Skyline de Barcelona, hoy

lunes, 31 de agosto de 2009

ETA busca refugio


Las Fuerzas de Seguridad del Estado creen que Nicaragua puede estar convirtiéndose en el nuevo refugio etarra en Iberoamérica, después de que los gobiernos de Violeta Chamorro invirtieran la situación y dieran respuesta a las peticiones de entrega hechas por las autoridades españolas. La vuelta al poder del sandinista Daniel Ortega en 2006 habría permitido a etarras huidos encontrar en suelo nicaragüense la tranquilidad perdida en otros países de la región, como México, plenamente comprometido en una política de cooperación antiterrorista con España. Un ejemplo de esta colaboración del gobierno mejicano fue la reciente expulsión del terrorista Juan Manuel Inciarte Gallardo, detenido en cuanto llegó al aeropuerto de Barajas y puesto a disposición judicial para responder de su implicación en seis asesinatos. La creación de un nuevo santuario en Iberoamérica sería para ETA un apoyo logístico fundamental, precisamente cuando el apoyo internacional a esta banda terrorista ha caído a mínimos históricos, dando paso no sólo a un repudio generalizado de las opiniones públicas, sino también a nuevas políticas compartidas entre España y los países donde los etarras tenían mayor respaldo social e ideológico.
La radicalización evidente del gobierno nicaragüense y su asociación a un movimiento regional de izquierda extremista son datos que deberían tenerse en cuenta como contexto de esta mudanza de terroristas de ETA. Si las FARC, que atacan despiadadamente a una democracia como la de Colombia, cuentan con simpatías e incluso apoyos cada día más explícitos de gobiernos vecinos, no sería extraño que esa simpatía por la violencia terrorista se extendiera también a la banda etarra.
La confirmación de esta nueva estrategia internacional de ETA debería ir seguida de una contundente respuesta del Gobierno español, olvidando sus indulgencias hacia los movimientos populistas de Iberoamérica y exigiendo garantías fiables a Daniel Ortega de que no está dando, por activa o por pasiva, amparo a etarras huidos de la justicia española. El retroceso organizativo de ETA tuvo un hito decisivo cuando los gobiernos europeos dejaron de verla como un «grupo armado» y empezaron a tratarla como un banda terrorista. El desmantelamiento de su frente internacional -ilegalización de Xaki- y la creación de instrumentos jurídicos bilaterales -Acuerdos de Perpiñán, con Francia, en 2001- y multilaterales, como la orden europea de detención y entrega, han reducido a ETA a su condición natural de banda asesina, sin adiciones políticas ni discursos legitimadores. También la mayoría de los gobiernos iberoamericanos, no todos, pasaron de la tolerancia hacia ETA a la cooperación con el Estado español, expulsando a etarras hacia nuestro país, bien por estancia ilegal, bien directamente por extradición.
Hay mucho que perder sólo con que ETA encuentre resguardo en un país como Nicaragua y, desde allí, pueda aprovechar en su beneficio, como un parásito, los cambios políticos que los gobiernos populistas de izquierda están impulsando por la región. El Gobierno de Rodríguez Zapatero está luchando ahora eficazmente contra ETA, con la comunidad internacional a favor. No debe consentir que los etarras se sientan seguros en Nicaragua ni en ningún otro lugar.

YO NO HE SIDO.


Rosa Díez, Portavoz de UPyD

Cuentan que siendo Iñaki Azkuna Consejero de Sanidad del Gobierno Vasco viajó a Madrid acompañado de su Jefa de Gabinete, Begoña Salinas, para asistir a la inauguración de un evento oficial que su Departamento había organizado. Durante el recorrido a pie que realizaron desde su hotel hasta el lugar en el que se celebraba el acto oficial, Begoña Salinas echó a faltar el sobre en el que llevaba una importante cantidad en metálico destinada a sufragar gastos oficiales.

- "Me han robado!", exclamó.
Uno de los escoltas que les acompañaba reaccionó presto: "Por mi lado no ha sido".

Bueno, pues así mismo se podría resumir la reacción del Gobierno de España ante los nuevos y alarmantes datos de nuestra situación económica: "Yo no he sido", sería la conclusión de todo lo expresado en las comparecencias del Ministro de Trabajo, Celestino Gorbacho y del Presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero.

Cuando el jueves conocimos que el PIB ha caído un 4,9% en el segundo trimestre del año, ,,el peor dato de la historia desde que existen estadísticas--, y que en un año se habían perdido 1,36 millones de puestos de trabajo, a Gorbacho no se le ocurrió otra cosa que amenazar a los empresarios con "revisar" todas las bonificaciones e incentivos porque "no surten efectos". Lo cual estaría bien (lo de revisar aquellas medidas que no produzcan efectos positivos) si el Ministro hiciera esa afirmación de forma autocrítica. Porque es su Gabinete el que las ha aprobado y puesto en marcha; y en en la mayor parte de las ocasiones sin ningún tipo de consenso y con duras críticas del sector empresarial y de una buena parte de los partidos políticos del arco parlamentario. Y de USO, que parece ser el único sindicato con autonomía. O sea: yo no he sido.

La segunda escapada Gorbacho sigue la senda de una manifestación realizada por la Vicepresidenta Segunda, Elena Salgado, que nada más asumir su responsabilidad y ante nuevos datos de paro exclamó algo así como que el número de parados demostraba el alto grado de flexibilidad de nuestro mercado laboral. Gorbacho ha insistido en la memez: la destrucción de puestos de trabajo es una "buena prueba" de que el mercado laboral español no es "tan rígido" como se dice. Las declaraciones del Ministro son un auténtico despropósito; máxime cuando todas las instituciones de prestigio tanto nacionales como europeas están recomendando a España que modifique y flexibilice su mercado laboral para poder iniciar sin mayor demora su recuperación económica. ¿Es que cree el Ministro que todos los trabajadores autónomos que han cesado en su actividad laboral o aquellos que se han visto obligados a cerrar su pequeño negocio lo han hecho presionados por el exceso de flexibilidad del mercado? ¿O cree el Ministro que lo hacen para fastidiar las cifras oficiales?

Que diga Gorbacho que: "La gran flexibilidad del mercado laboral español es la que explica que en un año se hayan destruido un millón de empleos", es como para echarse a llorar. ¿ O cree el Ministro de Trabajo que Francia, Alemania y el resto de países que han mantenido cifras positivas de empleo y que ya están dando cifras de crecimiento económico van a mirarnos para hacer las cosas a nuestra manera? Más bien ocurre lo contrario: somos el hazmerreir de Europa. Cuando dentro de unos años se estudie qué hacer para salir de una crisis como esta que atraviesa la economía mundial, España será un ejemplo de lo que no hay que hacer.

Más ridícula si cabe ha sido la aseveración del Ministro en relación con el aguinaldo de agosto de los 420 Euros Dice el Ministro que "no son incompatibles con los subsidios de las comunidades autónomas... el desempleado tiene la oportunidad de elegir". ¿En qué quedamos? ¿Son o no son compatibles?. Porque si hay que elegir una prestación de ayuda u otra, pues es que no son compatibles, Ministro. ¿O es que en Cataluña la compatibilidad es otra cosa? ¿Será eso lo que quieren decir cuando afirman que son un estado independiente pero exigen a la vez que su independencia sea subvencionada por España?

Y luego llegó el Presidente. La palabrería de este hombre no tiene límite. Con total desparpajo ha asegurado que las subidas de impuestos serán "limitadas y temporales". Como lo son todas las leyes y normas, ¿no? Y luego ha seguido soltando frases tan rimbombantes como absurdas. Como por ejemplo que su intención es "preservar y mantener la moderación fiscal" en lo que afecta a las empresas y en lo que se refiere a "la imposición en torno al trabajo". Pues entonces, ¿qué impuestos va a revisar? Si el de sociedades no va a ser (que es la gran asignatura pendiente) y tampoco va a ser eso que él llama "la imposición en torno al trabajo" (o sea, el IRPF), ¿de qué nos habla este hombre? En otro alarde deperspicacia o originalidad, José Luís Rodríguez Zapatero ha considerado que "lo peor de la recesión económica y de la destrucción de empleo ha pasado" pero, advirtió, que aún "quedan por delante meses difíciles" hasta ver la recuperación económica y la vuelta a la creación de puestos de trabajo. A lo que ha añadido que el hecho de que Alemania y Francia hayan vuelto a crecer se debe a que su PIB empezó a caer antes que el nuestro, por lo que "esto (el crecimiento del PIB de ambos países) no supone no significa que la recuperación vaya a ser inmediata" Lo de Francia y Alemania hay que relativizarlo; lo nuestro, que es tan negativo como estructural, no tiene importancia. Vamos, que yo no he sido.

Además valoró el hecho de que los indicadores del sistema financiero, en el que se originó la crisis internacional, "han evolucionado favorablemente y eso ha de representar una base sólida para la recuperación". Se le olvidó comentar la situación de las Cajas de Ahorros en España, parte importantísima de nuestro sistema financiero: la práctica totalidad ellas inmersas en un proceso de fusiones más orientado a mantener el capital político ( o sea, el chiringuito partidario) que a garantizar la rentabilidad económica y social de las mismas. Proceso que nos ha costado unos cuantos miles de millones de euros a todos los españoles; miles de millones que serán distribuidos sin control ni exigencia de rentabilidad alguna, lo que significará una prima para los males gestores; y que se entregarán con un veto autonómico que no tiene otro objetivo que evitar que el califa autonómico de turno se le escape el control de la entidad. Eso es lo que regula el último bodrio diseñado y aprobado por el Gobierno Zapatero; pero una vez más, yo no he sido.

