Skyline de Barcelona, hoy

viernes, 31 de diciembre de 2010

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Bohemian Rhapsody, for Four Violins

Increíble Poster Geek























por yonosoypol

Mascarell (I)

Àlex Gutiérrez

Després de barrar-li l’accés al departament de Cultura –quan n’era l’inquilí imaginat– en favor de Caterina Mieras, per una qüestió d’equilibris territorials i de sexes entre membres de l’executiu.
Després de nomenar-lo conseller de Cultura quan ERC surt del Govern, sabent que només hi ha mig any de coll fins a les eleccions i, per tant, sabent que per força la seva presència serà un interinatge.
Després de deixar-lo fora del govern quan el PSC pacta amb ERC el Tripartit-2 i accepta que el nou conseller sigui Joan Manuel Tresserras.
Després d’oferir-li el caramel enverinat de la presidència de la Corporació, que no va acceptar perquè va veure els perills que amenaçaven tan delicada configuració de poder.
Després de blocar-li el retorn a la primera fila del grup municipal del PSC a Barcelona. Després, en fi, de consolidar Jordi Hereu com a alcaldable dels socialistes.
Després que Montilla assegura comptar amb ell i amb Castells per a un Govern que sap perfectament que no haurà d’executar.
Després de tot això, José Zaragoza li retreu a Mascarell que se n’hagi anat de conseller amb CiU en comptes de quedar-se a fer d’oposició. Ell que ni tan sols és diputat o anava a les llistes.
Socors, que vénen els meus! Diu la dita.
(Dit això, Mascarell em segueix semblant més astut que víctima).

La factura ecológica


Aquellos bucólicos ecologistas, tan monos ellos, vuelven a mi memoria cada vez que me llega la factura eléctrica


Sus devotos lo llamaban «el rey Ludd», King Ludd. Puede que, en realidad, ni haya existido aquel legendario Ned (otros dicen que John) Ludd sobre cuya leyenda cristaliza, en el final del siglo XVIII, la primera investidura del santoral obrero que marca al naciente socialismo, antes de que Karl Marx haga añicos sus ensoñaciones. Existieron los ludditas, en todo caso. Fueron una expresión extrema de la desesperación que produce siempre ver desaparecer el mundo propio. Y no saber qué hacer con el que ya lo ha reemplazado. Soñar —o alucinar, no hay tanta diferencia— con invertir el giro despiadado de los relojes ha sido siempre uno de los más conmovedores anhelos humanos. Y el más trágico. Walter Benjamin, al final de su vida, le daba imagen grandiosa en el absurdo de los revolucionarios que disparan contra los relojes de las torres. Pero el tiempo es más despiadado que cualquier bala.
La idea de los ludditas, a partir sobre todo de 1811, era de una emotiva sencillez: las máquinas destruyen el bello saber hacer del artesano; destruyamos las máquinas. Lo hicieron. A lo largo de dos décadas, en los telares mecánicos cifraron ellos la huella de Satán contra los hombres. Nottingham, Lancashire y Yorkshire vivieron una guerra civil que dio al ejército británico más ocupación que las guerras napoleónicas. Del saldo deja melancólica cuenta Marx en la sección cuarta del libro I del Capital: «La destrucción masiva de máquinas en los distritos manufactureros ingleses durante los 15 primeros años del siglo XIX, a consecuencia de la explotación del telar a vapor, ofreció, bajo el nombre de movimiento luddita, al gobierno el pretexto para aplicar las medidas represivas más reaccionarias». Con las máquinas, los ludditas destruían la única posible fuente de supervivencia obrera.
Así nosotros. Nuestro mundo vive, desde el inicio de los setenta, en la certeza de que el petróleo no puede seguir siendo la base energética del planeta. Monopólico, caro, insuficiente, es una fuente de energía llamada a extinguirse, a la manera en que dejó de ser rentable el carbón. Y no existe más que una alternativa racional al petróleo: las centrales nucleares. A nuestro lado, Francia, que apostó por ellas, posee la electricidad más barata de Europa. Y no depende de nadie. Nosotros dependemos de Francia que nos vende esa electricidad nuclear, de la Argelia en permanente amenaza islamista y de la gangsteril Rusia de Putin, que nos venden gas y crudo, además, claro está, de la compartida dependencia mundial respecto de las atroces tiranías que controlan el petróleo del Golfo.
La peculiaridad es que aquí el desarrollo de las centrales nucleares lleva tres décadas paralizado. Desde que ETA consiguió, con el asesinato de Ryan y el cierre de Lemóniz, la mayor victoria de su historia, tal vez la única. Y nuestra mayor ruina.
Allá por los setenta les reíamos las gracias a aquellos bucólicos ecologistas, tan monos ellos, con sus florecillas y sus infantiles carteles de «¡Nuclear no!» Treinta años después, vuelven a mi memoria cada vez que me llega la factura eléctrica. No con una sonrisa. Dice el clásico que quien quiere hacer el ángel acaba haciendo el bestia. Y alguien paga. ¿Quién? Nosotros.

