La prensa nacional va a rebufo de la demagogia cañí
La izquierda de Rubalcaba calla y a Carlos Floriano le patina la lengua
Doña Sofía visita al Rey en el hospital durante menos de 30 minutos
Javier González Méndez
España es ese país en el que quieren cazar los mercados, en el que
organizan safaris los inspectores de Bruselas, en el que Rubalcaba se
pasa el día intentando cazar a Rajoy, en el que su Rey se va a cazar
elefantes y en el que la opinión pública y la opinión publicada ha
montado una cacería de su Rey. Esto no va de la Memoria Histórica, como
podíamos imaginar hace unos meses; esto va de Memorias de África a la
española. --¿Y a usted qué le parece que el Rey estuviera cazando elefantes?--
Se ha puesto todo Dios a practicar el tiro al Rey león, tras haber
afinado la puntería con cachorros descarriados como Urdangarín y
Marichalar. Hay miles, centenas de miles de salones de hogares, dulces
hogares españoles, en los que ya se está haciendo hueco en las paredes
para colgar el gran trofeo de caza mayor de una especie tan exclusiva,
tan inasequible, tan codiciada como un Borbón.
Se le había escapado al país la preciada presa de la Infanta
Cristina, que ya estaba prácticamente a tiro, y se ha encontrado de
repente con su padre a huevo, acorralado mediáticamente, acosado en las
tertulias y vulnerable en ese espacio abierto sociológico en el que la
Casa Real lleva tanto tiempo moviéndose con muletas.
¡La veda se ha abierto! Un pueblo, frustrado genéticamente por el
complejo de inferioridad colectivo de haber permitido que un dictador se
muriese plácidamente en la cama, se aferra ahora a la terapia de
efectos retardados de intentar darle jaque mate a un Rey.
La prensa internacional ha puesto más interés en hacerle vudú a Juan
Carlos I, que aquel que puso, in illo témpore, en removerle el suelo
bajo los pies al General Franco. La prensa nacional va a rebufo de la
demagogia cañí, de las nostalgias republicanas, de la indignación
justificada y del aplauso fácil de unos ciudadanos poseídos por el
espíritu on line de la Ilustración con dos siglos de retraso.
El Mundo con comillas se ha vuelto loco, loco, loco, como
aquel mundo cinematográfico de Stanley Kramer, y arremete sin pudor
contra el anfitrión de su director en tantas bodas reales: ¿qué hacía un
chico como tú, Pedrojota, en ceremonias monárquicas como aquellas? El
País con comillas se ha dado más PRISA que el propio ABC para reclamar
respeto a la intimidad de Juan Carlos I.
Ha ganado por la mano al periódico monárquico de toda la vida y ha
dejado a los herederos de Anson en estado de shock, saliéndose por la
tangente informativa de un parte médico en primera plana: "El Rey mejora
y ya se levanta con autonomía". --La izquierda mediática se pone morada con el accidente del Rey--
El centro- derecha de Rajoy calla y otorga, no se sabe a quién,
aunque a Carlos Floriano le ha patinado la lengua. La izquierda de
Rubalcaba calla y remite a una conversación privada con el cazador
cazado, aunque a Tomás Gómez le haya traicionado el subconsciente. Es el
mundo al revés.
El inescrutable mundo del reino de España, en el que la
socialdemocracia sigue bebiendo los vientos por la Zarzuela, el PP se
lava las manos como Pilatos, la izquierda radical resucita el sueño
perdido de que "España, mañana, será republicana" y las voces de Jiménez
Losantos y Sánchez Dragó --Sánchez-Dragó: "¿El Rey en Babia? Ahora diremos que está en Botsuana"-- esperan que este elefante gris del pasado 14 de abril, tenga más éxito que aquel "elefante blanco" de un lejano 23-F. --Losantos coge el fusil y sale de caza a por Zarzalejos y el Rey--
Los españoles están hechos un lío. Deben estar preguntándose si la
monarquía es cosa de derecha o de izquierdas. Por qué la mima tanto el
PSOE y le resulta tan indiferente al PP. Por qué el PNV la exorciza y
CIU da una de cal y otra de arena. Por qué parece que tanto pueblo la
repudia y luego se mantiene a flote en las aguas turbulentas del CIS.
¡Qué gran oportunidad para salir de dudas! Un elefante africano le ha
servido en bandeja a los españoles la oportunidad de echarle al fin un
par de narices: someter a referéndum una reforma de la Constitución del
78 afectada, tal vez, de vejez prematura. ¿Monarquía o República?
¿Senado o todas sus señorías a la calle? ¿Ley Electoral vigente o una
nueva ley de participación más directa, más valiente? ¿Se mantienen las
diputaciones o se cierran por derribo? ¿Estado de las Autonomías o un
ERE general autonómico? ¡Cuántos debates huecos, en falso, se podrían
evitar convocando a 46 millones de españoles a las urnas, a rediseñar su
futuro! ¡Quién dijo miedo habiendo democracia...!
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