En fin, que esto es lo que hay.


Del blog de Rosa Díez

Para 'los del diálogo' con los asesinos . . .


Saviano dice que ETA es «una banda paramafiosa, que trafica con cocaína»
Roberto Saviano, el autor de Gomorra, hoy en la
Universidad Menéndez Pelayo de Santander /


El autor de "Gomorra", Roberto Saviano, ha dicho hoy que ETA es una banda "paramafiosa, que trafica con cocaína" para financiarse, aunque ha asegurado que esto es "algo que no quiere mostrar", porque al considerarse una organización "moralista", la droga "es un pecado y algo inmoral".
Saviano, que esta semana imparte un curso en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, ha explicado a los periodistas que esta "idea" la ha obtenido de una investigación del departamento antimafia de la Policía italiana en los años noventa, que relaciona a ETA con los clanes mafiosos (Genovesi) de la provincia de Avelino.
En una conferencia de prensa en italiano, con traducción al español, el escritor, que vive escoltado desde 2006 por estar amenazado por la Camorra napolitana, ha explicado que ETA obtiene la droga de las FARC colombianas "para conseguir, a cambio, apoyo y armas de la Camorra italiana".
"Cuando cuento estas cosas aquí en España, no encuentro una referencia", ha añadido Saviano, quien ha insistido en que en España se "tiende a no creer" la relación de ETA con el narcotráfico porque la banda terrorista "se plantea como una organización moralista y ella no acepta, evidentemente, traficar con droga". Para Saviano, la relación entre la mafia y ETA es "un filón a descubrir", de cara a conocer cómo se financia la organización terrorista para controlar "un territorio".
Pasa lo mismo en Afganistán con los talibanes"Es algo que ETA no quiere demostrar y eso es una característica que comparte con las organizaciones mafiosas. Para ellas es un pecado relacionarse con la droga, porque es algo inmoral, pero trafican con ella", ha aseverado. Pero ha aclarado que esta banda terrorista no es la única que "actúa como una organización mafiosa y se justifica como una organización política", ya que ha asegurado que lo mismo pasa en Afganistán con los talibanes.
De hecho, en su intervención en el curso, ha apostillado que los talibanes son "simples traficantes de droga", que utilizan la ley islámica "para motivar que Afganistán está sometido totalmente al cultivo del opio", aunque ha considerado "increíble" que en Occidente cuando se habla de los talibanes "nadie hable de droga".
En el curso, Roberto Saviano ha rechazado que ETA sea como la mafia, ya que al contrario que las bandas del denominado Sistema, la organización terrorista vasca "trabaja siempre muy mal". "No tienen consenso, matan a pequeños policías, matan a inocentes. Aunque actúan como una mafia no son una mafia, no existe otro grupo que le pueda asesinar y actuar de otra forma", ha aclarado.
El escritor se ha referido, también, al blanqueo de dinero de la mafia italiana en España, que ha asegurado que ha "infectado" el país, aunque ha opinado que la Policía española aún no se está ocupando de este asunto. "El día en que en España la Policía se dé cuenta de que el país está totalmente infectado por este lavado de dinero será un mal día", ha afirmado Saviano, que ha estado acompañado en todo momento, y en todos los lugares del Palacio de la Magdalena, sede de la UIMP, por cuatro personas de seguridad.
Roberto Saviano ha asegurado que la idea sobre la cantidad de dinero que blanquea la mafia en España se puede obtener del hecho de que en diez años han sido detenidos en el país diez jefes de esta organización.
Aunque, además, ha denunciado que hay más mafiosos rusos e italianos que "están huidos de la Justicia" y viven sin problemas y con normalidad en España, pero que parecen no ser un problema porque "no han hecho ningún daño aparente". "Cuando decidan matar, España actuará de forma más contundente contra ellos y se conocerá hasta qué punto las organizaciones mafiosas están presentes en este país", ha advertido.

Otoño aterrador

Germán Yanke

La propuesta de subida de impuestos -en un escenario en el que se lanzan globos sonda y se anuncia que todos están en revisión- no supone sólo un problema de desactivación de la actividad económica. Es también un síntoma de algo que cada día parece convertirse en algo más evidente y más grave: la falta de un diagnóstico claro de nuestra situación económica y, en consecuencia, la ausencia de un plan bien pensado y bien ejecutado. Es ya un tópico recordar el largo periodo en el que el Gobierno, en contra de todos los datos disponibles, negaba la crisis y, en consecuencia, la necesidad de prepararse y reaccionar contra ella. Resulto falso pero, en cuanto se reconoció su existencia (como una crisis "global" que nos golpeaba inopinadamente), la doctrina oficial es que estábamos mejor preparados que otros, desde el sistema financiero a los niveles de crecimiento. ¿Para qué iniciar costosas reformas en nuestra economía si los fallos eran sólo foráneos y nos encontraban perfectamente equipados?

La disculpa resultó, más que falsa, una falacia. A estas alturas ya no se puede negar que, además de los efectos de una crisis financiera internacional, padecemos gravísimos problemas estructurales, una alarmante falta de competitividad y un sistema laboral que hace aguas y conduce a un desempleo que no tiene parangón en los países de nuestro entorno. Todavía, pasmosamente, no se ha reconocido todo esto. El Gobierno habla de las reformas estructurales como si fuesen pequeños ajustes demorados para un momento más propicio, de la falta de competitividad como si el sistema productivo se pudiese modificar de la noche a la mañana y por decreto y para el desempleo -como si bastase una caricatura retórica de la socialdemocracia- sólo se ha propuesto la protección social. Esta, además de que no hay modo de sostener el Estado de Bienestar sin crecimiento económico, ha venido acompañada de ataques a la patronal para no cambiar la legislación laboral y de iniciativas improvisadas que hay que modificar a continuación.

Para soportar la parálisis, o para disimularlo de algún modo, el supuesto argumento ha sido que podíamos permitírnoslo. Podíamos antes de reconocer la existencia de la crisis y hemos seguido pudiendo cuando estalló por unos hipotéticos deberes bien hechos que han terminado siendo un fiasco.

Ahora resulta que las arcas públicas están esquilmadas, que el déficit se ha convertido en algo que no ya constituirá una hipoteca para el futuro de los españoles -una previsión que también se negaba-, sino un peso insoportable para el presente. El único recurso anunciado es revisar todos los impuestos y aumentar algunos, previsiblemente el de las rentas más altas. Si la presión fiscal es ya superior a la deseable, este anuncio no consigue, por mucho adorno demagógico que lo envuelva, sino el reconocimiento de que se ha llevado a cabo una política económica irreal y que, por desesperación, ya no se miden las consecuencias nefastas en la actividad económica de una medida como la propuesta.

Este es, desgraciadamente, el panorama económico en el que comienza el curso político. O se da un volantazo urgente o el otoño va a ser aterrador.

Mal en decencia urbana



Una vez más, lo prudente de consultar el diccionario. En esta ocasión, acerca del término «decencia». Hoy por hoy -veremos en la próxima edición-, el DRAE lo define: «Aseo, compostura, y adorno correspondiente a cada persona». También: «Recato, honestidad, modestia». Me parece que sobre todo lo empleamos de acuerdo con la primera de estas definiciones, y aún diría que preferentemente por lo que atañe a «compostura» y «aseo», Pero una cosa es el uso verbal y otra la realidad de la práctica relativa a la palabra. ¿Que por qué digo esto? Pues debido a que por fin nuestro Ayuntamiento parece haberse percatado de que ni aseo ni compostura abundan en todas las calles de la ciudad. Y donde menos brillan por su presencia es desde la Plaza de Cataluña, Ramblas abajo, y también por el Paseo de Gracia. Intérpretes de esta carencia de aseo, de compostura, son sobre todo no pocos de los turistas extranjeros que se han creído lo que ya es casi fama en el resto de Europa: que en Barcelona todo el monte es orégano por que atañe a permisividades; y vienen a comprobarlo, y no pocas veces lo comprueban. Ante las quejas vecinales, por fin el Ayuntamiento ha decidido, según parece..., poner fin al desaliño de tanto guiri que no duda en andar medio desnudo por la calle.
¿Guiris varones tan sólo? Pues no siempre únicamente ellos. Aunque menos osadas, no faltan las que se pasean al borde del nudismo. Y aún del nudismo total. Es lo ocurrido recientemente en Barcelona: una joven rodeada de muchachos amigos, anduvo «in puribus naturalibus» por el Barrio Gótico.
Es posible que la guiri en cuestión estuviese enterada de que el Municipio barcelonés en sus ordenanzas no considera que sea falta o delito andar desnudo por la calle. Alguien la pondría al corriente de que este es el segundo o tercer verano en que un vecino se paseo desnudo por la Diagonal, aunque, esto sí, montado en una bicicleta. Lo he visto. Igual que una tarde veraniega del pasado año vi, como tantos conciudadanos, a un caballero que andaba tranquilamente «in puribus» por la calle de Caspe, frente mismo al Teatro Tívoli. Sin duda estas hazañas de gran civismo deben de haber trascendido al resto de Europa, y en consecuencia...
Pero sí, parece que ahora el Ayuntamiento va a impedir el desaliño inapropiado y público de nuestros visitantes, y puede que también de muchos convecinos. Nada de ir con el torso al aire. Se acabó. Todo sea por la decencia y el decoro públicos. ¡Ya era hora!
Sin embargo, el Ayuntamiento va a caer en flagrante contradicción. ¿Cómo podrá impedir que los varones, guiris o no, se paseen con el torso al aire, si no puede vetar que deambulen totalmente desnudos? O se decide a sancionar el desnudo completo, o hacer la vista gorda ante las expansiones seminudistas de quienes nos honran visitándonos.

