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sábado, 21 de enero de 2012

"La universidad es un desbarajuste"

Jordi Llovet, en su domicilio, con el libro que acaba de publicar en primer plano.
Jordi Llovet, en su domicilio, con el libro que acaba de publicar en primer plano.
 
Jordi Llovet (Barcelona, ​​1947) denuncia que "la universidad por dentro es un desbarajuste, can seixanta" en una entrevista con e-notícies en su domicilio particular, un segundo piso lleno de libros en pleno Eixample de Barcelona. Llovet, como ya hizo en su libro Adiós a la universidad (Galaxia Gutemberg), critica las "capelletes" , la rutina de los" jefes de estudios" y que "cuesta encuentrar planes de estudios coherentes", pero sobre todo "el final de la autoridad".

En cambio, defiende a capa y espada a los maestros: "Si usted cogiera a todos los profesores de secundaria y los pusiera en la universidad, la universidad saldría ganando, pero si los profesores de universidad los pasara a la secundaria se acabaría de hundir" . El autor se queja, en efecto, que los profesores de universidad "investigan mucho, son muy sabios", pero cuestiona la relación que tienen con los alumnos.

Llovet considera, por otra parte, que la educación "lleva 200 años de retraso en España" y que "la gran oportunidad para hacer una reforma educativa a fondo en España la tuvo el gobierno socialista de Felipe González". "Parece mentira que no lo entendieran personas que venían de una tradición progresista", insiste.

"CiU también tuvo la misma oportunidad en primaria y secundaria", pero donde se muestra más crítico es con la introducción de los ordenadores en las aulas "de forma indiscriminatoria", durante el periodo de Ernest Maragall en el Departamento de Educación.

"Se pensaban que el ordenador resuelve la vida", afirma aunque, en su opinión, "los chicos empezaron a chatear entre ellos dentro del aula". "Es mejor un profesor con una pizarra y una tiza y que los alumnis pregunten", continúa.

El catedrático de literatura comparada, que se acaba de prejubilarse de la Universidad de Barcelona, ​​se muestra muy crítico con la pedagogía actual porque "enseñar a los niños a subir a los árboles, hacer castañadas, ir a buscar caracoles y jugar con la plastilina ha hecho mucho daño" y lamenta que "la educación no sale nunca en las encuestas "y destaca que, en cambio," en sociedades como la finlandesa, la coreana del sur o la japonesa es fundamental ".

"Me da igual que lo haga un gobierno de derechas o de izquierdas pero lo que quisiera es que en este país cualquier gobierno decidiera abordar el problema de la educación", destaca. "Durante los  pocos años de la II República parecía que cogíamos el tren, sobre todo en Cataluña, vivíamos en un momento dulce de la pedagogía, pero la Guerra lo truncó todo".