Yo mismo con mi turismo

7 jun. 2017

¿Cuántos cadáveres?


Ayer se cumplieron 73 años del Desembarco de Normandía y nunca nos cansaremos de recordar el sacrificio, el honor y la gloria de los que dieron su vida por nuestra libertad.
También ayer y a propósito del general Pinochet, hablamos con David Gistau sobre si es legítimo matar para defender la vida. ¿Qué cifra de cadáveres estarías dispuesto a justificar?, me preguntó David: y no era una pregunta estúpida.
Hace tiempo que nos hemos quedado sin buenas opciones, si es que alguna vez las tuvimos. Cada una de nuestras elecciones implica un dolor y un cinismo que puede que algún día nos estalle en las manos y aunque la frontera entre bien y mal sigue siendo nítida, cada vez es más difícil hacer el bien sin mancharte.
El terrorismo islamista necesita más de una respuesta y probablemente tendremos que asumir parte de su horror para salvarnos. No existe una cifra legítima de cadáveres pero existe La Civilización y nuestro deber de preservarla.
¿A cuántos soldados fue legítimo o justo mandar a morir para acabar con Hitler? ¿Cuántas bombas atómicas habríamos aceptado tirar para que los nazis se hubieran rendido antes del bombardeo de Londres?
Somos el lado luminoso de la vida, y todavía y pese a todo, la sonrisa de Dios. El mal existe y hay que salir a buscarle. Que cada muerte nos envilezca no significa que podamos dejarnos matar y les debemos a nuestros hijos la luz con que nuestros abuelos nos ofrendaron y que nos ha traído hasta aquí.
Como los valientes soldados de Normandía, también nosotros tendremos que sacrificarnos, que mancharnos de sangre y de lo que haga falta y que continuar elevando al Cielo nuestras plegarias aunque a veces perdamos la fe de que sean escuchadas.
Demasiado bienestar nos ha hecho creer que de verdad teníamos derecho a algo, pero lo único que tenemos son deberes, una libertad que nos mereceremos en la medida que la luchemos, y una vida en la que la Justicia a menudo se apaga y sólo queda la conquista.
¿Cuántos cadáveres, David? Pues los que tristemente sean necesarios.

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