Vecinos incómodos

La frase del año

Carlos ALSINA
Con permiso de Artur Mas y su pretenciosa «transición nacional catalana»; con permiso de Rajoy y su perseverancia, cual gota malaya, en exigir elecciones anticipadas; la frase que mejor resume la crónica política de 2010 la pronunció el presidente del Gobierno: «Cueste lo que cueste, me cueste lo que me cueste». Esta versión, con aroma churchiliano, de su anterior «¡como sea!» sintetiza la percepción que  el presidente tiene hoy de sí mismo: el profeta incomprendido que pide peana en el martirologio político de nuestro tiempo. Éste fue el año en que Rodríguez Zapatero le ganó la moción de censura a ZP; el año en que se desmembró a sí mismo y reclamó méritos; el año en que, por fin, comprendió que a su nuevo adversario, el mercado de préstamos, no podía ganarle con las armas con que había vencido a todos sus rivales anteriores. Ni el verbo generoso, ni las maniobras tácticas, ni la satanización del enemigo rindieron fruto. Jugó a presentarse como el hombre araña que se enfrenta a los ricos y poderosos y acabó rompiéndose la crisma contra un bordillo. «Me cueste lo que me cueste» significó, para él, sacrificar el personaje anterior, desarbolado, y alumbrar esta nueva criatura que anhela la absolución de la Historia erigiéndose en gran reformador, el capitán que alcanza a ver tierra firme al otro lado del océano, el gurú cuestionado por la miope soldadesca. Ha cruzado ya la línea que sus precedesores también cruzaron: contempla el desafecto ciudadano en las encuestas y, cuanto más rechazo percibe a sus políticas, más estímulo encuentra. Le espolea saber que el timón es suyo aunque tenga al pasaje amotinado. El pueblo goza del linchamiento porque ignora todo lo que él conoce, porque piensa que ha perdido el oremus ignorando lo próximas que están las Indias. Así como hay políticos que se alimentan de la luz de los focos –Bono–, así como los hay que engullen hojas de calendario –Rajoy–, los hay que viven de las expectativas, de la imagen torcida que les devuelve su espejo y que les hace verse como prohombres corajudos que se atreven con todo lo que otros, antes, rehuyeron. Zapatero se ve a sí mismo como el líder valiente que transita caminos inexplorados. En su primera Legislatura ignoró la economía porque su empeño eran las reformas sociales –el matrimonio homosexual, la ley integral de la violencia doméstica y la dependencia–, lo más solvente, sin duda, de su mandato. Soñó con certificar el final de ETA y fabuló con el apaciguamiento definitivo de las tensiones territoriales. Ahora empieza a ver el estado autonómico como un engorro y busca nuevas cimas en las que poder clavar su bandera. Su nuevo programa de gobierno, más próximo al Fondo Monetario Internacional que a la Internacional Socialista, promete prosperidad y solvencia para los próximos veinticinco años. A él, como a Gaudí, lo atropellará el tranvía, pero confía en que la Historia reconozca, le cueste lo que le cueste, su autoría en la Sagrada Familia.

La necesidad de un relevo rápido

 por Jordi Sacristán
Anoche mientras escribía la información sobre las elecciones catalanas me sorprendió la capacidad de los grandes derrotados (PSC y ERC) para asumir la victoría de CiU. Seguro que, con las encuestas en la mano, ya lo tenían todo previsto, pero para los votantes ver que las reacciones son rápidas es muy de agradecer.
Ahora lo que toca es realizar una rápida transicicón del Tripartito a CiU. Desde el mes de septiembre, las empresas catalanas han frenado todos sus proyectos a la espera de este cambio político y ahora tanto ganadores como perdedores tienne que trabajar a toda prisa para que la sucesión al frente de la Generalitat se produzca antes de final de año. Enero debe ser el mes de relanzamiento y CiU debería hacer todo lo posible para que los presupuestos prorrogados de 2010 no duren más allá de marzo. Los ajustes y las pocas reformas que se puedan hacer desde Cataluña deben realizarse a toda velocidad. Ya llevamos demasiados meses de atonía y hay que dar un mensaje claro de que el nuevo president, Artur Mas, no ha conseguido nada todavía. Sólo ha ganado las elecciones y ahora tiene la obligación de demostrar que es un buen timonel.
Las finanzas públicas están muy mal, el endeudamiento muy alto, pero hay soluciones y fórmulas para conseguir ingresos de de donde parece que no hay. Para eso deberá rodearse de los mejores y en sus partido no siempre lo entenderán. CiU ha recuperado la Generalitat, pero pensar que es su casa y que es un derecho adquirido estar ahí sería un error que los catalanes no podemos permitirnos. Han ganado para trabajar y sacar al país de la crisis. eso no hay que olvidarlo.

