Yo mismo con mi turismo

1 oct. 2016

¿Y si Rajoy no se presenta a otra investidura?


Pablo Sebastián

Vista la seria fractura política e ideológica del PSOE y la inestabilidad interna de este partido que hoy podría decidir la constitución de una gestora para dirigir a los socialistas, provocando la marcha definitiva Pedro Sánchez, no sería de extrañar que Mariano Rajoy decidiera no volver a presentarse a la investidura porque en esas circunstancias su gobierno y la legislatura en ciernes carecería de la mínima estabilidad.
Además, antes de que Rajoy acuda a la investidura el PP debe rehacer su pacto con C’S y CC, a sabiendas por otra parte -como saben en el PP- que esas terceras elecciones que parecen imparables iban a beneficiar al PP y probablemente a Podemos en menoscabo del PSOE y C’S.
Y si Rajoy no se presenta a la investidura la disyuntiva que ha lanzado Sánchez diciendo que una gestora del PSOE solo servirá para regalar a Rajoy la abstención de los socialistas se diluirá y quedará en la nada. Y en ese caso el PSOE mantendría el ‘no’ al PP (acordado en su anterior Comité Federal) y el avieso discurso de Sánchez contra los críticos de su partido quedará desactivado porque habría gestora y ‘no’ al PP y en consecuencia los puntos fuertes de los debates del Comité Federal de los socialistas serán los fracasos electorales de Sánchez y su abuso de poder.
De ahí que carezca de sentido y de oportunidad el intento de Sánchez de que los críticos se pronuncien a favor de la abstención del PSOE a una investidura de Rajoy sin antes saber si Rajoy está dispuesto a ser otra vez candidato. Lo que está por ver y lo que incluye riesgos muy altos para él y para el PP si acuden a la investidura con un PSOE roto -hasta en su grupo parlamentario- que luego no les va a dejar gobernar.
Ahora bien si Sánchez gana la votación del Comité Federal a favor de unas primarias para la elección del secretario general el 23 de octubre y la convocatoria de un congreso extraordinario para noviembre, en ese caso la ruptura política e ideológica del PSOE será imparable y las terceras elecciones también y responsabilidad directa de Sánchez que tampoco logrará -ni tiene tiempo para ello- formar un gobierno con Podemos y con el independentismo catalán.
Sobre todo porque tanto Rajoy como Iglesias no querrán un pacto de gobierno con un partido roto como el PSOE porque eso les llevaría a un gran fracaso en la legislatura. De hecho, Pablo Iglesias ya anunció que ve muy difícil el gobierno de la izquierda en las circunstancias actuales del PSOE, lo que constituye toda una señal.
Ahora bien si no hay investidura de Rajoy y sí terceras elecciones la pregunta que quedará en el aire es la de ¿quién en el PSOE asumirá la cabeza del cartel electoral para la cita esperada del 18 de diciembre? Desde luego quien lidere a los socialistas en esa cita electoral tiene un reto muy difícil de superar. Si hay gestora y es Susana Díaz puede que muchos de los votantes de la izquierda del PSOE se pasen a Podemos; y si vuelve a ser Sánchez tras ganar el Comité Federal, muchos votantes del centro socialdemócrata del PSOE se quedarán en su casa o se irán con C’S. En ambos casos el PSOE lo iba a tener muy difícil. Rajoy e Iglesias lo saben y por eso cabe imaginar que no se van a mover sino que se sentarán a ver qué ocurre en el PSOE y a esperar.

Si «ahora toca España», ¿qué tocabais antes?

