Encuentro entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso.
La Sexta se ha convertido -¡otra vez!- en referente político/informativo. Antonio García Ferreras se llevó al plató de ARV a Pedro Sánchez, en la que era su primera aparición televisada desde el 39º Congreso, nada más concluir su reunión con Pablo Iglesias para interrogarle en directo al mismo tiempo que el líder de Podemos respondía a los periodistas en multitudinaria rueda de prensa.
El medio, decía Mcluhan, es el mensaje. El renacido secretario general de los socialistas repitió ayer su nuevo mantra: “Yo empatizo con los votantes de Podemos”. Sánchez está inmerso en plena operación encanto de aquellos que se fueron del PSOE por la izquierda y que ahora él quiere recuperar a toda costa. Para ello, nada mejor que predicar en La Sexta, la cadena preferida de los podemitas.
Veinticuatro horas antes del encuentro entre Sánchez e Iglesias le pregunté a un miembro de la Ejecutiva del PSOE: “¿Qué vais a hacer para ganarle la partida a Podemos?”. Su respuesta no pudo ser más clarificadora: “Matarles… pero a besos”.
Bajo esa perspectiva, lo importante no es el contenido de la reunión, los acuerdos a los que se pudieron llegar, sino la manera en la que cada uno de los dos dirigentes relató lo sucedido a un público que, en número de dos a tres millones, puede inclinar claramente la balanza de la hegemonía dentro de la izquierda.
Para evitar que los votantes de centro izquierda salgan corriendo, Sánchez repitió varias veces que “el PSOE va a hacer una oposición de Estado”, y que los socialistas nunca van a montar un circo como el del tramabús. Pero, al mismo tiempo, se mostró tan decidido o incluso más que Iglesias a lograr un objetivo irrenunciable: echar a Rajoy de Moncloa.
El secretario general del PSOE está dispuesto a pactar una agenda social con Podemos o incluso a explorar la vía de una poco probable moción de censura. Hasta se permitió el lujo de lanzarle un piropo a su rival: “He encontrado a un Pablo Iglesias más maduro”.
Ahora, tras su triunfo en las primarias y un Congreso que ha elegido una Ejecutiva militantemente sanchista, el líder socialista tiene amplio margen de maniobra para pactar con quien quiera y para establecer una hoja de ruta que lleve al PSOE a recuperar la condición de alternativa de gobierno. El acercamiento a Podemos -no para confundirse con ese partido, sino para absorber a sus votantes- tiene su lógica ya que los bloques de izquierda y de derecha en España son tan sólidos como impermeables. El caladero del PSOE está en Podemos, como el del PP está en Ciudadanos.
Sin embargo, esa jugada tiene evidentes riesgos. El flanco más débil en la entrevista de Ferreras fue la cuestión de Cataluña, la definición del modelo de estado “plurinacional”. El periodista le preguntó: “¿Es Cataluña una nación?”. La respuesta fue rotunda: “Sí”. Continuó: “¿Y el País Vasco?”. Otra respuesta contundente: “Sí”. “¿Y Galicia?” Tras algún titubeo, admitió Sánchez que también podía considerar a Galicia como nación, pero ya por los pelos. “¿Y Andalucía?” “Bueno, en su estatuto de autonomía se habla de la identidad nacional de Andalucía…”. La cosa se iba poniendo cada vez más fea, porque si Ferreras hubiera seguido con el cuestionario, habríamos concluido que para el secretario general del PSOE casi todas las autonomías son naciones. Así que Sánchez cortó por lo sano y se convirtió en periodista al preguntar a Ferreras: “¿Cuántas nacionalidades establece la Constitución?”. ¡Acabáramos! Hemos llegado a la misma conclusión a la que llegaron los padres de la Carta Magna: mejor no mojarse en las turbulentas aguas de la cuestión nacional.
El peligro que tiene la estrategia de acercamiento a los votantes de Podemos es que Iglesias, como el Kaa de El Libro de la Selva, sabe también cuál es el juego y espera paciente y sigilosamente la ocasión para devorar a Sánchez/Mowgli.