Jordi
Llovet (Barcelona, 1947) denuncia que "la universidad por dentro es
un desbarajuste, can seixanta" en una entrevista con e-notícies en su
domicilio particular, un segundo piso lleno de libros en pleno Eixample
de Barcelona. Llovet,
como ya hizo en su libro Adiós a la universidad (Galaxia Gutemberg),
critica las "capelletes" , la rutina de los" jefes de estudios" y que "cuesta encuentrar planes de estudios coherentes", pero sobre todo "el final de la autoridad".
En
cambio, defiende a capa y espada a los maestros: "Si usted cogiera a todos
los profesores de secundaria y los pusiera en la universidad, la
universidad saldría ganando, pero si los profesores de universidad los
pasara a la secundaria se acabaría de hundir" . El
autor se queja, en efecto, que los profesores de universidad
"investigan mucho, son muy sabios", pero cuestiona la relación que
tienen con los alumnos.
Llovet
considera, por otra parte, que la educación "lleva 200 años de retraso
en España" y que "la gran oportunidad para hacer una reforma educativa a
fondo en España la tuvo el gobierno socialista de Felipe González". "Parece mentira que no lo entendieran personas que venían de una tradición progresista", insiste.
"CiU
también tuvo la misma oportunidad en primaria y secundaria", pero donde
se muestra más crítico es con la introducción de los ordenadores en las
aulas "de forma indiscriminatoria", durante el periodo de Ernest
Maragall en el Departamento de Educación.
"Se
pensaban que el ordenador resuelve la vida", afirma aunque, en su
opinión, "los chicos empezaron a chatear entre ellos dentro del aula". "Es mejor un profesor con una pizarra y una tiza y que los alumnis pregunten", continúa.
El
catedrático de literatura comparada, que se acaba de prejubilarse de la
Universidad de Barcelona, se muestra muy crítico con la pedagogía
actual porque "enseñar a los niños a subir a los árboles, hacer
castañadas, ir a buscar caracoles y jugar con la plastilina ha hecho mucho
daño" y lamenta que "la educación no sale nunca en las encuestas "y
destaca que, en cambio," en sociedades como la finlandesa, la coreana
del sur o la japonesa es fundamental ".
"Me
da igual que lo haga un gobierno de derechas o de izquierdas pero lo
que quisiera es que en este país cualquier gobierno decidiera abordar el
problema de la educación", destaca. "Durante
los pocos años de la II República parecía que cogíamos el tren, sobre todo
en Cataluña, vivíamos en un momento dulce de la pedagogía, pero la
Guerra lo truncó todo".
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