Muchos analistas y prescriptores sociales, entre los que tengo la honra de encontrarme, llevábamos más de un año haciendo serias advertencias contra la obcecada irresponsabilidad de Sánchez, contra la deriva populista del PSOE y contra los poderes que, ganados en pactos incoherentes, comprometían la lealtad constitucional y los usos consolidados del sistema político de la transición. También habíamos diagnosticado -con dureza- la incapacidad personal de Sánchez para dirigir un partido sistémico como el PSOE. Y hasta habíamos identificado la crisis española -de gobernabilidad y fiabilidad- con la atrabiliaria estrategia urdida por los socialistas para vengarse de quien les había ganado las elecciones en contra de los caseros pronósticos de sus politólogos y editorialistas de cabecera.
La respuesta del PSOE, y de buena parte de la opinión pública, fue considerarnos unos reaccionarios al servicio del partido corrupto, unos anticuados inmunes a los brillos de la nueva política, unos catastrofistas partidarios del inmovilista agazapado detrás del plasma, unos lacayos del político vago y sin iniciativas que creaba populistas e independentistas a mazo, y unos contumaces enemigos del lúcido estratega que aprovechaba sus inmensas derrotas para cantar la victoria del cambio y proclamarse brujo mayor del aquelarre alternativo.
Ahora, tras la implosión del PSOE, ninguno de aquellos monaguillos que incensaban la alternativa quiere compartir las responsabilidades de Sánchez. Y todos están empeñados en construir un chivo expiatorio que, una vez degollado y quemado, les libre de la pesadilla y de la enorme estupidez de no haberlo visto venir, y de que les recordemos que si España no ha empezado a desmoronarse y a cocerse en la salsa del caos es porque aún está ahí el líder del plasma, la lealtad constitucional y sistémica del PP que -incluso lleno de errores y de gravísimas faltas- tiene cuenta del recado, la astucia de las fuerzas políticas que se olieron la tostada y apagaron las ensoñaciones de Sánchez, y el acierto providencial de un electorado que, a pesar de estar sumido en una indignación miope y en el disparatado discurso de la regeneración por el desorden, no llegó a picar los anzuelos de Pedro.
«Ahora -dijo Susana- toca España». Y antes, pregunto yo, ¿qué tocabais tú, González, Page, Ximo, Chacón y demás compañeros mártires? ¡No tocabais nada, amiga Susana! Porque estabais encantados por la flauta de un agujero solo -el del «no es no»- que tocaba el gran Bartolo en su despacho de Ferraz. Un disparate cósmico -para vosotros invisible- que hasta los niños cantaban en el patio del colegio: «Bartolo tenía una flauta / con un agujero solo, / y a todos daba la lata / con su flauta el gran Bartolo». Por eso el PSOE ya no es de nadie, mientras el caos es de todos. ¡Un gran prodigio!

30 sept. 2016

Lo que le ha hecho el poder establecido a Pedro Sánchez (y viceversa)