Otro 'listillo' . . .

ERC enchufa altos cargos en el CAR

Los trabajadores denuncian "la incorporación de nuevas caras con una altísima remuneración"
 
Pruna, Niubò y Carod-Rovira, en una foto de archivo

 
 
Trabajadores del Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat (CAR), que depende del Departamento de Vicepresidència, han denunciado "la incorporación de nuevas caras con una altísima remuneración" mientras que "a los trabajadores nos han aplicado el recorte salarial del 5% por la crisis económica".


En una carta enviada a la Secretaría General del Deporte, Anna Pruna, el pasado 1 de diciembre señalan que "son contrataciones fuera del marco regulado por el Convenio Colectivo vigente, al tiempo que no se han repuesto adecuadamente las bajas producidas por diferentes motivos con la consecuencia pérdida de capacidad productiva en lugares clave".
En este sentido, el comité de trabajadores del CAR también ha denunciado que "a una de estas nuevas incorporaciones se le han aplicado mejoras económicas por medio del Consejo de Administración" y añaden que "se le reconoce la antigüedad desde 1998 con el agravante de que no trabaja físicamente en el CAR, sino que lo hace a la Secretaría General del Deporte".


"La suma de estas condiciones económicas -apuntan- son superior al recorte salarial total del resto de trabajadores". Por todo ello, creen que "estas nuevas incorporaciones dudosamente justificables y productivas para los intereses del centro, no respetan las escasas posibilidades de promoción interna".
Por otra parte, los trabajadores también han denunciado que "habrá una duplicidad de personal" con la puesta en marcha del nuevo módulo polideportivo porque la gestión del nuevo personal "será prácticamente la misma que está llevando a cabo actualmente el personal cualificado del CAR".


Los denunciantes han añadido que "no entendemos tampoco la rapidez a la hora de sacar a concurso la gestión del centro tecnológico que aún hay que empezar a construir, y más teniendo en cuenta que una vez más se ha dejado totalmente de lado la experiencia de los científicos del CAR en el ámbito del Centro Tecnológico".

De unos trabajadores de la información, a unos "vagos" en directo

Para toda una generación



Francesc-Marc Álvaro
En el momento de anunciar oficialmente las elecciones del 28 de noviembre, José Montilla hizo una declaración solemne dirigida a todos los potenciales electores catalanes, que ahora vale la pena recuperar: "Con vuestro voto, decidiréis mucho más que una mayoría, un presidente o un programa de gobierno. Decidiremos qué camino debe seguir Catalunya, no en una legislatura, sino seguramente en toda una generación. Pido a los ciudadanos que se informen bien, que piensen en la consecuencia de su voto y decidan en libertad". Y los ciudadanos decidieron libremente otorgar una mayoría holgada aunque no absoluta a Artur Mas para gobernar el país.

Así pues, a decir del president Montilla, esta vez hemos decidido también el camino para toda una generación, esto es, para, al menos, 15 años.

La etapa política que ahora comienza, amarrada a transformaciones de gran calado de orden tecnológico, social y cultural, promete cambios de enorme alcance histórico, más allá y mas acá de los objetivos que se marque un gobierno. Pienso que la intuición del mandatario saliente era buena y lo sigue siendo.

La política es, además de otras cosas, el control eficaz de los tiempos.

Sin él, todo se derrumba. El primer tripartito fue víctima de un tiempo vertiginoso y compulsivo, mientras que el segundo tripartito, por temor al ruido, congeló las decisiones importantes de tal modo que, finalmente, frenó el discurrir de los acontecimientos hasta hacer de la vida institucional algo lento y espeso. Sería injusto e impreciso decir que todo se paró, pero el día a día oficial se ralentizó y, presidido por la inercia, dedicó la mayor parte de sus energías a resistir. Cuando Pasqual Maragall levantó la bandera del nuevo Estatut, pareció que la historia tomaba velocidad, tanta que casi nos salimos de la carretera. Queríamos recorrer más trecho en un solo año que durante los veintitrés que gobernó Jordi Pujol. Luego, con la presidencia de Montilla, se impuso una desaceleración que, inevitablemente, transmitía cansancio, incluso cuando no lo era. La manifestación del 10 de julio de este año en contra de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut fue, además de un gesto de dignidad colectiva, un intento implícito de fabricar un tiempo nuevo en Catalunya, menos sujeto a la táctica cortoplacista de unos y otros. Pero, en democracia, los rituales establecidos son palancas de manejo del tiempo. Y el gran ritual que nos rige y nos modela es la cita con las urnas.