Lugar de vacaciones . . .

¡Olé por Ussía!

Carmen GURRUCHAGA


Mi admirado Ussía volvió a lucirse el pasado sábado cuando su artículo apareció con título pero sin texto. Supongo que no fui la única colaboradora de LA RAZON a la que no paró de sonarle el teléfono para comentar la brillantez de la ocurrencia y, en escasos casos, preguntar sobre el motivo por el que aparecía en blanco el lugar en el que habitualmente los lectores hallan un inteligente texto sobre el asunto que se le haya ocurrido tratar al maestro mitad vasco, mitad andaluz. Los mejor informados comentaban la brillantez del escritor al plasmar las ideas de los ministros Salgado y Corbacho para sacar a España de la crisis y frenar el paro. Resultaba una obviedad que el espacio en blanco era sinónimo de cero patatero; es decir, ni una sola idea de cómo abandonar la oscuridad del túnel y encontrar un haz de luz hacia el que dirigir la economía del país. Los menos sagaces y mal informados se cuestionaban la posibilidad de que este periódico, en el que cada uno escribe lo que mejor le parece, hubiera censurado el artículo de Alfonso, dado que el escritor ya había tenido esta desagradable experiencia en otro rotativo de tirada nacional. Evidentemente, estas personas no tenían por qué saber que en LA RAZON no existe censura y que los periodistas escriben lo que creen oportuno, siempre que imperen la verdad y la honestidad. Así pues, ¡felicidades! una vez más, al adorado Ussía.
Una, que evidentemente carece de la maestría e imaginación de la persona a la que hoy quiero homenajear desde este humilde rincón, necesita usar la palabra (muchas palabras) para explicar que tanto la vicepresidenta como el titular de trabajo carecen de soluciones para frenar el tsunami económico que afecta a empresarios, clases medias, «mileuristas», parados de corta o larga duración, pensionistas, jóvenes que no han encontrado su primer empleo, «homeless», desheredados de la fortuna…. Hace dos años, en 2007, cuando empezó el declive económico, el Gobierno lo negó porque tenía encima unas elecciones que quería ganar. Después, persuadido de que la gravedad de la crisis era menor a la real, diseñó medidas para apoyar a los sectores más desfavorecidos, convencido de que las clases medias, que son las que deciden quién gana o pierde unos comicios, aguantaban el tirón. Ahora que no se salva nadie, los responsables económicos del Gobierno aparecen desnortados y tan pronto lanzan una medida como la contraria, lo que acrecienta su falta de credibilidad, pese a que el presidente se ha hartado de decir que la salida de la crisis es cuestión de confianza. La credibilidad no se regala, hay que ganársela día a día ofreciendo medidas sólidas, coherentes y fructíferas. No sirve decir que va a haber una reducción de 400 euros en el IRPF y después recortarla, o anunciar 420 euros a los parados de larga duración para negarla más tarde. Una situación como la que vivimos no se supera con titulares de prensa carentes de contenido; tampoco esperando que los motores habituales de la economía, EE UU, Francia o Alemania, tiren de la nuestra. Hay que coger el toro por los cuernos, asumir ante la ciudadanía que estamos mucho peor que la media de nuestro entorno y pedir sangre, sudor y lágrimas. En caso contrario, cada vez estaremos más inmersos en el pozo, sin ver la luz.

La moción



Entre sus numerosas aportaciones a la política creativa, Zapatero puede lograr convertirse en el primer presidente que se plantea a sí mismo una moción no de confianza sino de censura. Porque eso es lo que va a acabar resultando el debate de los Presupuestos de 2009 con su aparejada subida de impuestos «a los ricos» y demás gentes de mal vivir sospechosas de ganar más de 50.000 euros al año gracias a su preparación académica, su competencia profesional o su espíritu emprendedor. Los culpables de la crisis, vaya, a los que el Gobierno ha decidido exprimir un poco más para pagar una política de despilfarro que en cualquier empresa costaría el puesto a los directivos que se atreviesen a sostenerla en plena recesión. Pues bien: esa subida fiscal, tantas veces negada y desmentida por un gobernante sin palabra, va a ser el desfiladero político que el zapaterismo va a tener que atravesar para asomarse a su ansiada presidencia semestral de la Unión Europea.
Para cruzarlo, que lo cruzará, tendrá que reunir una coalición antiburguesa. Una alianza de radicales nacionalistas y de izquierda que le enfrentará decisivamente a las clases medias sobre las que quiere descargar el coste de la crisis que no supo prever ni sabe gestionar. Es improbable que el PNV y CiU, partidos de clara tradición mesocrática y mercantil, estén dispuestos a apoyar una vuelta de tuerca dirigida contra sus bases sociológicas, y más después de haber sido desalojados de los poderes territoriales que dan sentido a su existencia. Zapatero tendrá que echarse en brazos de Izquierda Unida, de ERC, de Navarra Bye y del Bloque gallego: lo mejorcito de cada casa. Y con el respaldo callejero de los sindicatos se retratará como el líder de un socialismo populista y venezolano, desconectado de la socialdemocracia moderada y alejado de los sectores más dinámicos de la sociedad española.
Con el Gobierno lanzado por la pendiente de la demagogia, el Partido Popular va a verse obligado a pasar de simple oposición a alternativa de poder. El acoso a la clase media y su contumaz señalamiento como pagana de los errores gubernamentales otorga al centro-derecha una oportunidad esencial para comenzar a tejer una mayoría social de cambio. El principal inconveniente que va a encontrar es la renuencia de unos nacionalistas resentidos por la negativa del PP a aceptar la diáspora autonómica propiciada por Zapatero -siempre el problema territorial enquistado incluso en el socioeconómico-, pero tampoco nunca en los últimos cinco años han estado tan distanciados del PSOE. Por eso la moción encubierta de los Presupuestos va a medir y contrastar el liderazgo alternativo de Rajoy. Y eso no pasa sólo por denunciar los incumplimientos presidenciales, ni la catastrófica deriva de una política inane: tiene que demostrar que hay otra política posible y mejor, y que él la sabe, la tiene... y puede mostrarla.