Esteban Hernández


Hay un interesante estudio, ‘Nouveau riche, old guard, established elite: Agency and the leadership of Vivendi Universal’, en el que tres investigadores universitarios (Nihel Chabrak, Russell Craig y Nabyla Daidj) examinan cómo Vivendi Universal despidió a Jean-Marie Messier, uno de los CEO más importantes de finales del siglo XX. Es un asunto del pasado y, dada la velocidad a la que transcurre todo últimamente, parece de la prehistoria, pero la lectura del ‘paper’ es hoy llamativa porque refleja de forma precisa cómo funciona el poder y los límites que le son impuestos.
El consejero delegado de una empresa de esas dimensiones parece concitar en sus manos una gran capacidad de acción y, sin embargo, suele ser más reo del contexto que protagonista. Hay distintas facciones dentro de las firmas, la presión de los accionistas (a veces enfrentados) tiene un enorme peso, existen intereses del entorno (frecuentemente políticos), y además ha de cumplir con las exigencias de rentabilidad, de modo que si el CEO continúa en su puesto, es mucho más por saber manejarse en ese entorno que por realizar una gestión adecuada a las necesidades de la empresa que dirige. Los partidos no son muy distintos.
El final usual
En la figura de Messier se dieron cita algunas de las constantes del mundo empresarial de la época y muchos de sus excesos. Era un nuevo tipo de líder, que promovía una gestión americanizada en suelo francés, que apostó por el crecimiento a lo grande, y que tenía maneras de estrella. Se decía de él que era muy arrogante y que llevaba un tren de vida exagerado (llegó a comprar un apartamento de 17,5 millones de dólares de la época en Nueva York, pagados por Vivendi, por supuesto, para trasladar allí su residencia), pero también que era un genio. En fin, nada nuevo, la clase de retórica usual. Tampoco fue sorprendente su final, pero conviene recordarlo, tal y como explican los investigadores en el ‘paper’, porque resulta suficientemente descriptivo.
Eso le ocurre también a Sánchez
Lo que llevó a Messier a la calle fue producto de una alianza entre los intereses de una vieja guardia, encabezada por una poderosa familia de accionistas, los Bronfman, la animadversión que se había granjeado entre la élite de los negocios francesa y el rechazo de unas prácticas de gestión que no encajaban en el ‘establishment’. Fue una estructura de relaciones interpersonales, de dinámicas de grupo y de intrigas políticas entre varios miembros del consejo de administración, accionistas y otros actores influyentes de la sociedad francesa lo que terminó expulsándole de la empresa. La situación de Pedro Sánchez tiene muchos puntos en común con la de Messier, ya que se enfrenta al mismo tipo de condicionantes.
El día de Madina
Hagamos algo de memoria. El 11-2-14, en el encuentro que el Fórum Europa organizó entre Hamadi Yabali, exprimer ministro de Túnez, y Bernardino León, se incluyó por sorpresa a un presentador. Normalmente esos encuentros solo incluían al introductor y al invitado, pero ese día había una persona de más en la mesa. Era Eduardo Madina. Allí estaban, entre otros, Josep Borrell, Javier Solana, Trinidad Jiménez, Enrique Barón y un Rodríguez Zapatero que llegaba directamente desde Nueva York para estar presente en el acto. León iba a presentar su aval a la candidatura de Madina en las primarias que se estaban organizando, y era importante que algunos socialistas relevantes, incluido Zapatero, que respaldaba la candidatura del vasco, estuvieran allí como muestra de su apoyo.
La intención de fondo era que Madina se hiciera cargo del partido hasta las elecciones generales, perdiera y dejara sitio a Susana Díaz, que era la persona en la que el ‘establishment’ socialista confiaba para el futuro. Algo debió salir mal en ese plan, probablemente porque Madina se negó a seguir la hoja de ruta; al llegar las primarias, las personas que habían prometido su apoyo al vasco se volcaron en Pedro Sánchez, incluida una Susana Díaz que trabajó activamente en Andalucía para que Madina no fuera elegido.
El peor pecado político
El problema fue que una vez proclamado, Pedro Sánchez decidió distanciarse de sus protectores y empezó a trazar sus propias alianzas. Quizá pensó que no estaba ahí para cumplir el trámite, presentarse a las elecciones y marcharse, o quizá que hacía falta una nueva orientación política en Ferraz para evitar ser fagocitados por Podemos, pero su intención última es poco relevante. El caso es que cometió uno de los mayores pecados políticos, ese que te granjea enemigos feroces, como es desobedecer a quienes manejan los hilos del partido.
Es cierto que el PSOE tenía que afrontar varios problemas a la vez. Algunos eran coyunturales, como esos procesos electorales a los que llegaba muy debilitado, y otros estratégicos, que tenían que ver con resituarse en un nuevo escenario político que en toda Europa estaba dejando poco sitio a la socialdemocracia. Todos ellos confluían, además, en decisiones concretas del contexto nacional, como aliarse con el PP o apoyarse en Podemos, que le iban a perjudicar en cualquier caso. Pero estos dilemas eran para Sánchez los menores a los que ha debido enfrentarse, porque lo principal era saber manejar ese desprecio por el recién llegado de la vieja guardia, del ‘establishment’ y sus aliados mediáticos y sociales, que tan bien retratada quedaba en el caso de Jean-Marie Messier, y que es justo lo que ahora ha terminado explotándole.
No es España, es la hoja de ruta
Por supuesto que es tentador pensar la situación en términos mayores, como las consecuencias que tendría para España que Susana tomase el poder y facilitase el Gobierno de Rajoy, o la mejora en aceptación social y en resultados electorales que supondría para los socialistas contar con un nuevo líder, pero son aspectos secundarios en el núcleo de esta pelea. Al PP le vendría muy bien un partido socialista que le apoyara no ya en la investidura, sino en la gobernabilidad, y seguro que promoverá cualquier cosa que pueda en ese sentido, pero también sabe que acabará gobernando con o sin gestora y con o sin terceras elecciones por medio, y que después, en las decisiones importantes, como las medidas que lleguen desde la UE, al actual PSOE no le quedará más remedio que apoyarle. Al PSOE, una alianza tácita o expresa con el Partido Popular no le va a mejorar en nada su cuenta de resultados, de modo que seguirá inmerso en dilemas vitales respecto de su futuro, se vaya Sánchez o no. De modo que no, no es eso lo que está en juego, sino una lucha de poder entre la vieja guardia y los advenedizos, entre quienes han gobernado el PSOE desde hace mucho y los que quieren hacerlo ahora. Había una hoja de ruta marcada, y lo que están haciendo es castigar a quien se ha desviado.
Corbyn ha vivido algo muy similar en las últimas fechas, cuando ha tenido que enfrentarse a los cuadros de su partido, esos que le llevaron a una posición subordinada en la que estaban perdiendo votos por todas partes, especialmente desde que la clase trabajadora y la media que simpatizaban con el laborismo decidieron que el Brexit era una buena opción y que el Ukip les defendía mejor. Corbyn no tenía otra opción que sacar el debate fuera de los cuarteles generales del partido y llevarlo a la militancia, donde sabía que iba a ganar holgadamente. Sánchez quiere hacer lo mismo, trasladar a las bases la batalla que tiene perdida dentro, y eso es algo que el poder establecido en el PSOE quiere evitar a toda costa. Veremos con qué resultado.
Preguntadle a Borrell
Es cierto que la batalla interna del PSOE tiene consecuencias en otros terrenos, y que puede interpretarse en términos ideológicos, como por ejemplo que este golpe de mano del ‘establishment’ socialista se ha producido para evitar un giro a la izquierda. Pero esto es irreal. Ni Sánchez ha sido Corbyn ni quiere serlo, tampoco va a competir en el mismo estrato que Podemos, y tampoco va a gobernar con Pablo Iglesias, porque no tiene ninguna posibilidad real de hacerlo. Es mucho más probable que las posturas políticas que está manteniendo tengan solo un objetivo, el de no ser sobrepasado por Podemos. Pero sus intenciones son irrelevantes. Devolvamos el golpe de mano a su realidad, que es mucho más banal. Si te sales del guion, te atizan. Así es la política real: viejas guardias, núcleos de poder, intereses cruzados y un líder ahí haciendo lo que puede para manejar todo eso. Que se lo cuenten a Josep Borrell.