Si tuviera que quedarme con una sola frase de las pronunciadas por Mas durante estos días escogería, sin duda, la que rompe más claramente con el pasado: "Yo no siento que vuelvo, siento que llego". El tripartito no fue un paréntesis anómalo en una continuidad de gobiernos nacionalistas. Sólo fue una alternancia que salió mal y que, a su vez, termina a manos de otra alternancia, no de una restauración. Mas no ha venido para retomar un relato que no es el suyo, como si estuviéramos en el 2003. Regresar al poder es ser un mero continuador/ resucitador de una época que ya es historia - se llame esta pujolismo o maragallismo-,mientras que llegar es edificar un tiempo y un relato nuevos, a partir de una interpretación diferente, arriesgada, de la realidad. El mundo del cual Pujol tenía claves afinadas ya no existe, es obvio. De ahí que el fichaje de Ferran Mascarell deba leerse no únicamente como una jugada maestra en el tablero de la competencia partidista. Tiene otro valor, menos circunstancial, más profundo. El nuevo conseller de Cultura, otrora enfrentado al pujolismo, se suma al proyecto de Mas porque este constituye una síntesis inédita que, sin negar su origen, supera premisas heredadas y abre el compás a nuevas geometrías. El que sólo vea en esto un calco sociovergente es que hace tiempo que no escucha lo que se dice en la calle y en muchos despachos. La complejidad invita a explorar nuevas complicidades, que no satisfacen a quienes tienen de la política un concepto rígido, doctrinario y atrincherado. De estos los hay en todas las siglas, desgraciadamente.

La generación catalana que ha vivido casi toda su existencia adulta en libertad y que votó por primera vez en 1977, en las primeras elecciones después de la dictadura, es la generación del nuevo president de la Generalitat, según confesó él mismo durante el acto de toma de posesión. Escribió Ortega y Gasset que cada generación consiste en "una peculiar sensibilidad". Si ello sigue siendo cierto, una de las tareas de Mas y de su Govern, y no la menor aunque la menos visible, será conectar con la sensibilidad de los que hoy constituyen el grueso más activo de la sociedad y con la de los que lo serán mañana. Gobernar para las futuras generaciones y no para las próximas elecciones, ¿recuerdan? Ello apunta a una revolución en las formas y maneras de relacionarse con el ciudadano, para conjurar la mezcla de tres sustancias altamente peligrosas: el desaliento que genera la crisis económica, el cinismo que nace de la desafección democrática y la inseguridad que emana de la sospecha generalizada hacia los políticos y los funcionarios públicos. En el caso catalán - y específicamente catalanista-debe añadirse un cuarto elemento, que atraviesa los tres restantes y los colorea: el hartazgo que provoca la sensación de que el Estado que sufragamos y dice protegernos es, a todas horas, beligerante contra los intereses de Catalunya y los catalanes, desde - por ejemplo-las inversiones ferroviarias hasta el doblaje del cine. Esta dinámica hace que todo gobernante de aquí deba ser a la vez mecánico, psicólogo y mago. Como mínimo.

¿El camino para toda una generación? De momento, bastará con que el nuevo Govern lleve buen ritmo y evite los tiempos muertos.

martes, 28 de diciembre de 2010

Els millors?












Recordeu!