El fútbol es lo que parece



En mayor o menor medida, el deporte siempre ha llamado la atención de filósofos, sociólogos y psicólogos. Por ceñirnos a la época contemporánea, la filosofía alemana de la primera mitad del siglo XX quizá fue la primera en percibir la importancia que el deporte iba cobrando día a día. Si Max Scheler llamaba la atención sobre «ese poderoso fenómeno supranacional de la época actual que ha crecido inconmensurablemente en magnitud y aprecio», Norbert Elias preguntaba cómo «explicar que un entretenimiento inglés denominado sport pudiera servir como modelo del ocio a escala mundial». Por su parte, Theodor Adorno y Jürgen Habermas relacionaban la práctica del deporte con la aparición del tiempo libre en una sociedad capitalista que necesitaba ocupar el ocio de los trabajadores. Para la psicología y la etología austriacas, el deporte reprimía y desviaba la actividad sexual de la juventud (Sigmund Freud) o sublimaba los instintos agresivos del ser humano (Konrad Lorenz). Finalmente, José Ortega y Gasset avanzaba que la existencia del hombre-masa giraría en torno al deporte.
Tan prometedoras intenciones -el llamar la atención de unos y otros pensadores sobre el deporte- se tradujeron en dos maneras de entender el hecho deportivo: la higienista y la disciplinaria. La hipótesis higienista -auspiciada por Pierre de Coubertin y, en cierta manera, por un José Ortega y Gasset que probablemente encuentra su inspiración en Aristóteles- concibe el deporte como cultivo y mejora del cuerpo, como un ejercicio de superación individual y moral, como la búsqueda de la convivencia entre los hombres, los pueblos y las culturas. La versión higienista radical sostiene que el deporte puede ser un buen instrumento en la consecución de la paz y la fraternidad universales. La hipótesis higienista -el deporte como resumen y compendio de virtudes sin límite, el deporte como ética del ganador y el perdedor- tiene su reverso en la hipótesis disciplinaria. Para dicha hipótesis -un poco de teoría crítica a la manera de Theodor Adorno, una buena dosis de la teoría marxista del aparato ideológico de Estado, unas gotas de psicología freudiana-, el deporte disciplina la sociedad gracias a determinados valores que le son inherentes: el trabajo, el esfuerzo, la superación, la competencia, la producción, el objetivo, la organización, la disciplina, la sumisión, el triunfo, el éxito. Unos valores que, precisamente, son los que necesita el orden capitalista establecido para consolidarse. Hay, incluso, quien ha visto en el fútbol -el portero, el defensa, el centrocampista y el delantero- el resumen y compendio de estos valores. La versión disciplinaria radical afirma que el deporte responde a las necesidades de una civilización técnica y totalitaria que precisa embrutecer al ciudadano. Y afirma también, a la manera de Marx, que el deporte es una suerte de diazepam ideológico que aliena a los ciudadanos disimulando y escondiendo los problemas reales y proponiendo satisfacciones ilusorias.
Llegados a este punto, resulta ineludible formular la pregunta: ¿qué hipótesis -la higienista o la disciplinaria- cabe contemplar como plausible? Ni la una, ni la otra. El deporte del siglo XXI, por decirlo a la manera de Karl Popper, está falsando las conjeturas de unos y otros (sin descartar que algo pueda quedar de unos y otros). Y es que el deporte no es lo que dicen unos intérpretes ideológicamente sesgados, sino que es lo que parece. Lo que se observa. Tomemos el fútbol como ejemplo. Como paradigma. Más allá del rectángulo de juego, el fútbol es lo que parece. Es decir, la prueba de un mundo globalizado en que las mercancías traspasan fronteras, un negocio que busca dividendos, la expresión y afirmación de una identidad colectiva, una terapia para superar determinados conflictos.
El fútbol es la prueba de un mundo globalizado, porque él mismo se ha convertido en una mercancía que, con la impagable ayuda de la televisión -¿un caso de teleadicción?-, está colonizando el mundo entero. Y no es exagerado hablar de colonialismo si tenemos en cuenta que la FIFA mantiene una relación casi colonial con las federaciones del Tercer Mundo y que los países del Norte importan jugadores del Sur y exportan giras de clubes, futbolistas en declive, entrenadores, tácticas y gadgets diversos muchos de ellos fabricados, por cierto, en el Sur. El fútbol es un negocio que busca dividendos al gestionarse empresarialmente, negociar y renegociar contratos al alza o a la baja según sea la coyuntura, realizar fichajes estrella con la intención de obtener réditos deportivos y extradeportivos, endeudarse, cotizar en bolsa, vender derechos televisivos, convertir el estadio en una suerte de parque temático para rentabilizarlo más y mejor, patrocinar buenas causas, usar y abusar del merchandising, explorar nuevos mercados para la exportación. El fútbol es la expresión y afirmación de una identidad colectiva que se manifiesta exaltando lo propio en el estadio, consagrando las selecciones y los héroes nacionales. Por cierto, en este combate entre naciones -los comportamientos colectivos multiplican las desmesuras individuales- ha habido más de una denominada «guerra del fútbol». Sin por ello rizar el rizo, la identidad de un pueblo puede percibirse también a la contra del fútbol. En los Estados Unidos, por ejemplo. ¿Por qué -a pesar de las campañas impulsoras- el fútbol no cuaja en los Estados Unidos? Porque allí el fútbol se considera un deporte de emigrados, porque el norteamericano echa en falta en el fútbol cosas como la espectacularidad del placaje o el touchdown, porque en el fútbol pasan pocas cosas durante largos períodos de tiempo y hay demasiados empates. Tan es así, que una de las formas de integración de los emigrantes en la nación estadounidense pasa por la adopción de deportes nacionales como el béisbol o el fútbol americano. Prosigamos. El fútbol es una terapia -bálsamo o placebo- que permite apaciguar determinadas frustraciones individuales y sociales -con sus correspondientes pulsiones agresivas cuando existen- por medio de una serie de comportamientos afirmativos como gritos, insultos, cánticos y desfiles que exaltan lo propio y denostan lo ajeno. La versión patológica de este comportamiento lo ejemplifica un vandalismo metropolitano -autista, sin contenido ni justificación- que expresa las tendencias nihilistas y autodestructivas del ser humano así como el afán de notoriedad de quien sólo existe en la medida que destruye.
Se ha dicho que el fútbol -el deporte, si se prefiere- es una metáfora de nuestro tiempo. Sea. Y, al parecer, hay mucha gente que no puede vivir sin él. Lo escribió hace un tiempo el novelista Luis Landero: «Acaba la Liga y las tardes del domingo adquieren la misma desolación existencial que tuvieron en nuestra adolescencia, cuando todavía no habíamos descubierto los carruseles de la radio, con griterío de conexiones urgentes entre anuncios de brandis i de cacaos, y uno se dedicaba a navegar a la deriva por el barrio». El fútbol -el deporte- moviliza gente, energías, emociones, dinero y papel. Y no es una casualidad que la FIFA reúna en su seno a más países que la ONU. Bill Shankly, manager del Liverpool, quizá tuviera razón cuando dijo que «el fútbol no es asunto de vida o muerte... ¡es mucho más importante que eso!». El fútbol es lo que parece. La vida en directo. Para bien y para mal.

Vuelta a casa . . .

Cataluña pierde imagen en Europa


En el último año, tres diarios ingleses y uno francés se han hecho eco del debilitamiento económico y político de España supuestamente causado por la presión nacionalista catalana. El Gobierno atribuye esa visión al «contagio» de la prensa madrileña

Para la prensa extranjera, Barcelona siempre ha sido sinónimo de Gaudí y del Barça, mientras que, de un tiempo a esta parte, Cataluña significa independentismo y, en algunos casos, radicalidad.

En el último año, coincidiendo con el complejo desarrollo del Estatut, cuatro publicaciones extranjeras se han hecho eco de las consecuencias, a su juicio negativas, de la presión nacionalista que ejerce Cataluña en el Gobierno español. Y, en algunos casos, incluso se culpa al separatismo del debilitamiento económico y político del país. El diario francés «Libération» ha sido el último en sumarse a esa visión rupturista de Cataluña en un artículo, firmado por su corresponsal en Madrid: «¡Aviso de ciclón político en Cataluña y, por extensión en toda España y en la estabilidad del Gobierno Zapatero!», reza el encabezamiento de esta crónica, según la cual, «la mayoría de las formaciones de esta rica y turbulenta región del nordeste del país están en pie de guerra» ante la posibilidad de que el Tribunal Constitucional (TC) recorte el Estatuto.
La «grandeur» francesa entiende poco de nacionalismos internos -la causa bretona es una anécdota para el Gobierno galo-, mientras que a la prensa británica, dada la experiencia irlandesa y escocesa, cabría presuponerle un análisis más profundo de la causa identitaria. Pero son precisamente tres diarios del Reino Unido los que más críticos han sido con la evolución del Estado autonómico.

En el pasado mes de abril, el diario «Financial Times» publicaba un artículo en el que se denunciaba que las «lenguas y dialectos» y la «burocracia extra» que «imponen» Cataluña, el País Vasco y Galicia son un «inconveniente» para los inversores. Asimismo, cuestionaba la excesiva autonomía de los «gobiernos regionales».

Otro rotativo anglosajón, «The Daily Telegraph», abordó el pasado mes de junio el aumento del independentismo en Cataluña en un artículo acompañado de una llamativa foto en la que aparecía un encapuchado quemando una bandera española.

Pero el pionero en este tipo de reportajes fue el semanario «The Economist», que en agosto de 2008, alertaba del «dogmatismo lingüístico» catalán y advertía de que el Estado de las autonomías «había ido demasiado lejos». En esta ocasión la reacción institucional fue inmediata, ya que la pieza dio lugar a una protesta formal del Gobierno catalán, quien culpó a los corresponsales extranjeros de dejarse influir por la prensa madrileña.

Más recientemente, «The Economist» ha comparado el acuerdo de financiación con «Alice in Zapateroland», donde «hay regiones que, como Cataluña, ganan más que otras». Según el periodista, «las últimas reglas de financiación son, en gran medida, un resultado del Estatuto de Cataluña».

Turismo gastronómico


Rossend Domènech
A principios de los años 80 aparecieron en Italia los primeros itinerarios gastronómicos. Sucedió en el norte y ofrecían periplos sobre quesos y vinos. No los organizaron las autoridades sino los productores, a partir de sus tradiciones y materias primas autóctonas. Casi 30 años después, los itinerarios gastronómicos se han multiplicado: los hay de vinos, quesos de vaca, de cordero o de cabra y también de aceites, pistachos, butifarras, turrones, mieles, hierbas, aguardientes...
Los nueve millones de euros que el Gobierno de España ha puesto sobre la mesa para promocionar el turismo gastronómico son un empujón positivo, a condición de que se ofrezca gastronomía auténtica del lugar. Quedaría feo que en los alrededores de Vic propusieran quesos artesanales elaborados con pasta base de Holanda (como se hace), en Santa Pau platos de judías híbridas de Wisconsin (como se venden) o en Sant Hilari Sacalm patatas de Galicia que en realidad proceden de una multinacional (como sucede). Un turismo de calidad exige una gastronomía seria. Si no sería un engaño de breve duración.

