Skyline de Barcelona, hoy

domingo, 28 de febrero de 2010

El 'ultra' de cualquier club, incluso del 'més que un club'

La Dichosa, punto y aparte


De regreso en el AVE, una urgente nota sobre nuestras últimas andanzas en Madrid. Anoche, en La Dichosa, muy cerca de la glorieta de Quevedo, en la zona de Arapiles. Una taberna auténtica, dónde Eva y su chico nos agasajan de manera cariñosa. Las tapas de este figón, sensacionales. Los huevos con pisto manchego, la morcilla con manzana al horno y huevo de codorníz, los callos a la madrileña... Para beber un Ijalba, univarietal,... ¡de graciano!

Este domingo, para comner, el Restaurant Extremadura, un lujo de productos de la tierra, empezando por los vinos y finalizando en los postres caseros. Recomendado para no-provincianos en el terreno gastronómico; sólo para atrevidos y curiosos.

Saldremos de ésta . . .

El Museo Español de la Burbuja

Gregorio Morán

Cualquier delincuente puede meterle a usted en un lío de mil diablos y un millón de euros

Seseña es un lugar que aún espera la cámara implacable de un documentalista, alguien capaz de transmitir visualmente la fuerza de la más grosera de las representaciones del mundo en el que estamos metidos. Mucha gente cree que la burbuja inmobiliaria, ese melanoma que ha llevado hasta el quirófano a la sociedad española, quién sabe aún por cuanto tiempo, sólo se refiere a bloques de pisos invendidos, a constructores voraces y banqueros irresponsables. También hace referencia a ciudadanos convencidos de haber descubierto la piedra filosofal de la economía, vivir del crédito eternamente renovado. Como exposición del milagro español de la candidez - ese salto de la pobreza mental a la riqueza virtual-,no creo que haya lugar tan elocuente como Seseña.

Confieso que llegué a Seseña casi sin proponérmelo, pero su espantoso atractivo te fuerza a detenerte. Seseña está a unos cuarenta kilómetros de Madrid, en un secarral de fealdad aliviado, es un decir, por algunas poblaciones humildes que conforman La Sagra toledana.

Aquí se le ocurrió un buen día a Francisco Hernando, más conocido por el Pocero,construir 13.508 viviendas, a la vera del viejo pueblo de Seseña, con apenas diez mil habitantes.

Por supuesto, no había ni depósito de agua, ni canalizaciones, ni siquiera transporte. Eso sí, había tren pero no estación. Para hablar con propiedad, se veía pasar el tren de la línea de alta velocidad Madrid-Toledo.

Una nueva ciudad pensada - es una manera de expresarse-para quien tiene coche.

Aunque parezca mentira todo iba muy bien, al menos para el constructor y para los ediles - mayoría socialista con los populares apoyando-,hasta que se denunció ante la Fiscalía Anticorrupción, y hubieron de ir dimitiendo todos. Un millón ochocientos mil metros cuadrados de suelo rústico recalificado, que se dice pronto, que coincidió con la titularidad de un fondo de inversión a nombre del alcalde, José Luis Martín, de 158.000 euros, y un piso en Málaga, y luego más fondos. Ante la justicia alegó un número de la ONCE premiado. Como lo oyen.

Quizá les falló el momento. Empezaba a declinar la burbuja y la obra se quedó en poco más de 5.000 viviendas, que son las que usted puede contemplar ahora como parque temático de la burbuja hispana. Hay que verlo para creerlo. Actualmente no habitan regularmente más de 250 familias, con derecho a comprar el pan en el único bar. Para lo demás, el coche. Manzanas de casas terminadas, por fuera, entre grandes avenidas donde la llegada de un vehículo extraño llama la atención y provoca una mirada inquisitorial del puñado de personas atrincheradas en sus casas. Hay un autobús por la mañana y otro por la tarde. Eso es todo.

Sólo he conocido un lugar donde la sensación de desamparo ante los bloques de cemento fuera similar a la de Seseña. Fue en Pyongyang, capital de Corea del Norte, hace ya muchos años. Incluso como allí hay un parque con aire a cementerio y que tiene nombre, se llama parque María Audena, o algo así, donde puede usted pasear como si estuviera en la luna, con todas las probabilidades de ser el único ser vivo en todo el territorio que abarque su vista. También se puede encontrar, si usted se adentra por la autovía AP-41 y tras muchos vericuetos, una entrada principal donde se enseñorean dos figuras escultóricas, tamaño natural dilatado - muy comunes en Corea del Norte-,pero en este caso no dedicadas a Kim Il Sung sino a los padres del constructor.