Curiosa forma de afrontar un pacto

 Fernando Ónega

La pelota de los pactos vuelve a estar sobre el tejado de la política española. Un año más, el rey Juan Carlos ha pedido que las reformas sean hechas entre todos, y parece que ha tenido algo más de eco que en ediciones anteriores. Por lo menos provocó reacciones, aunque escasamente alentadoras. El PSOE no pudo evitar una apropiación del mensaje real, desde el momento en que su portavoz Elena Valenciano dijo que el Rey suscribía las reformas planteadas por Zapatero. Desde el Partido Popular se aprovechó la invitación para enviar estos mensajes: Rajoy siempre estuvo dispuesto al acuerdo, pero el actual presidente es el «gran tapón» para intentar un pacto, según declaró ayer mismo Javier Arenas; Mariano Rajoy, no el jefe del Gobierno, será quien presente todo un muestrario de reformas para que el Gobierno se sume a ellas; y el clima de entendimiento entre ambos partidos se ha visto antes de la reunión del pacto antitransfuguismo, donde ambas fuerzas políticas se acusan de amparar a tránsfugas y acogerlos en sus filas.
Quizá salga bien, lo ignoro. Hay incluso un buen antecedente en el último pleno del Congreso, donde Rajoy se ofreció para consensuar la política europea, y Zapatero adoptó una postura conciliadora. Pero las últimas declaraciones muestran una curiosa forma de afrontar el desafío. Las claves de las dificultades son, de mayor a menor:
1) Que estamos en el tiempo que estamos, a seis meses de unas elecciones municipales y a quince meses de las generales, y no es tiempo de generosidad. En conversaciones privadas se reconoce que ya no se puede pactar nada.
2) Que Zapatero ha entrado en una fase en que se considera ungido de una voluntad reformista que se ha constituido en su gran baza política para rehabilitarse ante la sociedad, y no le otorga especial valor al hecho de sacar adelante sus reformas a través del pacto. Ahora quiere pasar a la historia como el gran renovador.
Y 3) Que el Partido Popular, tan bien situado en las encuestas, se resiste a regalar nada a su adversario y a darle con ello vida a Zapatero. Por eso, solo se sentará a hablar sobre las reformas que el propio Rajoy haya proyectado o al menos inspirado. Se resiste a reconocer que la iniciativa política le corresponde al Gobierno de la nación.
Así está el cuadro de posibilidades. Frente a ellas, las necesidades de la nación: más urgentes que nunca. Haría falta una enorme presión de la opinión pública para mover posiciones tan asentadas. Y haría falta, sobre todo, un poco más de sentido de Estado. Pero, si invocas ese concepto, el poder se considera que lo tiene en exclusiva. Y la oposición alega: la única vía es que Zapatero presente su dimisión. Todo es una desgracia para este país?

Secuestrar el futuro

El Ibarretxe catalán, acompañado por Jordi Pujol, tiene en sus manos el devenir de Zapatero


De un nacionalista nunca se sabe lo que va a hacer, pero sí lo que no va a hacer. En el caso del molt honorable Mas se tienen suficientes certezas como para prever la institucionalización del desacato, la normalización del regateo, el incumplimiento premeditado de las sentencias y la relativización de las leyes. De hecho, la primera providencia del president Mas ha sido la de prometer el cargo a la batasuna, con una morcilla, que es lo propio en un teatrillo. Toda una arquitectura legal para que el «constructor» de Cataluña (así se define) se salte el protocolo y lo que no está en los escritos para vincular sus errores a los designios de la Historia. Promete el cargo «con plena fidelidad al pueblo de Cataluña», adenda que es la regla para cualquier excepción que se le ocurra, desde poner en solfa al Estado con el concierto económico hasta declarar inaugurada una nueva «transición nacional». Entre enmiendas a la Constitución, butifarras a los jueces y morcillas como fórmulas legales, Mas mantiene abierta la casquería del tripartito, ahora una reducción sociovergente frente a la complejidad de una sociedad que vota lo que quiere para que los partidos pacten lo que se les antoja, una reinterpretación electoral de la que se deduce que nada ha cambiado, que la Carta Magna es papel mojado, que España no existe, que el castellano es un idioma hostil y que la secesión es cuestión de tiempo. No se esperaba menos de quien conoce el precio de la política desde mucho antes de que se lo mostrara Zapatero en una timba monclovita cuando lo del Estatut.
Convertido el Parlamenten lo más parecido a una asamblea de ERC, Mas encabeza una rebelión contra el Tribunal Supremo, pone precio a la continuidad de Zapatero y remueve los cimientos del Estado de las Autonomías con la abstención cómplice del grupo socialista en pleno. La derrota parece un armisticio en vez de una capitulación, con retiros dorados y hasta una consejería, la de Cultura, para los conversos. A cambio, el mando a distancia de España, desde la estabilidad política a las circunstancias del mercado. ¿Una mayoría absoluta del PP? «Dios no lo quiera», respondía Mas. Cualquier mayoría absoluta, menos la propia, es la peor de las pesadillas de un político, y más para quienes han convertido la ideología en una cuestión de oportunidad.
El Ibarretxe catalán, acompañado en todo momento por Jordi Pujol, tiene en sus manos el devenir de Zapatero, pero ha pedido rescate por el futuro de España. Quiere las llaves de la caja (única), su parte de Aena, el oro de Moscú, inmunidad diplomática, impunidad total y la mitad más uno de puestos en el Constitucional, entre otras prendas a mayor gloria de la «plenitud nacional» de Cataluña, aspiración primaria que agita como prueba de vida en ese secuestro del futuro de un país entero. Obviamente, los derechos individuales, la legalidad, la moralidad y hasta la urbanidad democráticas no van a suponer ningún obstáculo en este «remake» del pujolismo, del que el tripartito no fue sino una consecuencia natural en un momento de despiste después de 23 años. Tras el interinazgo charnego, el nacionalismo de segunda generación se abalanza sobre el Estado con la obstinación de los pioneros, al abordaje y sin cuartel. La rueda del chantaje nunca deja de girar y si antes era el tripartito con el Estatut, ahora será un prospecto de Pujol con el mentón de Kent (el compi de la Barbie) quien reparta las cartas, el «dealer» de una partida con ases en la manga.

