Yo mismo con mi turismo

27 abr. 2017

Escraches en sedes del PP

RAÚL DEL POZO
Edmund Burke, liberal conservador, enemigo de la Revolución francesa, pensaba que la tiranía de la multitud es la tiranía multiplicada. En España, la multitud no se ha echado a la calle, pero hay momentos en los que parece dispuesta a hacerlo. Ya se desprecia la moderación, ante los casos de latrocinio de los políticos, como virtud de cobardes. La plaza de la Concordia está en los platós de televisión. En España, Robespierre es un ropón y el terror, que era la justicia rápida, ha terminado en el escrache, que es el terror sin guillotina. En las últimas horas hubo escraches o conatos de manifestación ante sedes del PP. Ni siquiera avisaron a la policía. Cuando parecía que el país se había serenado y habíamos superado los vacíos de legislatura, la corrupción vuelve impetuosamente, con más descaro que nunca. La nata de la ira popular vuelve a los tiempos de los papeles de Bárcenas. Después de que reventara la cloaca del Canal de Isabel II, la indignación en la calle indica que estamos otra vez al borde de un movidón de cólera.
"Medio PP en la cárcel", "Trama mafiosa", "Partido más corrupto de Europa", "Corrupción, cáncer de la democracia". Esos son los gritos de rigor en las redes y en las rúas. ¿Quién dijo que la corrupción había sido descontada? Sólo había sido olvidada intencionalmente como el vino que, aunque sea amargo, es nuestro. De pronto, ni el crecimiento ni las buenas cifras de paro ni la aparente estabilidad de la oculta y negada triple alianza han serenado a la gente. En Génova los más conscientes están desconcertados y ni siquiera hay movimientos de rebeldía o de conjura. "Ya no damos miedo, empezamos a dar pena", me dice uno de los más altos dirigentes. Darán pena en la burbuja del poder, en los palacios, pero en la calle, los insultan. Él mismo reconoce que viene de hacer footing y le han llamado ladrón. El dirigente del PP reconoce que no saben cómo responder a las tarascadas y al ruido de las calles.
Juan Carlos Monedero hizo un diagnóstico que ha sido rectificado por los hechos. Según su veredicto el PP da miedo, el PSOE da pena y Ciudadanos da risa. Quizás acierte mi interlocutor de Génova cuando dice que ya no dan miedo. Lo comenta con tristeza cuando debiera expresarlo con alegría. Ya era hora que aquella derecha de la sotana y el caqui se civilizara. Pero ahora es el momento de que tome medidas radicales para limpiar las cuadras. Si no lo hace acabará destruida en dos semanas, como lo fue Democracia Cristiana, que contaba con el apoyo del Papa, de la mafia, de los americanos y del diablo. No sé si aún no se han dado cuenta de que la retranca, la ironía, la paciencia, la táctica según la cual las cosas se arreglan solas, ya no sirven. Me explican que el PP es mucho PP, que la oposición sobreactúa. «Dijeron que estuvimos en la guerra y no estuvimos, que hay hambre infantil y no es cierto, que hemos instalado el copago y es mentira. Lo del partido más corrupto tampoco es cierto del todo. Estamos soportando una persecución».

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