Del caserío me fío

Puigdemont compareció dando la cara como lo hace un hermano empollón, o que por lo menos ha hecho los deberes

Resulta que Junqueras suspendió Presupuestos en junio, pero a la recuperación de septiembre se ha presentado Puigdemont. No como quien suplanta a su hermano gemelo para ver si da el pego, sino que, al tratarse ante todo de una cuestión de confianza, compareció dando la cara como lo hace un hermano empollón, o que por lo menos ha hecho los deberes. Acompañando a Puigdemont, salió del despacho del president en el Parlament el anterior president Artur Mas. Es decir, quien le dio la vez antes que la voz. Y se les unió, ya camino del hemiciclo, el consejero de Economía, Oriol Junqueras, y así se representó sobre la marcha una nueva forma de convergencia (de presidentes) y unión (de consejero).
La diferencia entre el president Mas y el president Puigdemont es de trazo y por tanto de estilo y por tanto abismal. En Mas la camisa siempre ha sido de un blanco nuclear, fascinantemente impoluto, atómico, y el traje sobriamente negro. Con Puigdemont la cosa cambia: camisa azul celeste, como en las láminas de la Purísima, y el traje, azul marinero en tierra de nadie. Mas es un monje blanco, austero y ascético pintado por Zurbarán. Puigdemont pertenece a un barroco más tendente a los angelillos. En Mas hay sufrimiento. En Puigdemont hay penitencia. Y esto es lo que vino a explicar Puigdemont a la sesión de este miércoles, que duró una hora exacta (el tiempo que se da a las visitas de compromiso).
La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, abrió la sesión, Puigdemont subió al atril, se abotonó la americana andando, le preguntó al vicepresidente primero de la mesa, su compañero de partido Lluís Corominas, y bebió un sorbo de agua. Entonces es cuando empezó a repetir la palabra excepcional muchas veces. Resulta que todo lo que ocurre en estos momentos es excepcional, y así el president garantizó que el proceso irá de “excepcionalidad en excepcionalidad hasta la normalidad final”. Vía penitente, camino de perfección. Pero para culminarlo va a necesitar la confianza precisamente de los más desconfiados. De los que no se fían, para empezar, ni siquiera de este sistema en el que estamos atrapados. Puigdemont, como buen liberal, sabe que la confianza se sustenta sobre el dinero y viceversa, que el dinero es posible porque existe la confianza, y por eso ha conminado a los diputados de la CUP advirtiéndoles que para nada querrá su confianza si luego no le van a aprobar los presupuestos.
Desde la tribuna de invitados le contemplaban Artur Mas (a la derecha) que asentía y aplaudía como preguntándose si tal vez también esos aplausos hubieran tenido que ser para él, y el diputado en el Congreso Francesc Homs (a la izquierda), que todo el rato miraba el móvil, y permanecía para siempre cabizbajo igual que un campesino orante en un cuadro de Millet. Esto, visto desde la tribuna; pero desde el punto de vista de Puigdemont, Mas estaba a la izquierda y Homs a la derecha. Aristóteles dijo que hay que confiar en los sentidos. Al acabar, no había público jaleando ni esperando a las puertas del Parlament, no había nadie..., más que un solitario montón de coches oficiales recalentándose bajo el sol.

