Alfons Quintá
“Lo que sé –dijo– se puede resumir así: en Alemania todo está prohibido, excepto lo que está permitido. En Francia, todo está permitido, excepto lo que está prohibido. En la Unión Soviética (que entonces existía) todo está prohibido, incluso lo que está permitido. En Italia, todo está permitido, especialmente lo que está prohibido”. Cuando el profesor ocupó su función en el seno de la importante Comisión Federal de Comunicaciones nadie podía predecir que Cataluña crease una nueva categoría jurídica internacional.
La novedad catalana la acaba de resumir el semanario liberal The Economist. El antetítulo de la información es “Toreo en Cataluña”. El título, “La tierra de la prohibición”. El subtítulo, “Primero la burqa, ahora el toreo. ¿Qué prohibirá Cataluña a continuación?”. Respecto a ilegalizar las corridas en Cataluña, The Economist afirma que “Es un poco como si un Estado federado alemán prohibiese el wurst (embutido o salchicha) o una región francesa condenase sus chocantes boinas”. Cosa, esta última, por cierto, que hizo el nazismo en la ocupada Alsàcia. The Economist también recordaba que un diario barcelonés había calificado la prohibición de “venganza” por la decisión del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán. El tono de la información es una mezcla de incredulidad y de sarcasmo. Cataluña no era descrita como una potente identidad que va camino de convertirse en Estado, sino como un territorio que no sabe hacia dónde va. Por ello, optaba por la ironía británica. De los cuatro países destacados por el profesor norteamericano, Cataluña puede aspirar a parecerse a la Unión Soviética. Es una comparación que no excitará a los inversores británicos, grandes lectores de The Economist, a preferir a Cataluña, respecto a otras comunidades.
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