Cuando en el diario «El País» creíamos que habíamos cometido un delito informativo venía al despacho del director el presidente de la Audiencia Nacional, Clemente Auger, amigo, al que Javier Pradera tildaba de «juez loco». Javier y yo nos habíamos conchabado para que si nos daba por delinquir lo hiciéramos cuando, antes de la Audiencia, nuestro juez estuviera de guardia en la Plaza de Castilla con lo que esperábamos algún tipo de clemencia sobre nuestras maldades.
Rubalcaba se ha puesto de los nervios con esto de la amnistía fiscal, como si nunca hubiera tenido que ver con ella,y Cándido Méndez dice que es una atrocidad.
En 1991 el PSOE de Felipe González procedió a una regularización fiscal que blanqueó 4.000 millones de euros fiscales, mientras el Banco de España ocultaba los tenedores del fraude. Carlos Sochaga, también ministro de González, creó las SIVAC para recortar la huida del dinero al extranjero, fiscalizándolas hasta el ridículo. Esto de las amnistías fiscales o judiciales se da en casi todo el mundo y no son motivo de alarma social. Son como las amnistías que Adolfo Suárez les dio tres veces a los etarras en un intento de rebajar la sangre derramada. No son para todos los días ni para todos los Presupuestos, pero útiles en momentos de crisis como la que estamos atravesando. La amnistía fiscal es como una pistola que solo se saca cuando te sientes morir. Es un arma financiera de la que no se debe abusar pero que tiene toda legitimidad. O eso o más IVA, que va para todos.
martes, 3 de abril de 2012
Amnistía fiscal
Martín PRIETO
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