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30 jun. 2017

El racista de Blanes

ORFEO SUÁREZ

A comparación realizada por el alcalde de Blanes, al decir que los catalanes tienen la misma visión de España que los daneses del Magreb, es una prueba de que no hay peor fe que la del converso, capaz de exprimir el nacionalismo hasta escupir su propia bilis: el racismo. Más allá de lo ofendidos que se sienten los españoles, se encuentra la alusión a un territorio del norte de África como metáfora de lo que los europeos más ricos entenderían como lo indeseable. Miquel Lupiáñez i Zapata fue bautizado como José Miguel en Narila, un pueblo
de Granada, antiguo Al Andalus. La catalanización de su nombre es legítima. Lástima que en su genética no quede nada de uno de los periodos más tolerantes de la historia del Islam, donde no todo es integrismo. La actitud del alcalde es la hipérbole del complejo de su partido, el PSC, que entregó las armas de la izquierda y abandonó a millones de personas en el cinturón rojo de Barcelona, sin voz política, a cambio de un puesto en la travesía nacionalista, convertida, hoy, en la deriva de los Lupiáñez.

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