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2 jun. 2017

Diagonal sin tropas

RAÚL DEL POZO
Algunos inocentes piensan que ya estamos en una legislatura estable. El Congreso aprobó los Presupuestos (176-172) y siete partidos apoyaron al Gobierno. Repiquetean los datos de la recuperación del empleo, el aumento de las cotizaciones a la seguridad social, se reducen levemente los déficits, pero el reino está muy lejos de serenarse. Aún esperamos el desenlace de dos saltos mortales que sortear, la corrupción y el levantamiento separatista; en realidad es uno sólo, el mismo de siempre: quiebras esporádicas y conflictos permanentes con Cataluña. Ser ladrón aquí y allá no era afrenta porque todo se puso en venta y fue lo propio robar. Los gobiernos de la nación durante muchos años han consentido que a los políticos catalanes les saliera barato mentir y guindar; ahora el nivel del cieno les cubre a casi todos los que mandaron.
La corrupción suma y sigue, aquí y allá, pero también los juicios, aunque surgen nuevas remesas de aspirantes para acercarse a los Presupuestos. Como escribió Pla, la farsa trágica que en esta Península recibe el nombre de política causa literalmente pavor, porque deja pocos momentos de placidez. "En los países consolidados los políticos quieren gobernar, aquí hay opositores que duran toda la vida, mientras el pueblo echa la culpa al Gobierno de todo lo malo que ocurre".
Los que gobiernan han hecho muchos méritos para desconfiar de ellos, pero también es verdad que Larra, mucho antes que Pla, ya hablaba de esos seres turbulentos que se alimentan de oposición y a quienes ningún gobierno les gusta. Seguirán las turbulencias aunque sean sólo de vocablos como rayos. Desde que llegó al poder Pujol, el milhombres, intentaron engatusar a la gente con su Barataria. El embeleco continúa ahora con ese político que, como los de Quevedo, no es "dignidad sino vocábulo y voz desnuda". Mariano Rajoy va a dar una respuesta firme y contundente. Le ha dicho a un alto dirigente del PSOE: "Haré lo que tenga que hacer, me cueste lo que me cueste" y Puigdemont, gobernante menor, exige que aclaren eso de que el Gobierno está dispuesto a todo. Acusa a Rajoy de flirtear con los límites de la democracia; lo dice uno que ha pisoteado, no los límites sino los escalones de la Constitución. Ha empleado un verbo estúpido, flirtear, es decir tontear, relación superficial sin compromiso, que da idea de la estupidez y las collonadas de este tipo. Que no se preocupen los catalanes, la respuesta está escrita en las leyes y, como ha dicho Albiol, "el Ejército no entrará por la Diagonal como Puigdemont desea".
Lo que espera la nación es que los socialistas de Pedro se aclaren de una vez y recuerden a Prieto y a Negrín, que consideraron al separatismo estúpido y pueblerino. Incluso Manuel Azaña, aunque no era socialista, recordaba cómo en el entorno de los que mandaban en Barcelona no se podía pronunciar la palabra España. "Yo no he sido nunca ni patriotero ni españolista, pero me indignan los separatistas".

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