Síndrome postvacacional

Limitado y temporal

José María MARCO

Limitada y temporal. Así ha descrito Rodríguez Zapatero, en su primera rueda de prensa de este curso, la subida de impuestos con la que intentará parchear el déficit. Aplicada a una medida cualquiera, la expresión quiere transmitir algo de aquel talante con el que se presentó al electorado. Aplicada a esta medida en concreto, querrá contrarrestar el impacto que va a tener en los votantes socialistas, sin duda entre los más tocados por el afán recaudador del Gobierno. Aplicada a la política fiscal, es una frivolidad. Por naturaleza, la política fiscal es de largo alcance y cualquier decisión que se toma en este campo tiene repercusiones prolongadas y profundas en la vida de los españoles. Afectará a cada contribuyente en particular y afectará además a las perspectivas de inversión, que se reducirán, y por tanto a la riqueza general, que caerá. No menguará, en cambio, la dimensión del Gobierno. Elena Salgado, la perfecta burócrata, ya se ha inventado una nueva «subdirección general» para coordinar las medidas extraordinarias –en tiempos de Stalin no lo habrían dicho mejor–, lo que supondrá un nuevo gasto que no será, téngalo usted por seguro, ni limitado ni temporal. Pero eso es lo de menos. En realidad, lo de «limitado y temporal» dibuja un autorretrato de la política de Rodríguez Zapatero. No es sólo que gobierne a golpe de medidas «limitadas y temporales», incluso en asuntos tan serios como éste. Es que ésa es la esencia de su proyecto político. Que todo sea «limitado y temporal», relativo, provisional e indoloro: la subida de impuestos, la prosperidad, los compromisos, la nación, la Constitución, el trabajo… La vida misma lo es, al fin y al cabo. Marx constató que todo lo sólido empezaba a desvanecerse en el aire. A Marx no le gustaba aquello. A Rodríguez Zapatero, postmoderno militante, sí. Es el rostro aparentemente inofensivo, «temporal y limitado», de una política letal. Con un poco de ayuda, incluso puede resultar autodestructiva.

Incógnitas despejadas

La paciencia


Javier Sánchez de Dios, en El Faro de Vigo


Así pues, y aunque pueda opinarse de otro modo, resulta interesante la idea del señor presidente de la Xunta de esperar a ver qué decide el Trinunal Constitucional sobre el de Cataluña antes de reabrir aquí el melón de la reforma del Estatuto. Y no por una razón de dependencia sino por otra de inteligencia política, cualidad ésta que suele ir acompañada de dos virtudes: la prudencia y la paciencia que, aún no siendo teologales, ayudan mucho.
Hecho ese introito podría añadirse -y así lo han hecho los varios exégetas del señor Núñez Feijóo- que el fallo del Alto Tribunal despejará algunas de las dudas que impidieron cerrar con éxito el anterior intento y, por ello, facilitaría el siguiente. Sobre todo, claro, las que se referían a la definición de Galicia como nación, antiguo Reino, Comunidad histórica o alguna de las otras que se plantearon buscando lo que al final no hubo: un grado de generosidad bastante para lograr el consenso o, como mínimo y para evitar retrasos, mayoría parlamentaria suficiente.
A partir de ahí procede añadir que la cuestión identitaria, con ser básica, no es la única que podría fijarse a la luz de la decisión judicial. Hay también otras que, discutidas aquí por el PP, forman parte del recurso catalán sobre el que ha de pronunciarse el Constitucional, desde las relaciones con el Estado a la polémica lingüística. Y como la sentencia del Constitucional fijará, se supone, los límites y los modos, el beneficio de la claridad también alcanzará a Galicia. De ahí que la paciencia pueda ser otra vez la madre de la ciencia.
Es cierto, desde luego, que el retraso -como ha dicho el secretario general del PSdeG, puede perjudicar a los intereses gallegos, sobre todo en asuntos de finanzas. Otras Comunidades, con su reforma estatutaria conclusa, cuentan con mecanismos que les dan ventaja, y por tanto no conviene perder más tiempo aquí para que la brecha no se agrande. Pero también en eso suena mejor la prudencia de don Alberto que la urgencia del señor Vázquez, desafortunado en su acusación de que esta Xunta quiere otro Estatuto catalán cuando ya repitió que como lo quiere es gallego y no inferior.
Ha estado bien, en eso, el señor presidente, como ha dicho bien en este periódico algunas otras cosas, lo que demuestra que el descanso estival, aunque corto, le ha servido para cargar las pilas. Y falta le hará, porque sus rivales no le darán tregua y algunos de sus compañeros algún que otro disgusto. Pero lo que sea, sonará.
¿No?

Cuando las vacas coman uvas . . .

La crisis llega a la Diada: EL 'PRECIO' DE LA FIESTA PATRIA

El Parlament anula la tradicional recepción en la Ciutadella para ahorrar 35.000 euros




Diada de l'Onze de Setembre 2008



IÑAKI ELLAKURÍA
La celebración del Onze de Setembre, Diada Nacional de Catalunya, pese a su carga simbólica, tampoco escapa de los efectos de la crisis económica. Apretarse el cinturón, dar ejemplo de contención en el gasto y evitar actos ostentosos es uno de los objetivos del Gobierno de Catalunya y el Parlament para este año.

Austeridad es la palabra en boga. Y austera será la jornada preparada por la Cámara catalana: la tradicional recepción en los jardines del parque de la Ciutadella el 10 de septiembre, que en ediciones anteriores lograba congregar - canapé mediante-a cientos de representantes del mundo político, la sociedad civil, económica y cultural de Catalunya, será sustituida en esta ocasión por un "acto solemne" de homenaje al ex president Francesc Macià, de cuyo nacimiento se cumplen 150 años.

Una medida acordada entre el presidente de la Generalitat, José Montilla, y el presidente del Parlament, Ernest Benach, con el que la Cámara catalana prevé ahorrar unos 35.000 euros. Con esta decisión, además, se tratará de enviar al baúl de los recuerdos algunas de las polémicas del pasado año político suscitadas en torno al gasto de los representantes del Parlament, como fue la inversión de 20.000 euros en el tuneado del coche oficial de Benach o la controversia por sus viajes al extranjero.

Pese a la buscada austeridad en el acto de recuerdo de Macià, en el que se emitirá un documental con imágenes inéditas del político republicano, este no perderá la solemnidad. Así, los tres últimos presidentes de la Generalitat, Pasqual Maragall, Jordi Pujol y José Montilla - este es el orden protocolario que les han designado-,además de Benach ofrecerán un breve discurso.

Este acto costará, según fuentes del Parlament, unos 14.000 euros, frente a los 49.000 euros de la recepción del pasado año. La que no sufrirá recortes ni modificaciones será la fiesta ciudadana de la Diada en el paseo de los Til · lers.

El pasado julio, el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, también anunció su decisión de suprimir la recepción de la Mercè, en el palacete Albéniz, para eliminar gastos debido a la crisis.

Buen gobierno


-TODOS LOS CARGOS, DEL PARTIDO Y DEL GOBIERNO, NOMBRADOS POR MI, ME DICEN QUE GOBIERNO BIEN.

Falta crédito

EDITORIAL DE EL PAÍS


La debilidad política del Gobierno condiciona la búsqueda de salidas de la recesión


El nuevo curso político comienza como terminó el viejo: en un ambiente de bronca permanente entre los dos grandes partidos, cuando mayor es la necesidad de medidas consensuadas que devuelvan la confianza. Y con un Gobierno muy debilitado, según las encuestas. Y sin aliados claros ni mucha posibilidad de reclutarlos, como en el pasado, a base de contraprestaciones con cargo a los Presupuestos. La crisis está siendo en España más profunda y de más lenta salida que en otros países. También fue mayor el crecimiento y la creación de empleo en la fase expansiva. Ése era el objetivo a mediados de los noventa: un crecimiento capaz de absorber un paro que doblaba la media europea. Se consiguió con un modelo productivo basado en sectores intensivos en empleo, con la construcción a la cabeza. Precariedad laboral e inmigración, con bajos salarios, alimentaron ese crecimiento; y el empleo dinamizó a su vez el consumo.

La otra cara de ese modelo era la pérdida de productividad, como había alertado Zapatero en vísperas de su primera victoria, en 2004. Pero la euforia del crecimiento hizo que el asunto pasase luego a segundo plano. Ahora, la crisis de ese modelo, con la pérdida de 1,3 millones de puestos de trabajo en un año, lo ha devuelto a los discursos. Pero la gravedad de esa cifra obliga a plantear medidas de emergencia, defensivas, en parte contradictorias con el objetivo de cambio de modelo: inversiones cuantiosas para sostener artificialmente empleos poco cualificados, y reforzamiento de la protección de los parados, lo que contribuye a aumentar el déficit público.

Zapatero se refirió el viernes a dos instrumentos para estimular la recuperación: la proyectada Ley de Economía Sostenible, que tiene que ver con el discurso del cambio de modelo; y los Presupuestos. Sobre esa futura ley, desconocida todavía, hace poco se supo que desde La Moncloa se habían pedido ideas a los ministerios para llenarla de contenido, lo que indica que no lo tenía; y lo adelantado el viernes por el presidente es un catálogo de lo repetido año tras año: esfuerzo en educación, inversión en I+D, simplificación administrativa. ¿Por qué debemos creer que ahora va en serio?

