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30 abr. 2017

La visita del Papa a Egipto refuerza la lucha contra el IS

El Mundo

"El único extremismo que se permite a los creyentes es el de la caridad. Cualquier otro extremismo no viene de Dios y no le agrada". Con estas palabras, pronunciadas en la multitudinaria misa celebrada ayer en El Cairo, el Papa Francisco reprobaba los recientes ataques terroristas contra dos iglesias coptas en Alejandría y Tanta, que el pasado Domingo de Ramos sufrían un sangriento atentado con un balance de 47 muertos. El ataque, reivindicado por una facción local del Estado islámico (IS) en Egipto, es sólo la manifestación más brutal de la difícil situación de discriminación que vive la minoría cristiana, apenas un 8%, entre coptos ortodoxos, católicos y protestantes, de los 92 millones de egipcios.
A ellos se ha dirigido el Papa para transmitirles su solidaridad en un viaje cargado de simbolismo religioso, pero también de acercamiento diplomático. Porque si bien el Papa visitó la mezquita de Al Azhar, uno de los principales centros ideológicos del Islam, donde pronunció un discurso de condena de la violencia y se mostró decidido a continuar el diálogo entre la Iglesia Católica y el mundo musulmán, también quiso mostrar su apoyo a Al Sisi, que ha hecho de la lucha contra el terrorismo islamista una de las principales señas de identidad de su mandato. Aupado al poder tras un golpe de Estado que en 2013 expulsó del gobierno a los Hermanos Musulmanes, el mariscal egipcio ha recibido numerosas críticas de la comunidad internacional por la brutal represión ejercida contra los grupos defensores del Islam más radicalizado, e incluso contra los egipcios que exigen reformas legislativas y más democracia para el país.
El Papa no quiso obviar esa realidad y demandó al mandatario egipcio "respeto incondicionado a los derechos inalienables del hombre, como la igualdad entre todos los ciudadanos, la libertad religiosa y de expresión, sin distinción alguna". No obstante quiso dejar claro su apoyo al Gobierno de Al Sisi por su decidida lucha contra el yihadismo, el que es sin duda el principal enemigo de la paz y estabilidad mundiales.Lo que podría interpretarse también como un lavado de cara al gobierno autoritario de Al Sisi, es ante todo, y así ha querido dejarlo claro el Papa Francisco, un reconocimiento al esfuerzo de un país que ha logrado importantes éxitos en la lucha contra el terrorismo yihadista y la intolerancia religiosa.
Bergoglio, por tanto, ha realizado un viaje corto (apenas 36 horas), pero intenso, valiente y necesario. Un viaje ecuménico, ya que ha logrado ampliar la colaboración con la Iglesia copta ortodoxa, con la que no siempre ha mantenido buenas relaciones. Pero también interreligioso, al reforzar el diálogo con los creyentes musulmanes, a los que ha exhortado a no fomentar la división sino el acercamiento, ya que, resaltó, "la religión no es un problema sino parte de la solución".
Desde que iniciara su pontificado, Bergoglio ha intensificado su política de gestos de acercamiento al Islam, al que ha calificado en varias ocasiones de "religión de la paz". Para el Papa, la comunidad musulmana ha de convertirse en una pieza esencial e ineludible en la lucha contra el extremismo y la barbarie que representa el terrorismo islamista y todos aquellos que siguen viendo la religión como una cruzada y como una excusa para hacer la guerra.

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