Skyline de Barcelona, hoy

viernes, 9 de marzo de 2012

Incongruencias y sinvergonzonerías

Inocencio Arias
Leemos con un tanto de estupor que La Rioja ha dado un paso histórico: es la primera comunidad en “acogerse a la Embajada de España en Bruselas". Su Oficina en la capital belga se aviene a integrarse en la de España, su representante tendrá un 'acceso privilegiado' al Embajador y, además, contará con la colaboración de los representantes de todos los ministerios.
Los que nos hemos pasado 42 años en las Embajadas españolas alucinamos un tanto. ¿A quién defendíamos todo este tiempo? ¿A los habitantes de Marte? ¿Nos eran ajenos los de la Rioja? ¿En qué empleábamos nuestro tiempo sino en proteger a una gallego, intentar que una bodega riojana consiguiera unos clientes, apoyar a un industrial catalán que quería montar una fábrica textil en Marruecos? ¿Nos rascábamos la barriga y ahora que la Rioja ha firmado un convenio con el ministro Margallo nuestro celo se va a despertar a favor de los riojanos? ¿Qué va a pasar si las demás Autonomías se avienen magnánimamente a acogerse a la Embajada de España? ¿Se les dará ese 'acceso privilegiado' al Embajador? ¿Acaso no se preocupaba el Embajador de sus intereses?
Es una nueva incongruencia de nuestra situación política y de las alegrías de las Comunidades. No es menor incongruencia oír del Presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores que el gobierno debería suprimir determinadas Embajadas y crear la figura del 'Embajador portátil' para  ahorrar el costo de tener una fija, con edificios, personal, coche etc... Habrá que considerar la factibilidad de la propuesta, donde reside ese Embajador portátil, si se queda en España, si se acoge a la Embajada de la Unión europea en el país en cuestión, si será recibido igual por las autoridades locales etc... pero  la propuesta no es desdeñable porque no hay un duro. Lo que chirría un poco, la incongruencia,  es que el proponente, el Sr. Durán y Lleida indique juiciosamente que el Estado debe ahorrar en su despliegue exterior, encomiable propuesta, pero el gobierno de su partido en Cataluña, en momentos de apuros económicos, no tome la misma determinación para las 'embajadas' de Cataluña en el exterior. Con frecuencia, dada la existencia de una eficiente Embajada española, representan un despilfarro de recursos. A no ser, claro, que el objetivo que se persigue es demostrar en el país en cuestión que Cataluña es un ente que no se debe en absoluto confundir con España. Para el que pueda pensar así, el desembolso vale la pena.Para la unidad de nuestra acción exterior y la efectividad resulta dudoso
Las sinvergonzonerías vienen con la catarata de chanchullos que cada día nos asombran en Andalucía. La frase de la presidenta de la sociedad Invercaria en el sentido de que si ella tuviera inquietudes éticas no estaría esa Agencia de crédito oficial andaluza rebasa todo lo imaginable. Debería constar en una antología de frases   de la picaresca nacional. Los defensores de los escándalos arguyen inmediatamente que en otras autonomías también cuecen habas y que es muy sospechoso que esto aparezca en plena campaña electoral andaluza.
La defensa es pobretona. ¿Es menos censurable porque emerja en la campaña electoral? Los hechos permanecen y lo que distingue lamentablemente Andalucia en esta ocasión es a) la proliferación, la abundancia  de los escándalos alrededor de instancias oficiales, b) el volumen de los fondos envueltos, hablamos siempre de millones de euros y c) la naturaleza perversa de lo que se denuncia, es decir, en momentos en que Andalucía tiene un número angustioso de parados se desvía dinero destinado a estos parados para enriquecer a un puñado de amiguetes o de afines al partido en el poder.Insólito. Algo que da bochorno.
Aunque nos hemos acostumbrado a esta clase de los chanchullos de los partidos políticos, estado anímico que es un triste reflejo de nuestra sociedad, el caso de los ERES andaluces es especialmente vergonzoso y encuentro curioso que un buen número de políticos del partido socialista no hayan salido ya a la palestra a denunciar el asunto, a decir: "no nos confundan con esas docenas de gente inmoral, los socialistas no somos así". El silencio es ensordecedor y, de nuevo, una penosa muestra de nuestro ambiente político.