Los Presupuestos serán el marco para decidir qué política fiscal se va a aplicar. Admitió Zapatero que habrá subidas de impuestos, pero no reveló su alcance. Entre otras cosas porque está condicionado por las alternativas en materia de alianzas. CiU ha dicho que no apoyará unas cuentas con subidas tributarias; al revés que los posibles socios de izquierda, los más probables. El PNV, principal aliado hace un año, insinúa la posibilidad de negociar su apoyo a cambio de contrapartidas para Euskadi; pero ahora quien las capitalizaría sería Patxi López, lo que resta posibilidades a un nuevo arreglo.

Zapatero propone reiniciar el diálogo social, pero su ministro de Trabajo ya ha condicionado cualquier acuerdo a que la patronal "abandone su intransigencia". El propio Zapatero no parece muy convencido de que sea posible el pacto, pero tampoco se le ve muy dispuesto a actuar sin el aval sindical. Las medidas que hasta ahora ha adoptado han sido paliativas, como la de los 420 euros. Esto es un síntoma de la debilidad del Gobierno, que no puede arriesgarse a perder la legitimidad que le otorgan los sindicatos. Esa misma debilidad es un obstáculo para acuerdos con la oposición en torno a la educación o la política energética, como propuso Zapatero, pero también sobre la reforma de la justicia, por ejemplo. Porque podrían comprometer los apoyos de la izquierda y los sindicatos. Y porque el PP tampoco parece muy interesado: prefiere que el paro abrase a Zapatero. De ahí el escepticismo de la opinión pública ante lo que la política pueda hacer contra la recesión y sobre las capacidades de este Gobierno para llevar adelante semejante tarea.

domingo, 30 de agosto de 2009

Ésos son otros Pérez


Maite Nolla



Desde que en esta casa me publican con cariño los artículos que les mando con amor, yo no sé la de veces que mis compañeros de cuadrícula y yo hemos tenido que analizar no sé cuántas amenazas de ruptura entre la minoría nacionalista que gobierna en Cataluña y el resto de España. Me gustaría decirles que ni todos los catalanes somos así, ni los que permanentemente pretenden poner en jaque al sistema son mayoría. Pero el socialismo catalán, que ni es nacionalista ni necesitaría serlo para gobernar, ha perpetrado el mayor ataque a la España constitucional y a nuestro ordenamiento jurídico en años. Digo que no es nacionalista, aunque se comporten como si lo fueran, porque no acepto a Maravillas Rojo y a Montilla como animales de compañía, por más que se pongan.

Pero el caso es que el socialismo catalán –y a su rebufo los demás– pretende que si el estatuto no casa con el ordenamiento jurídico se cambie el ordenamiento jurídico. Se lo dije la semana pasada, medio en broma, y la señora Tura me ha tomado la palabra. Lo que me faltaba: dar ideas.

Y no es que tenga fijación, pero me chiflan las reacciones del socialismo catalán ante la sentencia que, de momento, no existe. De repente, ellos consideran que los socialistas españoles son otros Pérez, y piden un grupo propio, la ruptura, el Apocalipsis y hasta un gobierno de coalición con el PSOE. Nos conocemos todos y en las ciudades pequeñas más. Se lo pregunto por segunda vez: ¿va la señora Cunillera, doña Tere, a dimitir de la vicepresidencia del Congreso si el Constitucional recorta –horrorosa expresión– el Estatut? ¿Se va usted de vuelta al escaño a aplaudir, doña Tere? ¿Maravillas Rojo nos va a hacer un favor y va a dimitir como secretaria de Estado de Trabajo? ¿Se vuelve Carmen Chacón a Esplugas de concejala? Ya se lo digo yo: no.

Y a los que tampoco entiendo en absoluto son a los del PP de Cataluña. Si los rumores son ciertos, la sentencia será coincidente en mucho con los motivos del recurso del PP. Es decir, si no lo entiendo yo mal, el PP va a conseguir una victoria política sin precedentes. Va a conseguir que el sistema legal español impida que se aplique una norma inconstitucional que iba a condicionar la política en toda España. Bravo, por ustedes; por Soraya y por Trillo, que, si no recuerdo mal, fueron los que sellaron la copia. Es más, el PP estaría más que legitimado para pedir cuentas y la dimisión de aquellos que aprobaron una ley inconstitucional y que engañaron al electorado en aquel referéndum, empezando por Zapatero. Podrán decir bien alto y con orgullo que tenían razón cuando pidieron el "no" hace tres años. Y todo ello, sin entrar en los motivos de oportunidad política.

En cambio, como recordaba Álvaro Vermoet esta semana –sacando de quicio al director de La Razón, para diversión del personal, la señora Camacho ya ha dicho que en su campaña no se va a hablar de sentencias. ¿Cómo si nos diera vergüenza? Exacto. El caso es que después de muchas pruebas, el PPC ha decidido aplicar el principio de Maurice Minnifield, el entrañable astronauta millonario y déspota de Doctor en Alaska: ya es hora de que esta vaca nos dé leche a nosotros también.

En Vilanova i la Geltrú, precisamente

Subir impuestos a los ricos


Juan Francisco Martín Seco

El ministro de Fomento afirmó la semana pasada que el Ejecutivo baraja una subida de impuestos a las rentas altas para garantizar los gastos sociales. No seré yo el que mantenga que no se deban subir los impuestos a los ricos. Nuestro sistema fiscal lleva más de veinte años sufriendo contrarreformas; en especial, las dos acometidas por los gobiernos del PP. El sistema tributario ha perdido así progresividad y suficiencia. Durante años nos vendieron el cuento de que las rebajas no iban a menoscabar la recaudación. El crecimiento económico ocultaba el impacto sobre ella, pero ha bastado que el ciclo cambiase para que apareciera de forma clara la reducción en el potencial recaudatorio. El considerable aumento del déficit público no proviene tanto del incremento de los gastos como de la minoración de los ingresos.

CiU, fiel a su clientela y a su trayectoria, se ha apresurado a indicar que si el Gobierno sube los impuestos no podrá contar con su apoyo para ninguna votación en el Congreso. No sorprende su actitud. A lo largo de todo este tiempo de democracia sería difícil afirmar en qué tarea ha puesto más empeño: si en chantajear al gobierno de turno para obtener prebendas para Cataluña en contra de los demás territorios o en apoyar a todos los lobbys interesados en modificaciones fiscales regresivas. Si no fuese por el sesgo catalanista, podrían coincidir en casi todos los temas con el Partido Popular. Éste también se ha apresurado a criticar la medida con un argumento harto demagógico. Ha afirmado por boca de su vicesecretario territorial que la medida iría en contra del empleo y de los parados.

Pues no, señor Arenas, no, subir los impuestos a las rentas altas e incrementar como contrapartida, por ejemplo, el gasto en seguro de desempleo (lo que puede ser neutral con respecto al déficit público), no sólo no tiene un efecto negativo sobre el empleo, sino que, por el contrario, es muy probable que incremente la actividad y reduzca el paro. Resulta poco creíble que el consumo de los ricos se aminore por los nuevos impuestos (será más bien su ahorro el que se resienta), mientras que las prestaciones a los desempleados se traducirán al cien por cien en consumo y, por lo tanto, en demanda, haciendo funcionar a tope el multiplicador. Esta crisis es de demanda y que nadie piense que las empresas van a invertir y a crear empleo si previamente la demanda no se recupera.

Los parados saldrán ganando por un doble motivo. Su cobertura o prestación se incrementará y, además, hay muchas posibilidades de que la economía se reactive si se produce una redistribución de la renta de las clases altas -en las que la propensión al ahorro es mayor- a las clases bajas, con más tendencia al consumo. Pero para ello deben darse dos condiciones. Primera, que la elevación del gravamen incida realmente sobre los contribuyentes de elevados ingresos. Segunda, que los gastos que se acometan con el exceso de recaudación se orienten a las prestaciones sociales.

Consideremos la primera. La excusa que se escucha por doquier es que los ricos tienen múltiples formas de evadir los impuestos y, en consecuencia, la subida va a incidir sobre las rentas medias. Desde luego, no hay ninguna razón para que tenga que ser así. Si los contribuyentes de altas rentas hacen opacos sus ingresos mediante empresas interpuestas es porque el Gobierno y la Administración se lo han permitido y facilitado. ¿Qué impide eliminar las SICAV y poner en vigor de nuevo el régimen de transparencia fiscal?

Quizás, la primera forma de elevar los impuestos a los ricos sea hacer que contribuyan, modificando la Ley General Tributaria e incorporando buena parte de los instrumentos que desaparecieron en la última reforma, y que son precisos para combatir el fraude y para obstaculizar la elusión fiscal.

Subir los impuestos a las rentas altas puede ser, por ejemplo, hacer que el IRPF recobre su unidad y que las rentas de capital retornen a la base general, perdiendo la situación de privilegio de la que ahora gozan con respecto a las rentas del trabajo.

Subir los impuestos a los ricos puede ser también elevar el tipo marginal a los grandes contribuyentes. Se suele afirmar que esta medida tendría poco impacto recaudatorio, porque son pocos los contribuyentes que declaran rentas elevadas. Hasta la propia ministra de Economía y Hacienda ha empleado este argumento, afirmando que únicamente el 4% declara rentas superiores a 60.000 euros anuales. Tal vez lo primero que tendría que plantearse el Ministerio es por qué no son más.