Falangismo progre

Carlos Rodríguez Braun
Alguien ha llamado a Alfonso Ussía «falangista» porque es de derechas. Alfonso ya ha respondido en nuestras páginas con demoledora elegancia. Pero hay una dimensión política adicional del asunto que conviene subrayar: el falangismo, como las variantes del fascismo, no es particularmente conservador ni de derechas. En cambio, los fascistas compartieron gran parte de su credo con los socialistas, desde la reforma agraria y la educación pública hasta la Seguridad Social, desde el salario mínimo hasta la redistribución de la renta, desde los absurdos derechos de los animales hasta las campañas histéricas contra el tabaco y a favor de una alimentación sana. En economía, la socialdemocracia confluye con Falange en la búsqueda de un punto intermedio entre el mercado y el Estado. Es curioso que la izquierda se declare en las antípodas de los nazis cuando tienen tantas cosas en común, empezando por el rechazo a los judíos. Socialistas y fascistas están muy unidos en contra del liberalismo, eso sí. Es un enemigo común que explica el trasiego que ha habido entre progres y fachas, lo que es patente en España. Sin ese trasiego, y dado que la oposición no liberal al franquismo fue comunista y no socialista, aquí simplemente no se explica de dónde salieron tantos progres, como los que nos han dado siempre lecciones de progresismo desde el diario «El País», sin ir más lejos y, seamos elegantes también, sin dar nombres.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Arte de hacer dinero


¿Quién puede ser tan animal que prefiera el cobro de derechos de autor a la presencia sin límite de los posibles lectores?

La red es el universo. Duplicado. Su calco fiel. Es, pues, la biblioteca universal. Y las universales fonoteca y filmoteca. Entre otras infinitas cosas. Mejores y peores. Porque la red no distingue: es todo. Como la vida.
Me avergüenza la codicia que por sus derechos de autor exhiben muy progresistas cantautores y muy subvencionados cineastas. Empezando por Sinde. La red irrumpió como el más perfecto paraíso del saber que haya podido soñar «creador» (perdóneseme el pretencioso palabro) alguno. ¿En qué sueña el Flaubert que reescribe diez, cien veces una misma página, hasta tallarla con la matemática del diamante? En que algún día —da igual si quien escribió no existe— los ojos de otro queden cegados por la pura belleza de las líneas que dicen esto tan mínimo: matices del amarillo sobre el cielo de Cartago, para apresar los cuales Flaubert gastó años de testarudez y oficio. Para ganar dinero hay otras cosas. Subvenciones. Sinde a Sinde.
No, no hay para un escritor don comparable al de la red. La gratuidad del puro estar al alcance de todos. Comparado a eso, la invención de la imprenta parece un juego semicavernario. Pienso en los viajes agotadores, en las estancias incómodas, en las horas de búsqueda que me han sido precisas para acceder a ciertos textos especialmente raros del siglo XVII, que es el único al cual he juzgado digno entregar mi vida. Textos atrincherados en los fondos de acceso más restringido de algunas de las grandes bibliotecas europeas o norteamericanas. Hoy, cuando llego a clase, basta entregar a mis alumnos la relación de los links que dan acceso a esos libros. Si el wifi de la Complutense fuera sencillamente aceptable, podría, sin más, ir señalando cada día, en las páginas mismas de esos recónditos tesoros, los pasajes compartidos con cualquiera que se tomara la molestia de traerse a clase su iPad o su portátil. Es el mayor milagro en la historia de la inteligencia humana. ¿Quién puede ser tan animal que prefiera el cobro de derechos de autor a la presencia sin límite ante todos los posibles lectores, no de hoy sino de cualquier tiempo futuro?
¿Son los «artistas» distintos? ¿Tan alta es su excelencia que debemos entre todos pagar su distinción? ¿A qué llamamos «artista»? Cézanne se quemaba los ojos buscando retener el instante sagrado de una sombre sobre la Montaña Sainte-Victoire. Vermeer dejó pintados apenas 37 cuadros que hayamos identificado, entre ellos esa «Vista de Delft» a la cual hace Proust proclamar por su dandy Bergotte agonizante, en La recherche du temps perdu, la quintaesencia del refinamiento pictórico. El arte es la suplencia verosímil de lo sagrado. O no es. Nada. Maravillosa imagen de André Malraux, al final de su reflexión estética, Las voces del silencio: la monstruosidad de ese animal enfermo que es el humano alza su frágil dique de contención en la obra de arte; en ella «el delirio disperso del monstruo de sueños se ordena en imágenes soberanas, y la pesadilla saturnal toma figura de sueño acogedor y pacífico». Y «nos hace soñar en la primera noche glacial en la cual una especie de gorila se sintió misteriosamente hermano del cielo estrellado».
Hoy, el cielo estrellado les sirve a los de Sinde para ir haciendo caja.