Las palabras están muy limitadas para mostrar la fuerza de la desolación en un territorio donde lo único que hay, y en abundancia, es sol. Toda esta monumental fantasmagoría, bautizada con el nombre de El Quiñón de Seseña, se inauguró con mucho bombo y no menos platillo en septiembre del 2007 y asistieron más de seis mil invitados, seis mil, con actuaciones en directo de un tal Falete, y Andy y Lucas, que no tengo el gusto. ¿Cómo fue posible tanta desmesura? Pues muy sencillo, comprándolo todo. Los terrenos, los ediles, los medios de comunicación, y así sucesivamente. Pero mucho cuidado, que estamos hablando de Francisco Hernando, el Pocero.Poca broma. Le ha metido cuatro, cinco u once - ya he perdido la cuenta-querellas criminales al pobre alcalde actual, Manuel Fuentes, un paisano de Izquierda Unida al que no le llega ya la camisa al cuerpo.

¿Y a que no se imaginan usted por qué? Por el honor supuestamente vulnerado de Francisco Hernando, el Pocero.Un delincuente, según sentencia de la Audiencia de Madrid desde el otoño del 2007, pero con los mejores abogados de España, aseguran, y por si fuera poco, con expertos mediáticos como Pepe Oneto, aquel Oneto antiguo del tardofranquismo y la transición, que luego fue sustituido por Alfredo Urdaci, el inolvidable entrevistador televisivo del presidente Aznar, que ya tenía que ser servil para llamar la atención; porque las entrevistas a los presidentes de Gobierno en la televisión estatal sólo pueden ser superadas por las entrevistas a los presidentes autonómicos en sus televisiones oficiales.

Cualquier delincuente puede meterle a usted en un lío de mil diablos y un millón de euros, y si no, que se lo pregunten al alcalde de Seseña, al que la juez instructora de Illescas, doña Carolina Hidalgo, cuyo nombre escribo no sin un pálpito de inquietud, puso una fianza de un millón, por cuenta del honor ofendido del mago del ladrillo.Ante una más que discreta indignación general nos enteramos de que se le habían ido los ceros a la máquina, y donde quería decir 10.000 le salió un millón. ¡Por menos que eso un juez te metería un puro de los de nomeolvides! Desde que he sabido que el mafioso ruso Kalashov, detenido en España, tiene por abogados a tres ex magistrados de la misma Audiencia Nacional que le juzga, he sacado la conclusión de que esto de escribir en los periódicos se está poniendo imposible. Y lo más gracioso, vamos, como para desternillarse, es que el alcalde de Seseña consideró el día más feliz de su vida (sic) cuando se enteró de que le habían rebajado la fianza de un millón a diez mil euros. ¡Diez mil euros de vellón por decir que hacerle una manifestación de obreros de la construcción a las puertas de su Ayuntamiento "son prácticas similares a las que utiliza la camorra siciliana"! La única pena posible, digo yo, sería corregirle y advertirle que no es lo mismo la camorra napolitana que la mafia siciliana, pero a lo mejor el paciente Manuel Fuentes estaba en la verdad y el constructor aunaba ambas prácticas.

Los pequeños detalles ayudan a entender las grandes tropelías. Porque el hecho de que Francisco Hernando, el Pocero,tenga un yate que se llame como su esposa, Audena, la del parque espectral, carece de trascendencia. Tampoco que disponga de varios jets privados que promociona en actos de caridad, o que produzca, junto al vivales de Andrés Vicente Gómez, un filme invisible sobre Manolete con Adrien Brody y Penélope Cruz. Lo que amilana es la impunidad. Esa sensación de acoquinamiento que te viene al constatar que al tal Pocero no le bastó con tener un diario gratuito, La Voz de La Sagra,sino que te puede llevar a la ruina, y no sólo porque le has comprado un piso en El Quiñón de Seseña,sino además porque un juez saleroso, muy profesional de seguro, decide que es más honorable delincuente gordo que periodista flaco.

Hace unos años se cerró la única publicación independiente que había en Cantabria, casi sin enterarnos. Un constructor aprovechado les puso una querella, el juez la admitió gustoso, y ahí les fue una fianza del tamaño adecuado para obligarles al cierre. Ahora acaba de suceder en Lanzarote. A un secretario de ayuntamiento denunciado, con hechos probados, considera el magistrado un exceso llamarle "corrupto".