Pero hagamos algunos números. Empecemos por indicar que los 60.000 euros no son renta sino base imponible, que no es exactamente lo mismo. Pero es que ese 4% puede representar, y de hecho representa, un porcentaje mucho mayor de la renta -dada la enorme desigualdad en su distribución- y un 37% de lo recaudado por el impuesto. Habrá quien diga que 60.000 euros es una renta media. Es una concepción un tanto distorsionada de lo que son las rentas de este país, pero no discutamos por ello. ¿Les parece bien 120.000 euros anuales? De este modo dejaremos fuera a la gran mayoría de los tertulianos, periodistas, escritores, políticos y altos funcionarios; en fin, casi a la totalidad de los que generan opinión, con lo que seguro que la reforma genera mucha menos resistencia. Así y todo estaríamos gravando alrededor del 1% de los contribuyentes, que representa más del 20% de la recaudación, porcentajes que serían mucho mayores si previamente se hubieran tomado las medidas señaladas más arriba de integrar las rentas de capital en la base general del impuesto y de eliminar los elementos de elusión fiscal.

Por poner un ejemplo de las muchas combinaciones posibles, se podría establecer un tipo marginal del 50% para bases imponibles superiores a 120.000 euros, y del 65% para las que estén por encima de los 600.000 euros anuales. ¿Parece exagerado? El 65% era el tipo marginal máximo que regía en el impuesto original antes de que las distintas reformas lo adulterasen.

Subir impuestos a los ricos sería también establecer unos impuestos sobre sucesiones y patrimonio verdaderamente progresivos, que dejen exentas a las clases bajas y medias y graven a las rentas altas. Pero resulta difícil creer que lo pueda hacer este Gobierno cuando acaba de eliminar el impuesto sobre el patrimonio.

La segunda condición es que la recaudación adicional obtenida por la elevación de los impuestos se destine a incrementar los gastos sociales. ¿Pero cómo garantizarlo con el galimatías que tenemos de financiación autonómica? Este es el verdadero escándalo de nuestro Estado de las Autonomías: escuchar a CiU, después de haber reclamado por todos los medios posibles recursos para el Estatuto y para Cataluña, oponerse ahora radicalmente a la elevación de impuestos.


Preámbulo

Celso Emilio Ferreiro, 30 aniversario

Manuel Bragado


Mañá, 31 de agosto, hai trinta anos que morreu na súa casa da avenida de Castrelos Celso Emilio Ferreiro, o noso poeta maior da paz, a liberdade e a esperanza. Sabemos daquelas súas últimas horas viguesas polas testemuñas recollidas no epílogo do libro de conversas co poeta preparado por María Xosé Porteiro e José Antonio Perozo. Aquel 30 de agosto de 1979 caeu nun xoves moi caloroso. Celso Emilio quedara xantar no centro con Suso Vaamonde, que lle agasallou un exemplar de “Limiar”, o elepé dedicado á emigración e composto por textos de poetas galegos, a maior parte contemporáneos (Ferrín, Cabana, Novoneyra ou do propio Ferreiro, de quen se incluían dous poemas, un deles o que dá titulo ao álbum). Tras o xantar, o poeta atendeu na súa casa a un equipo de televisión e preparábase para unha festa familiar con motivo da voda do seu fillo Xosé. Nada agoiraba que Celso caíse fulminado a media noite por un repetino ataque ao corazón.
Dende entón, transcorridas tres décadas, a presenza do autor que reclamou “voz e voto” continuou na memoria cívica e literaria de cada unha das nosas xeracións, cubrindo o baleiro inevitable que a súa ausencia deixou na casa de Moraima (“Cando quero vivir digo Moraima”). A ninguén pode extrañar que Celso sexa o poeta que máis homenaxes populares continúa recibindo (o máis recente foi o que onte mesmo lle tributou na súa Celanova natal a asociación Arraianos). Homenaxes iniciadas naquela verdadeiramente extraordinaria, a do 28 de outubro de 1979, apenas dous meses despois do seu pasamento, organizada polos sindicatos de CC.OO e UGT (en realidade por unha comisión formada por Benedicto, Arturo Reguera, Chichi Campos e Xesús Redondo Abuín). Dez mil persoas chegadas de toda Galicia ateigaron o pavillón do Sar de Santiago onde se cantaron, recitaron e festexaron de forma emocionada as palabras dun poeta inmensamente querido pola súa xente. Mentres polo escenario pasaron trinta e sete participantes (cantantes, poetas e oradores), presentados por Víctor F. Freixanes, nas beiras das bancadas Xaime Quessada e Felipe Criado pintaban os seus murais, e algunhas persoas do público podían entrar na instalación do escultor Iñaki Basallo, unha longa caixa negra, que representaba a “Longa noite de pedra”. Á gran homenaxe galega, sucedeu a celebrada no pavillón de deportes de Madrid o 13 de novembro de 1979. Homenaxes que continuaron en 1989, coincidindo co Día das Letras Galegas, en 2002 con motivo do corenta aniversario da publicación de “Longa noite de pedra” e en 2004, coincidindo co vinte e cinco aniversario do seu pasamento e da edición da súa obra completa narrativa e poética en galego por parte de Xerais, alén do interese permanente que pola promoción da súa obra manteñen a Casa dos Poetas da súa Celanova natal e a Fundación Celso Emilio Ferreiro.
A semellanza dos poetas galegos do século XIX, Celso Emilio pretendeu que a súa obra e a súa voz poética resoasen na conciencia da sociedade. E abofé que o conseguiu. A súa é a voz perenne dun escritor nacional, como no Rexurdimento o foron as de Rosalía, Curros ou Pondal. A súa é unha voz que pon, e segue poñendo, o dedo na chaga (“si temos semellantes as feridas, / como un irmau che falo”). A súa é unha voz coraxuda que investigou a verdade do seu tempo, velaí para el a función da poesía (unha forma de comunicación e coñecemento). A súa é unha voz obsesiva a prol da paz, da liberdade e da esperanza.
Trinta anos despois, os textos de Celso Emilio conservan plena vixencia na díficil angueira da sociedade do século XXI necesitada de luces que axuden a continuar na loita contra a inxustiza, o paro, a emigración, a guerra ou a destrución da natureza, ou a defender o tesouro da lingua de todos, temas fulcrais nas preocupacións do noso poeta. Textos, que máis alá da súa presenza nos seus libros (afortunadamente todos os galegos, actualizados e a disposición dos lectores), corren en forma de máis de trescentas cancións, traducidas a máis de vinte linguas e musicadas por autores das máis diversas procedencias e estéticas. Celso é o letrista máis prolífico da música de noso. Hoxe resoa na conciencia da sociedade por medio dos ritmos rap de Dios ke te crew, como noutrora o fixera da man de Voces Ceibes, Benedicto, Bibiano, Fuxan os Ventos, Pucho Boedo, Luís Emilio Batallán, Astarot, Pilocha ou Suso Vaamonde.
Neste trinta aniversario, aconsello revisitar a Celso Emilio, sexa escoitando as súas cancións (magnífico é o disco da fotobiografía sonora de Ouvirmos), sexa lendo os seus poemas ou os seus artigos de “Faro de Vigo” (publicados na sección “La jaula de los pájaros raros”, recuperada no volume editado por Xerais baixo o título “Semblanzas, crónicas e artigos”). Escoitar e ler a Celso Emilio Ferreiro acouga o espírito e mobiliza a razón.

bretemas@gmail.com

Bicos . . .

Estatuto catalan y silencio del Gobierno



No hay aún sentencia pero se diría que algo saben, por informaciones periodísticas o de otras fuentes, y que se temen lo peor. Si así ocurre el enfado de algunos hay que darlo por descontado, como ocurriría con cualesquiera otros que vieran frustrado algo en lo que han puesto tanta pasión. Lo sorprendente -y peligroso- es el modo en que vienen reaccionado porque, en el fondo (y a veces en la forma), supone, además de una pavorosa confusión conceptual, un desprecio por la Constitución, no ya por su texto, que aún afirman compatible con el Estatuto, sino por el sistema constitucional mismo en un Estado de Derecho.
Unos, en ERC, llaman a manifestarse, a la desobediencia civil, etc. para ejercer una presión que, a su juicio, se llevó a cabo del modo que fuese en la negociación del Estatuto o de la financiación económica. No se trata, por tanto, de defender jurídicamente un texto, sino de una cuestión de fuerza en un acuerdo en el que los únicos límites son los negociadores. Cuando se dice que no se puede modificar en el Constitucional un texto que ha sido aprobado en referéndum se pretende enfrentar los poderes del Estado a la Soberanía, lo que es un subterfugio impresentable política e intelectualmente.
Otros se presentan más moderados pero ven, como el consejero Joan Saura, un hipotético resultado adverso en el Constitucional como «una confrontación de legitimidades». No hay tal, la posible confrontación es con la ley y la «legitimidad» del pueblo, siempre administrada por alguien, concebida para vulnerarla sólo se da en los regímenes totalitarios. Montilla, que antes estuvo más exaltado, se apunta ahora a la defensa del contenido del Estatuto y a «la búsqueda de aliados en España» (como si la alianza que tiene con ERC fuera «en el extranjero», valga la broma). Se equivoca también: el problema del Estatuto, lo que se va a dilucidar, no es una cuestión de alianzas y pactos, de buen rollo o de amenazas al Gobierno, sino de adecuación o no a la Constitución.
La Constitución está en baja forma, no hay duda. El Tribunal, seguramente atento a todo lo que ocurre más que a su texto, retrasa su decisión de modo escandaloso. Ante la perspectiva de que, al final, no quiera dar el espaldarazo al Estatuto, la «salida constitucional» que se apunta es, sencillamente, no hacer caso. Una cosa es utilizar el artículo 150.2 de la Constitución para ceder competencias exclusivas del Estado. Otra hacer cálculos de necesidades financieras. Pero el «no pasa nada» no es todo eso, sino actuar como si el Constitucional no se hubiera pronunciado. Lo escandaloso de este modo de proceder es que afecta a derechos individuales y a la organización misma del Estado.
La propuesta, por ejemplo, de mantener la política lingüística del Estatuto aunque el Tribunal no la considere ajustada a la Constitución no es un modo de calmar a una hipotética mayoría política en aquella comunidad a pesar del enfado de una minoría, sino la vulneración de derechos individuales. Si el Gobierno de Cataluña se pliega a ello, que ya sería escandaloso, el de la Nación no puede quedarse de brazos cruzados. La de sostener el criterio de bilateralidad y el condicionamiento de las políticas generales, aunque sea desmontado por la sentencia, no es la aplicación de un anestésico al enfado de los socios del Gobierno, sino, sencillamente, la destrucción del sistema constitucional y del Estado de Derecho. En la polémica actual, previa a la sentencia, el Gobierno asegura que no tiene nada que decir. Pero debería ir preparándose.