Javier Pérez Andújar es escritor.

¿Qué lluvia de millones ha repartido la consellera Meritxell Ruiz?


Mientras todos los focos mediáticos están puestos en el Parlamento, el gobierno de la Generalitat no para y, a través del DOGC, continúa repartiendo millones a chorros. La consejera de Enseñanza, Meritxell Ruiz –la benefactora de las escuelas del Opus Dei-, ha adjudicado 23,5 millones de euros por los servicios de atención a los alumnos con sordera y para los que tienen dificultades de aprendizaje en los centros docentes de Cataluña.

De los cuatro contratos adjudicados, dos se los ha llevado la Fundación Pía Pere Tarrés (9 millones de euros), uno la Fundació Catalana de l'Esplai (8,5 millones) y otro la empresa Basic Servicios Educativos, filial de la multinacional francesa Serunión (6,1 millones). Entre los profesionales de la educación ha chocado que unos servicios pedagógicos tan especializados, como los que afectan a los alumnos con sordera y a los que tienen dificultades de aprendizaje, se confíen a unas entidades dedicadas, fundamentalmente, al ocio (Fundación Pía Pere Tarrés y Fundació Catalana de l'Esplai) y al cátering para colectividades (Serunión). ¿Por qué le llaman externalización si quieren decir privatización?

Bala/Boli


Matar a Jean Jaurès


Sergi Pàmies

Relacionar conceptos actuales como la figura de Cristóbal Colón y el canibalismo socialista no es fácil. Por eso conviene recorrer a virtuosos del sarcasmo como Winston Churchill, padre de una frase oportuna: “Colón fue el primer socialista: no sabía adónde iba, ignoraba dónde estaba y lo hacía a cargo del contribuyente”. Para completar otra semana trágica socialista, en su discurso de la cuestión de confianza el presidente Carles Puigdemont citó a Jean Jaurès, líder socialista con una simbólica particularidad biográfica: lo asesinaron. Jacques Brel tiene una canción dedicada a Jaurès que, con un estribillo que pone la carne de gallina, repite obsesivamente la pregunta de por qué lo mataron. Sospecho que la respuesta es más fácil en el caso de Jaurès que si intentas entender el sacrificio de Pedro Sánchez, que ha intentado aplicar las resoluciones de la dirección de su partido. También es verdad que en esta tragicomedia intervienen auténticos chamanes de la conspiración. Con la coartada de la jubilación, mantienen el mando a distancia de un partido de esencia cainita. Un partido que prefiere la trascendencia mediática que suscitan la autodestrucción, la incontinencia fratricida y la piratería orgánica que la posibilidad de una regeneración y una modernización que no reduzca el socialismo a categoría de fósil.
Hay quien cree que los votantes socialistas son héroes por no haberse hartado antes, pero en realidad son viciosos del “¿y si?” y del mal menor. Hablo por experiencia. Alguna vez les he votado, siempre con la mosca detrás de la oreja, temeroso de tener que arrepentirme y constatar con qué naturalidad cumplirán los peores presagios de división, negligencia o frivolidad. Y nunca me han fallado: utilizando instrumentos mediáticos y un lenguaje que incomprensiblemente aún lideran el delirio de dar lecciones, se amparan en el narcisismo retrospectivo y, a la sombra de tótemes en vías de fermentación, querrían tener más manos para poder esconderlas tras lanzar piedras contra su propio tejado. Y del espectáculo de colonizadores tuneados por el revisionismo revolucionario, del macguffin de un referéndum imposible pensado para distraernos de una unilateralidad argumental o de la recreación goyesca de La matanza de Texas, ¿quién sale reforzado? Mariano Rajoy. Hoy tiene más apoyo electoral que hace diez meses, se ha cargado a su principal opositor sin bajar del autobús, ha situado el radicalismo de Podemos al nivel de amenaza greco-venezolana, ha convertido C’s en un engorro y se mantiene inalterablemente pétreo ante lo que él denomina “disparate independentista”. Y lo que es más grave: a base de repetir elecciones y pervertir su resultado, ha logrado atrofiar la exigencia participativa, aumentar la inercia abstencionista y alterar las reglas de un juego democrático que permitirá que España siga siendo monstruosamente alérgica a una mínima cultura del pacto y del pragmatismo.