O sea que piénseselo dos veces a la hora de gritar "Al ladrón, al ladrón", porque una cosa es que le roben la cartera y otra es que afecte al honor del delincuente.

El crimen del bar Joan


JOAN DE SAGARRA

En los años que llevo ejerciendo como cronista de mi barrio no he encontrado un crimen así

La lista de los atracos es interminable: el doble crimen azuza la rabia, y el miedo, de los comerciantes

Conmoción por un doble crimen en la Diagonal", podía leerse en la primera página de La Vanguardia el miércoles, 24 de febrero. En la sección Vivir, Luis Benvenuty y Enrique Figueredo nos narraban la crónica del crimen. Ocurrió el pasado lunes en el bar Joan, situado en el número 338 de la calle Provença, esquina con Bruc. Maria Carles Solé, una mujer de 85 años, "con dificultad para caminar y mantenerse erguida", y su hijo Josep Foix Carles, de 55 años, "con visión muy limitada", se disponían a cerrar el local.

Eran alrededor de las nueve de la noche. La persiana estaba medio bajada, en el exterior la luz era escasa, y las obras del AVE habían levantado una valla que estrechaba la calle y ocultaba el local, "una pequeña granja de desayunos y meriendas". Fue entonces cuando un par de individuos se colaron en el local con el propósito, todo parece indicarlo, de robar el dinero que había en la caja registradora y reventar la máquina tragaperras con una palanca que luego encontró la policía. Una hora más tarde, Angelina, la hija de la señora Maria, que se había ido a casa a preparar la cena, se extrañó al ver que tardaban en llegar. Llamó al móvil, no obtuvo respuesta y optó por ir al bar. Y allí se encontró a la madre y al hermano muertos, la madre con la cabeza destrozada y el cuerpo del hermano bañado en un charco de sangre. Benvenuty y Figueredo nos cuentan que "fue de una violencia tan desmesurada e innecesaria, que el crimen del humilde bar Joan es ya parte de la crónica negra de la historia de Barcelona", un crimen cuyo "excepcional ensañamiento y crueldad tienen, dicen, desconcertados a los investigadores de la policía autonómica".

Hace treinta años viví un tiempo en la calle Mallorca esquina Bailèn, frente al estanco de la señora Crivillé, mi cigarrera (atracada también no hace mucho). Más de una mañana entré en el bar Joan a tomarme un cafetito, y ahora, que vivo no lejos de allí, en la parte alta del paseo Sant Joan, sigo haciéndolo cada vez que voy a Don Perro, en Provença esquina Bruc, a comprar la comida para mi gato Maurizio.El bar Joan es un local de mi barrio, un barrio que va del Bauma al Michael Collins, el pub de la Sagrada Família, y de la estatua de Anselm Clavé, en paseo Sant Joan con Travessera, al mercado de la Concepció, en la calle València.

En los años que llevo ejerciendo como cronista de barrio, de mi barrio, no me había encontrado con un crimen de tales características, como para entrar a formar parte de "la crónica negra de Barcelona". Para mí, este barrio, y más concretamente la parte alta del paseo Sant Joan en la que resido, era, por lo que a la crónica negra se refiere, el barrio de Carmen Broto, "la puta roja", que solía frecuentar el bar Alaska y cuyo cadáver fue encontrado no lejos de allí, en la calle Escorial. Pero a la Broto yo no la conocí, ni le vi sus bonitas piernas sentada en la barra del Alaska, como sí parece que se las vio mi colega Martí Gómez, cuando era un crío. Y en cambio, sí conocí a la señora Maria y a su hijo Josep y cambié algunas palabras con ellos.

El jueves, los comerciantes y vecinos del barrio se reunieron a las nueve de la noche frente al bar Joan para rendir un último homenaje a los muertos. Fui con mi mujer. Me encontré con el dueño del Bauma (le atracaron hace ya unos años), que tiene una casa en Altafulla, como la familia del bar Joan, y un hijo con ese nombre, razón por la cual recibió algunas llamadas de amigos que creían que el crimen se había cometido en su local. También estaba Encarnita, la dueña del restaurante bar La Canela. Encarnita, que me sirve el Jameson y me alimenta con ricas tapas. Iba acompañada de su cuñada Gloria y ambas parecían muy afectadas. Yno era para menos. El 12 de mayo de 1983, en el restaurante Portolés, situado en la calle Diputació con Roger de Flor, un tipo le disparó un tiro al marido de Encarnita, Isidro Catalán Portolés, y le mató. Gloria estaba allí. La persiana del restaurante estaba a medio bajar, entró un tipo y pidió una cerveza.