Menos mal . . .

Brotes marrones en otoño





Sólo José Luis Rodríguez Zapatero se atreve a decir «lo peor de la crisis ha pasado», tras anunciar su ministro de Trabajo que el paro seguirá subiendo. Pero si nos dijo que la paz en el País Vasco vendría negociando con ETA y que los nuevos estatutos estructurarían definitivamente España, ¿por qué no va a poder decir que la crisis económica se resuelve con más parados? Más parados, más déficit, más impuestos y más contracción, como confirma el Instituto Nacional de Estadística. Concretamente, la mayor contracción económica en 40 años. Mientras los «brotes verdes» que nos anunció allá en la primavera se convierten en «brotes marrones» cara al otoño: la industria no toma el relevo de la construcción, como previsto, y las exportaciones caen un 15,7 por ciento, con lo que la esperanza de que compensen el descenso del consumo interno se evapora. Pero ¿qué importa todo eso a nuestro presidente? A lo mejor piensa que preside el gobierno alemán, pues, en efecto, lo peor de la crisis parece haber pasado en Alemania, aunque es muy posible que si él fuera su canciller, estarían todavía en lo más profundo de ella.
Pero no lo es, para suerte de los alemanes y desgracia de los españoles, que tendremos que seguir contemplando su peculiar manera de afrontar una crisis económica que empezó negando y ha seguido trampeando, de parche en parche, de engañifa en engañifa, de camelo en camelo, hasta situarnos en la peor de todas las situaciones posibles y, lo más grave, sin mostrar el menor indicio de cambiar. A él, lo que le interesa es cargarse al PP, impedir que la «derecha» vuelva a gobernar, aunque tenga que aliarse con los que no quieren ser españoles, rehacer, en fin, la historia de España, como si la historia pudiera rehacerse como si fuera un suspenso de junio o un error de sexo de la naturaleza. Eso es lo importante, lo urgente, lo fundamental, todo lo demás puede esperar. A ello se ha dedicado desde que llegó a la Moncloa, y en ello sigue con una tenacidad digna de mejor causa.
¿Qué va a decirnos este otoño, cuando los 8.000 millones de euros destinados a reparar las aceras de nuestras villas se agoten, los turistas se vayan, las exportaciones no crezcan, el déficit siga creciendo y los parados ronden los cinco millones? Bueno, ya nos lo ha dicho: subir los impuestos, lo que en plena crisis es algo así como dar un purgativo a alguien con colitis. Aunque ya verán como se las arreglará para justificar la diarrea. De entrada, nos ha dicho que la subida será «temporal y limitada». Temporal, hasta las próximas elecciones y limitada, a sus rivales.
Si este hombre tuviera tanta habilidad para gobernar como para engañarnos, seríamos la admiración de Europa, en vez de estar en el furgón de cola. Pero, en fin, es lo que hemos elegido, ¿no? Y no una vez, sino dos.

Cine español

Dormido o durmiendo

La vida, que es sueño para Calderón, se pone en riesgo por somnolencia entre los conductores, según nos recuerdan los neurólogos y las autoridades de tráfico: el riesgo de sufrir un accidente se multiplica por siete si no se ha dormido lo suficiente. Pero cada individuo, que es un prototipo, tiene su vara de medir o sus costumbres que cumplir, y es fama que Miguel de Unamuno dormía casi doce horas al día, mientras que otros españoles ilustres, como Fraga, resuelven el trámite en tres o cuatro horas. ¿Quién tiene razón? Seguro que todos o ninguno: la generalización, por mucho que haya unas constantes biológicas inexorables según la estadística, es peligrosa; y ninguno, porque nadie puede imponer sus hábitos a los demás. Al rector de Salamanca le recriminaban los aduladores la pena que les producían tantas horas de sueño, que impedían una mayor producción literaria al autor de «El Cristo de Velázquez», y él les replicaba: «Duermo lo que me apetece, pero cuando estoy despierto estoy más despierto que usted».
Camilo José Cela, que era un gran madrugador y que era un esclavo de sí mismo con muchas horas al día de escritura, de documentación y de correcciones en sus manuscritos de letra diminuta, mantenía la costumbre de la siesta antigua y rural, de la que él llamaba «siesta con padrenuestro, pijama y orinal». Cuando Cela fue senador real, el presidente de la Cámara Alta sospechó, en una tarde tediosa de discursos, que estaba echando una siesta en el escaño y le recriminó: «Señoría, está usted dormido». La réplica fue inmediata, con el vozarrón que se gastaba el de Iria Flavia para estos casos: «Dirá usted, presidente, que estoy durmiendo». «¿Y qué diferencia hay?». «La misma que existe –dijo don Camilo– entre estar jodido y estar jodiendo».
Pero lo cierto es que el español, según las estadísticas, duerme menos que el resto de los europeos: se acuesta más tarde, como en la Edad Media, y se levanta a la misma hora que el resto de la Europa más próspera. Acumula, pues, un histórico déficit de sueño y, además, vive en el país más ruidoso del mundo (después de Japón) y en uno de los más adictos a los fármacos inductores del sueño. Pero las cosas son como son, no las vamos a cambiar, de nada vale predicar en el desierto, y no demos pistas al Gobierno para que imponga, por decreto, las ocho horas de sueño con una video cámara en cada habitación…

Faustino F. ÁLVAREZ

Operación retorno

Dormido o durmiendo

La vida, que es sueño para Calderón, se pone en riesgo por somnolencia entre los conductores, según nos recuerdan los neurólogos y las autoridades de tráfico: el riesgo de sufrir un accidente se multiplica por siete si no se ha dormido lo suficiente. Pero cada individuo, que es un prototipo, tiene su vara de medir o sus costumbres que cumplir, y es fama que Miguel de Unamuno dormía casi doce horas al día, mientras que otros españoles ilustres, como Fraga, resuelven el trámite en tres o cuatro horas. ¿Quién tiene razón? Seguro que todos o ninguno: la generalización, por mucho que haya unas constantes biológicas inexorables según la estadística, es peligrosa; y ninguno, porque nadie puede imponer sus hábitos a los demás. Al rector de Salamanca le recriminaban los aduladores la pena que les producían tantas horas de sueño, que impedían una mayor producción literaria al autor de «El Cristo de Velázquez», y él les replicaba: «Duermo lo que me apetece, pero cuando estoy despierto estoy más despierto que usted».
Camilo José Cela, que era un gran madrugador y que era un esclavo de sí mismo con muchas horas al día de escritura, de documentación y de correcciones en sus manuscritos de letra diminuta, mantenía la costumbre de la siesta antigua y rural, de la que él llamaba «siesta con padrenuestro, pijama y orinal». Cuando Cela fue senador real, el presidente de la Cámara Alta sospechó, en una tarde tediosa de discursos, que estaba echando una siesta en el escaño y le recriminó: «Señoría, está usted dormido». La réplica fue inmediata, con el vozarrón que se gastaba el de Iria Flavia para estos casos: «Dirá usted, presidente, que estoy durmiendo». «¿Y qué diferencia hay?». «La misma que existe –dijo don Camilo– entre estar jodido y estar jodiendo».
Pero lo cierto es que el español, según las estadísticas, duerme menos que el resto de los europeos: se acuesta más tarde, como en la Edad Media, y se levanta a la misma hora que el resto de la Europa más próspera. Acumula, pues, un histórico déficit de sueño y, además, vive en el país más ruidoso del mundo (después de Japón) y en uno de los más adictos a los fármacos inductores del sueño. Pero las cosas son como son, no las vamos a cambiar, de nada vale predicar en el desierto, y no demos pistas al Gobierno para que imponga, por decreto, las ocho horas de sueño con una video cámara en cada habitación…

Faustino F. ÁLVAREZ