Skyline de Barcelona, hoy

lunes, 4 de octubre de 2010

Sobre las primarias


José Antich - Director de La Vanguardia
Mal que le pese a Zapatero, las primarias del PSOE de Madrid no serán recordadas como un atracón de democracia interna, sino por el revolcón que han propinado al presidente los militantes de la comunidad en la figura de su ministra Trinidad Jiménez. Si el pasado mes de agosto el secretario general del PSOE se estrelló cuando quiso zanjar, con un ordeno y mando, la voluntad de Tomás Gómez de presentarse a las primarias que debían designar el rival de la popular Esperanza Aguirre, y el tozudo ex alcalde de Parla le dio calabazas, ayer los militantes madrileños le abrieron un boquete de previsiones hoy por hoy desconocidas en dos de sus dilatadas vías de agua: la credibilidad y la autoridad. La victoria de Gómez tiene un punto de épica al imponerse al omnipresente poder de Ferraz, pero al tiempo deja desnudo al príncipe, ya que, de entre los diferentes barriles de pólvora con los que suele convivir a diario - la percepción generalizada de una mala gestión suya de la crisis económica, encuestas que acercan cada día más al PP al palacio de la Moncloa en las próximas generales y, la pasada semana, una huelga general que no le hundió pero le abrió grietas en su relación con los sindicatos-,uno nuevo le va a exigir un trabajo extra. El fracaso en el seno del propio partido. No hay precedentes de una desautorización así, por más que en estas horas todos en el seno del PSOE intenten poner paños calientes y hacer más digerible a Zapatero su derrota. Las primarias, que son sin duda un ejercicio interesante de democracia interna, en España las carga el diablo y los militantes socialistas han enviado todo un mensaje que va mucho más allá del pulso Gómez-Jiménez. Le han sacado tarjeta roja a Zapatero.