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24 jun. 2017

El Real Madrid no es divino

El barcelonismo puede dormir tranquilo: Hacienda ha irrumpido en el vestuario del Real Madrid y tampoco hace prisioneros. Cristiano Ronaldo ya tiene fecha para su declaración como investigado (el 31 de julio), a Mourinho se le acusa de haber defraudado 3,3 millones de euros en 2011 y 2012 y Di María pactó ayer abonar dos millones de euros y una pena de 16 meses de prisión por delitos fiscales.
La ofensiva fiscal contra futbolistas se enmarca en una corriente continental. La Comisión Europea informó ayer de un proyecto de directiva contra intermediarios del fraude fiscal, el tipo de profesionales que presumen ante sus clientes: “Tú tranquilo, esto te lo arreglo yo”.
Sólo la UE tiene la suficiente distancia y neutralidad para imponer campañas fiscales contra los futbolistas. Este 2017 empieza a ser muy europeísta, hay energía y más habrá cuando la canciller Merkel sea reelegida en septiembre. Una gran noticia porque en ciertos asuntos –como el fútbol– los estados se manejan mal, caso de España, y necesitan un árbitro verdaderamente neutral para que imponga las decisiones sin levantar sospechas.
El barcelonismo ha dado síntomas este 2017 de un peligroso retorno al pasado. La victoria en el Bernabeu no ha reportado la Liga y ha reaparecido el complot de que el Barça tiene una mano negra. Cuando ganábamos, el diagnóstico era otro: son excusas de perdedores.
La buena noticia de que Cristiano Ronaldo se retrate ante la justicia es que borrará la teoría de la conspiración y el deseo de repetir aquel ridículo “todos somos Messi”, impulsado de forma breve por el mismísimo club. Pese al enfoque legalista y demasiado cariñoso del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro al ser preguntado por el caso Cristiano, queda muy claro que el Estado actúa igual con unos y otros, merengues o culés. Y también queda al descubierto que las estrellas del fútbol tienen la sartén por el mango: siempre quieren que el club asuma sus errores –y los de sus asesores– o a las primeras de cambio amenazan egoístamente con cambiar de aires.
Los procesamientos fiscales contra los iconos del Madrid inducen a reflexionar sobre el mito del “palco del Bernabeu”. Tiene menos poder del que creemos. No es un lugar opaco que mueve los hilos del mundo. Hay un presidente y empresario con influencia colosal que invita a gente de condición similar, pero juntos no constituyen un organismo compacto que mangonea y determina los asuntos de España. Este año y aún con la buena cosecha de arbitrajes blancos, el FC Barcelona ha perdido la Liga por sus errores.

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