Skyline de Barcelona, hoy

martes, 3 de abril de 2012

Muerte y redención en el hielo



Por:
SCOTT 
Tal día como hoy más o menos -es imposible estar seguros de la fecha exacta: no sobrevivió nadie para contarlo- moría hace un siglo en su lejana tumba de hielo flanqueado por sus compañeros el capitán Robert Falcon Scott, el gran perdedor del Polo Sur. En estas agitadas jornadas de recién estrenada primavera y rescoldos de huelga, cuando parece que deberíamos concentrarnos en otras cosas, no puedo dejar de pensar obsesivamente en el postrado explorador y en sus últimos momentos. Le imagino agonizante en su ajada tienda azotada por la ventisca de una manera que debía sugerirle -aunque era agnóstico- el batir de las alas de un ángel del destino enviado a recoger su alma desdichada y fría. Nunca lo he sentido tan cerca, a Scott. La semana pasada dejé unas flores y un cubito de hielo como ofrenda bajo su impresionante estatua en Waterloo Place en Londres (cerquita de la de otro héroe congelado, sir John Franklin). Su sepultura en la Antártida me pilla algo lejos.

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