El sabor agridulce del adiós

Montilla cobrará más de cien mil euros anuales, con oficina, personal y coche oficial. 

En Baleares, Murcia, Cantabria o Aragón, el ex presidente no tiene sueldo

IOLANDA CARDO

La despedida en la presidencia de una Comunidad no es igual para todos. Al contrario. El día después de abandonar el despacho puede vivirse de muy distintas maneras. El coche oficial seguirá a la puerta, o no; y el sueldo se puede mantener, cambiarse por otro más modesto o desaparecer. La normativa y los usos que las Comunidades aplican sobre la figura del ex presidente son tan variados que van del todo a la nada. Los consejos consultivos son en ocasiones el destino de quienes han ostentado la máxima representación autonómica y los más afortunados hasta mantienen un despacho y coche oficial.
 
Montilla, a la salida del Parlament, el día 26
Cataluña es, sin duda, la Comunidad más proteccionista en este sentido. El ya ex «president» de la Generalitat José Montilla dejará el cargo con el 80 por ciento del sueldo —135.000 euros brutos anuales— durante dos años, en virtud de la Ley de ex presidentes aprobada en 2003, coincidiendo con la retirada de Jordi Pujol. De hecho, fue la primera ley aprobada por el tripartito y Pasqual Maragall fue su principal impulsor, empeñado en investir de mayor reconocimiento a la figura del ex presidente, que Pujol no se planteó en sus 23 años al frente de la institución.
La normativa empleada entonces, que da amparo a Pujol y Maragall y a la que se acogerá a partir de enero Montilla, establece para los ex presidentes del Ejecutivo y del Parlamento catalán, y también para los ex consejeros, el 80% del sueldo asociado a su cargo durante la mitad del tiempo que lo hayan ostentado hasta un máximo de dos legislaturas y el 60% del sueldo a partir de la jubilación. Sin embargo, tanto Pujol como Maragall dejaron la Generalitat superados los 65 años, por lo que no recibieron el 80% del sueldo que sí recibirá Montilla, 56 años, a no ser que tras el congreso del PSC del próximo otoño asuma nuevas responsabilidades públicas o privadas.
Los ex presidentes catalanes tienen derecho, sin límite de tiempo, a disponer de tres personas a su servicio, con dedicación especial, además de una dotación presupuestaria para gastos de oficina, atenciones de carácter social y, si es necesario, para alquiler de inmuebles. También cuentan con un vehículo de representación con chófer y servicios de seguridad. Estas atribuciones se han traducido en la oficina de Pujol en el Paseo de Gracia, la de Pasqual Maragall en el cruce entre Diagonal y Paseo de Gracia y, a partir de ahora, la de Montilla en la Rambla de Cataluña.
En Madrid, voluntario
Por contra, en la Comunidad de Madrid no existe un estatuto del ex presidente que fije los derechos a los que pueden acceder aquellos que hayan ocupado el sillón presidencial de la Real Casa de Correos, lo que afectaría solo a Joaquín Leguina (PSOE) y Alberto Ruiz-Gallardón (PP). La actual jefa del Ejecutivo madrileño, Esperanza Aguirre, decidió hace dos años la integración voluntaria de los ex presidentes en el Consejo Consultivo de la Comunidad, de la misma forma que el Consejo de Estado también incluye a los ex titulares del Gobierno central. Los estatutos del Consejo fijan que los ex presidentes serán miembros natos siempre que no ocupen un cargo público y les asigna un sueldo idéntico al de un consejero del Gabinete autonómico, es decir, 87.440 euros anuales. Solo Leguina permanece en esta situación.
Sin regulación
Tampoco en Asturias, Aragón y Murcia hay regulación específica que reconozca derechos salariales ni servicios oficiales para quienes dejan de ser jefes del Ejecutivo regional. Aragón aprobó la Ley del Presidente en 2009 y se barajó la posibilidad de fijar una paga para los ex presidentes, pero hubo polémica y se optó por no incluirla en el texto. En Asturias se quedó a expensas de una normativa posterior, pero no se ha llegado a redactar, así que quien abandona el cargo se convierte en un ciudadano más. Lo mismo ocurre en Murcia. En Baleares, cuando un presidente autonómico o un consejero abandonan el cargo no tienen ningún tipo de compensación económica. En Cantabria, el presidente pierde todos los privilegios asociados al cargo tras su cese.
