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1 jun. 2017

El principio de Arquímedes

Pedro Sánchez ganó las primarias socialistas gracias al principio de Arquímedes: el secretario general derrocado sufrió un empuje hacia arriba proporcional al malhumor que provocaba la pasividad del PSOE ante los escándalos del Partido Popular. Todo objeto sumergido en el oficialismo español experimenta un empuje hacia arriba igual a la masa del malestar que desaloja entre la gente indignada.
Arquímedes, sabio griego que estudió la flotación de los cuerposEste mismo principio puede acabar actuando sobre la moción de censura promovida por Podemos. Se trata de una iniciativa arriesgada que según algunos sondeos cuenta en estos momentos con el apoyo de entre tres y cuatro ciudadanos de cada diez. Más de un 30%, porcentaje superior al 21% obtenidos por Unidos Podemos en las últimas elecciones generales. El artefacto deberá ser manejado con mucho tiento por Pablo Iglesias, puesto que la figura estelar de la izquierda en estos momentos –en estos momentos fugaces– es Pedro Sánchez, gracias al principio del Conde de Montecristo: todo hombre condenado que consigue escapar del peñón de If sufre un empuje mediático hacia arriba proporcional al gesto de pavor de quienes le creían enterrado.
La iniciativa de Podemos tiene un punto débil, que no es la falta de apoyos. Tampoco podía prosperar la moción de censura de Felipe González a Adolfo Suárez y sin embargo acabó siendo un éxito del PSOE, en la medida que fue capaz de condensar un estado de opinión: el mandato de Suárez se estaba yendo a pique y González emergía como la única alternativa posible.
El principal punto débil de la iniciativa de Iglesias es la dilación de los tiempos. Podemos es un grupo que tiene dificultades en las carreras de fondo. Su especialidad es el blitzkrieg, la batalla relámpago. Movimientos rápidos con fulgurante apoyo en las redes sociales. Toda batalla de fondo exige una mínima complicidad de los medios tradicionales que operan en el tiempo lento (menos acelerado). El tiempo lento es la dimensión en la que lo nuevo puede establecer alianzas con lo viejo. Fuera de las redes, la radicalidad de Podemos topa con muchas hostilidades.
El Partido Popular ha conseguido retrasar la discusión de la moción, con el evidente propósito de provocar su muerte por inanición. Aprobamos los presupuestos, exhibimos una mayoría de 176 diputados y después hablamos de la censura. Rajoy no subirá a la tribuna y se encargará de la réplica Rafael Hernando. (El portavoz Hernando, rudo, pero inteligente.)
La evolución de los acontecimientos, sin embargo, no ha desamparado a Podemos. Sacaron el autobús de denuncia a la calle y al cabo de dos días era detenido Ignacio González. Esta semana, mientras se aprueban los presupuestos –el momento muscular de Rajoy–, el fiscal Anticorrupción Manuel Moix entra en la cuerda floja y el presidente del Gobierno es obligado a acudir a declarar personalmente ante la Audiencia Nacional.
Iglesias corre el riesgo de estrellarse, puesto que mantener la tensión escénica en una sesión parlamentaria de dos días no es nada fácil. Sigue contando con un marco narrativo favorable, pero, atención, no podrá lanzar su iniciativa contra el PSOE. Al contrario, deberá aparecer como el heraldo de una hipotética y futura moción censura socialista, que podría ser apoyada por casi toda la oposición según como evolucionen los acontecimientos en Catalunya.
Principio de Arquímedes. Toda moción de censura llamada al fracaso sufre un empuje hacia arriba proporcional a las veces que el oficialismo escribe que es una payasada.

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