Está muy bien eso de La Marató de TV3 sobre la pobreza. En serio.
Está muy bien porque durante un día, las organizaciones que luchan
contra los bocados del monstruo de la crisis han saltado al 'prime
time'. Y han podido mostrar, con orgullo, cómo trabajan para mejorar el
día a día de miles y miles de personas, uno de cada cinco catalanes,
que subsisten como pueden en ese limbo que está debajo del umbral de la
pobreza. Está muy bien porque algunas de las 288 entidades que han
presentado proyectos podrán arañar algo de efectivo (al cierre del programa habían recaudado más de cuatro millones de euros). Toda ayuda es buena.
Pero, con el president Mas y medio gobierno catalán de
teleoperadores, recogiendo las llamadas de los generosos ciudadanos, La
Marató se convierte en un acto de cinismo en la televisión pública.
La pobreza no es un monstruo llegado del espacio. La alimentan, cada
día, los recortes en sanidad, educación y políticas sociales de quienes
sonríen en el palco del Palau Sant Jordi mientras, en la pista, el Barça
catarí da espectáculo para la causa y, de paso, luce su nueva equipación de Nike.
No se puede hablar de la pobreza con honradez y obviar sus causas. Por eso, días antes de que se celebrara La Marató, un grupo de activistas de Sabadell
recicló el vídeo promocional del programa,
en el que cinco personas compartían cuatro sillas como símbolo de
solidaridad, para denunciar a quienes acumulan millones de esas sillas
amparados por las fuerzas de seguridad del Estado, simbolizados en unos
Mossos de paisano con brazalete identificativo.
'Sobren cadires' tenía, este domingo,
más de 120.000 visitas en Youtube. También ayer, frente a la
sede de La Caixa en la avenida Diagonal, el Mordor del 15M, se celebró una 'Marató de la Justícia' para, ahí sí, debatir sobre las causas y los culpables de la pobreza.
En pequeñas dosis, la cadena autonómica recibió el mensaje y dejó
pasar algunas voces críticas, como las del catedrádico Vicenç Navarro y
Ada Colau, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH),
que en el Telenotícies Vespre reclamaron impuestos progresivos y un
reparto justo del fondo público. En el programa maratoniano, Arcadi
Oliveras pudo criticar la desmesura de los gastos militares mientras se
rebaja la partida social. Hasta el propio presentador, Antoni Bassas,
cerró el programa recordando que su objetivo era echar una mano pero
que los verdaderos responsables de acabar con la pobreza están en los
parlamentos y las sedes de gobierno.
Desde la
web de la Federación Catalana de ONG para el desarrollo (FCONGD), que agrupa a organizaciones como Ayuda en Acción, Amnistía Internacional o Médicos del Mundo, entre muchas otras, Iolanda Fresnillo ironiza sobre el hecho de que
cuatro de las empresas que patrocinan La Marató (La Caixa, Abertis, Telefónica y Gas Natural) tengan sedes en paraísos fiscales
y recuerda que el fraude fiscal supone un expolio de las arcas
públicas, esas que deberían sostener a los más necesitados, de miles de
millones de euros.
Mucho más de lo que se recaudaría en miles de maratones.
Y cita al politólogo y sociólogo de la UPF Albert Salas, que por cierto
también participó en el macroprograma, para argumentar que, más allá de
invitarnos a compartir las sillas, "
faltaría abrir el debate sobre quien ha retirado la silla que falta. Quizás habría que buscar en las oficinas de algunas de las empresas patrocinadoras" de La Marató.
El lavado de cara es un clásico intrínseco a la comunicación corporativa empresarial
que podemos y debemos criticar y denunciar, pero cuando esa estrategia
salta a lo público el nivel de cinismo revuelve el estómago. El programa
solidario de TV3 estaba basado en cuatro ejes:
1. La asistencia, la misma que se ha reducido drásticamente con el 'tijeretazo' a la sanidad o a las políticas sociales.
2. La vivienda, porque cada día se ejecutan 21 desalojos en Cataluña.
Mejor dicho: los ejecutan. Lo hacen entidades como la generosa
patrocinadora del evento, La Caixa, entre otras. Y lo hacen porque los
gobiernos no impulsan leyes valientes que protejan a los ciudadanos del
fraude hipotecario y garanticen el derecho a la vivienda.
3. La inserción sociolaboral. El mismo día que se celebra La Marató
este mismo periódico publica un excelente reportaje del compañero Jordi
Ribalaygue sobre el cierre, por culpa de la retirada de ayudas públicas,
de algunos centros de ECOM, una entidad dedicada a volver a poner en
primer línea del mercado laboral a los discapacitados.
4. La infancia, la misma que se está quedando sin guarderías gracias al doble recorte, municipal y autonómico.
A estas alturas, no está de más recordar que el Govern dejó de ingresar 50 millones de euros al
suprimir el
Impuesto de Sucesiones
y, acto seguido, se defendió de las críticas argumentando que no tenía
más remedio que poner en marcha recortes sociales. O que la Taula del
Tercer Sector, que engloba a decenas de entidades y que también estuvo
muy presente este domingo en La Marató, ya
denunció
en enero que entre el recorte en ayudas al alquiler y el endurecimiento
del acceso a la Renta Mínima de Inserción (RMI) se destinan
30 millones de euros menos para la pobreza sólo en el presupuesto de este año.
Por eso y más lo de este domingo no fue más que un nuevo ejemplo de la política del escaparate, de la
caridad cristiana convergente, de tirar la piedra y donar tiritas, del
lavado de conciencia exprés,
de esa dinámica liberal de pedir al ciudadano que asuma las labores que
la administración se quita de encima, al estilo de los
voluntarios de Ana Botella.
Brauli Duart, presidente de la Corporació Catalana de Mitjans
Audiovisuals (CCMA) decía anoche que lo que demuestra La Marató es que "los catalanes somos un pueblo solidario".
Tiene razón. Sólo hay que fijarse en el trabajo de esas entidades que
han tenido en la televisión pública su espacio, las donaciones de
quienes apenas tienen para ellos mismos y el trabajo de personas como
las que ponen freno al drama de los desahucios a través de la PAH,
obviada durante los bloques del programa sobre el problema de la
vivienda. Quienes no lo son, porque lo demuestran sus políticas, son
quienes nos gobiernan. Por mucho que salgan en la televisión pública un
domingo barnizados de una pátina de caridad humillante.