Mientras tanto, en Canarias parece que va a ser el nacionalista Paulino Rivero quien saque adelante el Estatuto de los ex presidentes canarios. El Proyecto de Ley prevé que se les otorgue carácter vitalicio, un reconocimiento y lugar protocolario en todos los actos oficiales y los recursos materiales necesarios para su labor.
Un puesto en el Consejo
Los ex presidentes de la Generalitat Valenciana tienen derecho a una «oficina de apoyo» con dos asesores y coche oficial. Así se recoge en la ley de Estatuto de los Expresidentes. Junto a los medios materiales y humanos de la Generalitat Valenciana, sus ex jefes de gobierno ostentan, desde su cese, la condición de «miembros permanentes del Consejo Jurídico Consultivo de la Comunidad Valenciana», que tienen asignado un sueldo anual de 57.000 euros. En cualquier caso, ninguno de los expresidentes valencianos ha hecho uso hasta la fecha de las facultades ni de las retribuciones como miembros del Consejo Consultivo, por diferentes incompatibilidades.
En Castilla y León, la ley que rige el funcionamiento del Consejo Consultivo sí deja abierta la posibilidad a que de manera voluntaria entren a formar parte de este órgano con un sueldo de unos 60.000 euros, pero no todos lo han hecho. Así, mientras Demetrio Madrid o Constantino Nalda sí figuran en la nómina de consejeros, otros como Juan José Lucas, Jesús Posada o José María Aznar no han llegado a tomar posesión en este cargo.
La Comunidad castellano-manchega establece para los ex presidentes una Secretaría de apoyo, dotada con dos personas; oficina con los medios adecuados y coche oficial. Además, podrán ocupar por el equivalente a la mitad del tiempo en que hayan desempeñado el cargo un cargo como miembro nato del Consejo Consultivo de Castilla-La Mancha y «tendrán tratamiento de excelencia y ocuparán un lugar protocolario inmediatamente siguiente a los miembros del Consejo de Gobierno».
Hasta ahora, sólo José Bono, 21 años presidente de Castilla-La Mancha, se ha beneficiado durante dos años. Por su parte, José María Barreda, ha asegurado que cuando deje el cargo renunciará a estos derechos porque tiene previsto dedicarse a su función docente.
También el Consejo Consultivo es en Andalucía un retiro previsto para los ex presidentes, en este caso sin retribución. De cualquier forma el Estatuto andaluz reconoce una pensión del 60 por ciento del sueldo, actualmente fijado en unos 68.000 duros anuales, a partir de la edad de jubilación del ex titular del Gobierno.
Ibarretxe es lendakari
En el País Vasco, el ex presidente puede mantener el título de lendakari y el tratamiento de Excelentísimo. Tiene además derecho a disponer de una Secretaría de apoyo y coche oficial. Por indemnización por cese, el anterior presidente Juan José Ibarretxe recibió en 2009 y 2010 algo más de ocho mil euros. A ello se le añade la retribución por pensionista, que en su caso asciende a 48.759,05 euros.
Un 80 por ciento del sueldo —69.000 euros cobra actualmente el presidente navarro— con un máximo de dos años tienen derecho a percibir quienes hayan presidido la Comunidad foral de Navarra.
En Galicia, se concede a los inquilinos salientes del Pazo de Raxoi una compensación económica del 60 por ciento de su sueldo —71.000 euros— durante los dos años posteriores a su cese. Además, dispondrán de un asistente y un coche oficial por espacio de entre cuatro y diez años, dependiendo de si su mandato se extendió una o más legislaturas. En la modificación legislativa de 2007, se introdujo la alternativa de incorporar a los ex presidentes al Consello Consultivo de la Comunidad. A día de hoy se han beneficiado de esta posibilidad Emilio Pérez Touriño y el primer presidente de la autonomía, Gerardo Fernández Albor.
En La Rioja, el cese como presidente supone una indemnización similar a la de un despido improcedente. En la actualidad, el presidente percibe un sueldo de 71.000 euros anuales.
Finalmente, en Extremadura los ex presidentes pueden disfrutar de una paga del 80 por ciento del salario —actualmente 54.000 euros anuales— durante la mitad del tiempo que han permanecido en activo como jefes del Ejecutivo extremeño. Cuando llegan a la edad de jubilación, se les reconoce igualmente el derecho a percibir una pensión permanente igual al 60 por ciento del sueldo que cobrarían si fueran presidentes.
Información realizada por: I. Anguera, G. Zanza, R. Pérez, J. M. Aguiló, J. Reyes, D. Martínez, I. Gimeno, I. Reyero, G. Moreno, J.L. Jiménez y S. Barrado