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1 may. 2017

El Proceso: juego sucio y patada en la cabeza


Cuando jugaba a fútbol de joven, a nivel más o menos competitivo y profesional, en mi equipo no practicábamos el lema de "lo que importa no es ganar, sino participar". Importaba ganar y utilizábamos todos los recursos para hacerlo: simular faltas inexistentes, lesionar al rival más peligroso, organizar tanganas, agobiar al árbitro, tirar lejos el balón para perder tiempo, y, si la ocasión lo permitía, pincharlo. Recuerdo especialmente avergonzado un partido en el que simulé una lesión grave para que mi equipo abandonara el terreno de juego supuestamente indignado. Como os podéis imaginar no es una etapa de mi vida de la que me sienta especialmente orgulloso.
El proceso se ha convertido en eso. Ni revolución de las sonrisas ni nada que se le parezca: "Juego sucio y patada en la cabeza". Importa ganar. Limitarse a participar o mantenerse al margen es para pusilánimes. Incluso, según algunos, para traidores.

Nos encontramos así con campañas cruzadas de descrédito del adversario, a menudo cargadas de improperios. Por un lado, desde el Ministerio del Interior organizan equipos policiales para investigar y buscar trapos sucios de los movimientos independentistas y algunos de sus dirigentes. La Agencia Española de Protección de Datos impone multas elevadísimas con argumentos nada sólidos a la Asamblea Nacional Catalana y a Òmnium Cultural.

A su vez, las vías de financiación de campañas como la del Pacto Nacional por el Referéndum o el esperpento de "Luchas compartidas" de Òmnium Cultural son de lo más turbias. La anomalía democrática que representa la opción independentista indisimulada de los medios de comunicación públicos dependientes de la Generalitat anula toda la credibilidad que podría tener un referéndum convocado desde el gobierno actual. Pretender imponer la independencia con un referéndum sin una participación mínima no ayuda, claro está, a ganar esta credibilidad dilapidada.

Cabe decir que la técnica de hacer trampas para ganar funcionó bastante bien en mi etapa de joven futbolista. Incluso, un buen día, observadores del FC Barcelona vinieron a vernos jugar. "Si lo haces bien, puede que te fichen", me dijo el entrenador antes de saltar al campo. Hice el peor partido de mi vida. Los nervios me traicionaron. Perdimos por 7 a 0 en casa y a mí me cambiaron a la media parte.

Basar el éxito de una iniciativa en el "juego sucio y patada en la cabeza" puede dar buenos resultados a corto plazo. Pero a la larga la condena al fracaso.

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