El secretario general del Parlament renuncia por el 'prusés'

El funcionario con más rango de la cámara no quiere participar en el 'choque de trenes' jurídico

Pere Sol, el secretario general del Parlamento de Cataluña -el funcionario con rango más alto de la cámara-, tiene previsto dejar su cargo la próxima semana, revelan fuentes parlamentarias.

Según publica El Punt Avui, si bien aduce razones personales y familiares, la decisión de Sol resulta, más concretamente, de su incomodidad con la vertiente jurídica del proceso: de un eventual salto de la legalidad española a la catalana y de las posibles consecuencias judiciales que podría causarle la acción del Estado español.

Pere Sol, que ejerce como secretario general del Parlamento interino desde octubre de 2015, ya ha comunicado a la presidenta de la cámara, Carme Forcadell, que quiere volver a ser un simple letrado. La Mesa, así pues, tendrá que elegir un nuevo secretario general a propuesta de Forcadell.

Un calendario, por lo menos . . .


Cataluña, un país de baja calidad democrática

Xavier Rius, director de e-notícies
Es increible lo que aguanta este país. Después de vendernos insistentemente que el 27-S habían sido unas elecciones plebiscitarias, que el verano del próximo año seríamos independientes, que habíamos pasado pantalla y toda la pesca ahora resulta que volvemos a la casilla de salida: el referéndum.

Sí: referéndum. Acordado con el Estado o no -tanto da-, pero referéndum. Acordado con el Estado es una utopía y sin acuerdo del Estado es el 9N. Como están en un callejón sin salida ahora buscan desesperadamente una salida. El referéndum se ha convertido en el nuevo mantra. Con efectos terapéuticos para el personal como una sesión de yoga o de pilates.

Hace tiempo que preparaban el terreno para el cambio de rumbo, para la eses, para la contorsión. Pero si incluso Joan Tardà puso como ejemplo Adolfo Suárez -durante el debate frustrado de investidura de Pedro Sánchez para pedirlo en Madrid. Y Francesc Homs ha estado a punto de renunciar para poder votar al candidato socialista. Al final suerte que se ha cuadrado Marta Pascal. Al menos, referéndum. Para no perder la poca dignidad que nos queda.

Y el consejero Romeva, el de los viajes, decía hace menos de un año en un lugar tan solemne como el Parlamento de Cataluña que "la propuesta de pedir nuevamente un referéndum ya ha quedado superada por los hechos". Era cuando íbamos de chulos por el mundo. Más o menos como ahora. Sólo a Romeva se le ocurre ir a Washington y hacerse una foto ante la estatua de Lincoln. El presidente que hizo una guerra de cuatro años (1861-1865) para preservar la unidad de los EEUU. ¿En qué mundo viven?.

Para que el referéndum era para aprobar la nueva Constitución catalana, no para hacer un referéndum de autodeterminación. Los divuits meses -lo que se ingenió Artur Mas para hacer tirando: de ahí vienen todos los males- era para hacer un gobierno de concentración, las estructuras de estado, la declaración de independencia, elecciones constituyentes, la Constitución y finalmente referéndum constitucional.

Ahora se han dado cuenta de que dos millones es mucha gente, pero en un censo electoral de 5,5 no es suficiente gente y han retrocedido a la línea de salida: el 2012. También hay un poco de canguelo porque quizás en Madrid no hay gobierno -o hay gobierno en funciones-, pero el Estado no ha dejado de existir, ni el TC de funcionar.

Una de las frustraciones del catalanismo en general -y del soberanismo en particular- es que el Estado español es más sólido de lo que pensamos. Incluso en los momentos de mayor debilidad. Esto ya lo dijo Jordi Pujol en 2007. Mientras que aquí vamos con un lirio en la mano.

Pero, ¿como puede ser que los diputados de Junts pel 3% aplaudan? Que TV3% prepare cuidadosamente el terreno. Que los medios de comunicación miren en general hacia otro lado y que los intelectuales -por llamarlos de alguna manera- callen de esta manera. En este último caso es comprensible porque todos están colocados en un lugar u otro. El poder tiene todo tipo de canonjías y pesebres para repartir. Si no es el CCCB es una tertulia en las Mañanas.

Tanto poner España como ejemplo de país de baja calidad democrática y ahora resulta que aquí también hacemos trampas. En un país normal, con conciencia crítica y una sociedad civil que no viviera del cuento el simple hecho de hacer una pirueta como ésta provocaría un descalabro. Pero aquí nos lo tragamos todo. Tanto criticar y ver si, en caso de independencia, acabamos siendo una república bananera.