humanidad se ha arrepentido lógicamente de haber usado como canteras, y el cultural o lingüístico.
Sociedades avanzadas como las actuales, se supone que 'menos salvajes', deberían ser socialmente más sensibles a todo ello.
Al fin y al cabo, cada quien tiene sus patrimonios o identidades que deben ser respetadas, sin ir más lejos Vicens, siempre me pareció original la manera de escribir tu nombre (que ya no sé si usas, pero vaya, ya me entiendes). Recuerdo como te molestaba que por no corresponder a la norma te lo cambiasen por Vicenç, y siempre lo respeté. Qué menos, yo odio que me cambien el nombre por Javier.
En fin, cada cual tiene sus patrimonios, sin duda desde una perspectiva de la vida en la Tierra es insignificante, pero cuando algo podemos hacer para que no desaparezca, hay que hacerlo, como con cada especie animal amenazada, con cada monumento, libro o lengua... o la capa de ozono o la vida en la Tierra.
Somos menos salvajes que nuestras generaciones pasadas, entonces deberíamos ser más responsables con los patrimonios. Si podemos actuar para cambiar el mundo, debemos hacerlo, estarnos sin hacer nada es lo que nos convertiría en menos personas, menos responsables.
La última vez que estuve en Colombia, me contaban sobre un profesor unviversitario que afirmó en una conferencia que el impacto sobre la generación globa de CO2 del país andino era inferior al 0,1%, y por lo tanto, no valía la pena hacer nada.
En cualquier caso, seguramente en los 'cómos' es donde se equivoca la Humanidad, pero mejor pecar de exceso que de defecto. Es probable que el cambio climático se produciese igualmente, pero está claro desde Bali que la Humanidad como mínimo lo acelera. Habrá quien piense que las medidas anti cambio climático son 'excesivas'... yo creo que son pocas, y que todavía no hay conciencia responsable.
Un abrazo.
8/04/09 0:14