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1 may. 2017

Rajoy y los consejos de Maquiavelo



LUCÍA MÉNDEZ

El presidente asiste con serenidad a la nueva tormenta a la que se enfrenta el PP por la corrupción.
Su gobierno no es bueno, ni malo, es el único posible. Un libro de Ferran Caballero permite identificarlo con éxito con 'El Príncipe'
La operación Lezo y sus consecuencias -cárcel para el ex presidente madrileño del PP, dimisión de Esperanza Aguirre, rebelión de los fiscales, presunto saqueo de las empresas públicas, y difusión pública de conversaciones de las élites que avergüenzan a cualquiera- han descargado contra Mariano Rajoy y el PP la enésima tormenta de la corrupción. Y van. El turbión de revelaciones escandalosas pilló de viaje oficial fuera de España al presidente del Gobierno. Mientras que su partido se levantaba todas las mañanas instalado en la conmoción, Rajoy se zambullía en sus caminatas mañaneras y se dejaba acunar por la placentera actividad diplomática.
Cuando regresó a La Moncloa, pidió calma, templanza, serenidad y paciencia a los suyos, a los que encontró un tanto alterados por el ambiente de la calle.
Rajoy está acostumbrado. Este tipo de crisis le son casi tan familiares como el ejercicio mismo del poder. No es la primera, ni la segunda, ni la tercera prueba que se le presenta al presidente Rajoy para poner en práctica la gran receta que le ha servido para mantenerse en el poder: la resistencia. En esa virtud -considerada en sentido maquiavélico- el líder del PP ha resultado imbatible.
Su condición de gran superviviente a los escándalos de corrupción está inscrita en letras de oro en la sede de Génova. Precisamente coincidiendo con esta última crisis, ha llegado a las librerías un original recetario político dedicado a Mariano Rajoy. En persona y en presidente. Lo ha escrito el profesor de Filosofía barcelonés Ferran Caballero. «Ferran Caballero presenta sus respetos al presidente Mariano Rajoy», dice la dedicatoria y a continuación le pide que acepte sus consejos como regalo.
La singularidad del libro reside en que el autor lo ha escrito siguiendo la pauta de El Príncipe. «Maquiavelo para el Siglo XXI. El príncipe en la era del populismo», lo ha titulado la editorial Ariel. De este modo, dice Gregorio Luri en el prólogo, Caballero «se ha introducido en el estudio de Maquiavelo y se ha sentado a sus pies, tomando nota de lo que allí ocurre, pero con un ojo puesto en el presente». Es decir, que si el gran asesor florentino quiso hacer grande con sus consejos a Lorenzo de Médici, el profesor pretende lo propio con el gallego Rajoy. Y lo hace -ahí reside la gran originalidad y dificultad de la obra- con el mismo lenguaje del gran hombre del Renacimiento. «Si lo leéis y reflexionáis sobre él con diligencia, reconoceréis en él mi grandísimo deseo de que alcancéis la grandeza que vuestra fortuna y vuestras otras condiciones auguran».
La identificación de las cualidades de Rajoy con las de El Príncipe de Maquiavelo ha tenido éxito. Según el escritor Ramón González Férriz, el presidente del Gobierno es el político español que mejor ha sabido desarrollar los rasgos que Maquiavelo y Cardenal atribuyen a los grandes gobernantes: lograr el poder y saber conservarlo, ganándose el favor de sus partidarios y destruyendo a sus enemigos. Al margen de conceptos éticos y morales.
El Gobierno de Rajoy no es bueno, ni malo, ni mejor ni peor, es el único posible. Y a su continuidad está dedicado en cuerpo y alma quien lo preside porque no quiere disolver y convocar elecciones generales ni en broma. Ignoro si Rajoy ha leído el libro, pero a su vuelta de Brasil y Uruguay, no perdió el tiempo en escándalos que no le sacarán de La Moncloa, sino que se centró en lo único que le mantendrá en ella. Llamó al presidente del PNV para negociar su voto favorable a los Presupuestos y lo consiguió. Ya pueden publicarse las grabaciones escandalosas de las conversaciones con el encarcelado Ignacio González. Rajoy contempla el espectáculo con la tranquilidad de que su voz no ha podido ser escuchada por la UCO porque no se hablaba con el ex líder madrileño.
Hay un párrafo en el libro de Ferran Caballero que puede servir cabalmente para definir las virtudes de Rajoy como gobernante. «No debe el gobernante tener otro objeto, ni otro pensamiento, ni tomar otra parte por suya que no sea la lucha por la hegemonía política, porque esta es la única arte que incumbe al que manda; y es de tanta virtud que no sólo conserva en el poder a los que parecieran haber nacido para él, sino que muchas veces hace que se mantengan en él hombres que no aparentan tener nada de particular». Tal cual.
En el combate por la hegemonía política, Rajoy es un auténtico maestro. En lenguaje menos florentino, aunque igual de pragmático, así lo expresa una persona cercana a él. «Es la única referencia tranquila, serena y seria en momentos de incertidumbre, con el PSOE disolviéndose en primarias, Ciudadanos buscando su lugar en el mundo y Podemos subido en el autobús de la protesta».
Una de las claves de las enseñanzas de Maquiavelo es el papel de la Fortuna en el ejercicio del poder. No hay ninguna duda de que Rajoy posee fortuna en grado superior. Piénsese qué hubiera pasado si la operación Lezo se hubiera desencadenado hace un año, entre una y otra elección. O en el pasado mes de octubre, cuando el PSOE tenía que rendir su posición después de un año y abstenerse para que gobernara Rajoy.
Ferran Caballero recomienda también lo siguiente a Rajoy para mantener su condición de presidente: «Debe cuidarse de la oposición, de la división de su partido y de las afrentas a la integridad del Estado». Tres circunstancias que el interesado mantiene bajo control.
La oposición actual es un conjunto fragmentado de partidos que ni en sueños podrían articular una alternativa. El PP es una formación unida como una roca en cuyo interior ni siquiera los escándalos hacen mella. No hay más que ver el silencio de los dirigentes territoriales en esta última crisis. El único que ha dicho en voz alta lo que piensan todos es un político en retirada, Juan Vicente Herrera. «Esto es una auténtica cabronada. Me siento abochornado, igual que miles y miles de afiliados anónimos, que no nos resignamos a que se identifique la corrupción con las siglas del PP». Al presidente castellano-leonés no le extraña «sentir el reproche moral de los ciudadanos con tan solo una mirada». La lectura del libro que aquí se comenta ayudaría al veterano dirigente del PP a convencerse de que esto no va de moral, sino de mantenerse en el poder.
«A pesar de todo, [los gobernantes] nunca se han de dar por vencidos, puesto que, como desconocen su final y cómo la fortuna utiliza caminos oblicuos y desconocidos, siempre hay esperanza», recomienda el autor. Y ello es así porque, en definitiva, según sentencia el prologuista y amigo de Caballero, «la virtud de un gobernante no la deciden los columnistas, sino su fortuna, y con frecuencia, aunque lo acusen los hechos, lo excusan los resultados».

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