Isidro le dijo que ya habían cerrado. Entonces el tipo le dijo que aquello era un atraco. Apartó a Gloria de un codazo y, cuando Isidro se inclinó para coger un palo debajo de la barra, sacó una pistola y le disparó. Jamás le pillaron.

En el barrio no se habla de otra cosa. El doble crimen del bar Joan azuza la rabia, y el miedo, de los comerciantes. La lista de los atracos es interminable. Han entrado a robar en Les Punxes (donde compro la prensa extranjera), en Can Pere (un tipo amenazó con un cuchillo a Sonia, la hija de Pepe Morata, sola en la barra), en el colmado, en la panadería, en el Morrisson, en La Balear, una perfumería droguería; en el Green Park, el pub de Rosselló con Bailèn; en el Miloka, en La Cabaña, en Viajes Marsans, en el estanco del paseo Sant Joan. En ese paseo todavía se recuerda el atraco a La Sirena Verde, un bar restaurante en la esquina con Indústria, ocurrido no hace mucho: ataron y golpearon al personal, apuntaron al dueño con un revólver en la sien y se lo llevaron todo. La gente está indignada. Se siente desprotegida. La iluminación en mi barrio es escasa (eso sí, repararon las farolas del tramo del bar Joan el jueves, después del crimen), y los coches de policía brillan por su ausencia. Mientras tanto, Joan Saura, conseller de Interior, refiriéndose al crimen del bar Joan y al tiroteo de los Mossos con dos miembros de una banda rumana que se dedica a robar prostíbulos, habla de "casos aislados". Para Saura, "la seguridad está garantizada". Menudo farsante.

¿Las consultas se desinflan?

Uriel Bertran resta importancia a la participación en la segunda oleada de referéndums


Una urna invita a los ciudadanos a dar dinero para financiar la consulta, esta mañana a la plaza de la villa de Molins de Rei. (Foto: ACN)

l de las Consultas ha restado importancia a los niveles de participación que puedan registrarse en la segunda oleada de consultas independentistas y ha situado el éxito en la misma organización, teniendo en cuenta el carácter voluntario de la iniciativa. Así lo ha dicho uno de los portavoces de la Coordinadora, Uriel Bertran, en la primera comparecencia por valorar el inicio de la jornada.



Según la Coordinadora, la jornada ha empezado con total normalidad y sólo se han registrado pequeñas incidencias informáticas a nivel local. Han adelantado algunos datos de voto anticipado en Caldes de Montbui, un 2,68%; en el Vendrell, municipio más grande dónde se hace la consulta este 28F, un 3%; y en Cardona, un 10,5%.

En rueda de prensa en Caldes de Montbui, Bertran ha destacado que la participación en las consultas no puede compararse con convocatorias oficiales en qué se destinan millones de euros a fomentar el voto, recursos de los que no disponen los promotores de los referéndums simbólicos.

sábado, 27 de febrero de 2010

Los Montllla van de 'pobres'


Anna Hernández afirma que sólo tienen "deudas", "una casa" i "un coche de hace diez años"


José Montilla y Anna Hernández, en una imagen de archivo

Anna Hernández, esposa del presidente José Montilla, ha asegurado que "lo único que tenemos son deudas", en el libro Descubriendo a Montilla, una biografía autorizada por el jefe del ejecutivo catalán.

"¿Y de propiedades, tienen? ¿Hay algo de cierto en el comentario que me ha llegado referente al patrimonio que supuestamente habrían acumulado en los últimos años?", le pregunta el autor del libro, Gabriel Pernau, a Hernández. Esta suelta, acto seguido, un "¡por favor!" y añade un "mira: yo sólo tengo una casa, no tengo nada más, en absoluto, ni me lo podría comprar ni me lo compraría".



"Me parece que tener segunda residencia -sigue- es una barbaridad, porque tienes que cuidar, debes mantener, sempres tienes que ir al mismo lugar... Yo prefiero variar, ir de alquiler (por las vacaciones). No tenemos propiedad no sólo porque no podamos tenerla, sino porque no somos de esa cultura. Yo tenía más patrimonio antes de casarme con él que ahora".



La esposa de Montilla añade que "si tenemos esta casa es porque vendimos la mía. No tenemos nada más, puedes mirarlo donde sea. Y tengo un coche de hace diez años que no pienso cambiar porque la mar de bien. Lo único que tenemos son deudas".