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29 jun. 2017

Emocionante aniversario sin el rey Juan Carlos I

La sesión homenaje de las Cortes Españolas a los protagonistas de las que fueron las primeras elecciones democráticas del inicio de la Transición, del 15 de junio de 1977, ha estado marcada por la emoción del reencuentro en el Congreso de los Diputados con sus protagonistas y el recuerdo de los que no están, empezando por Adolfo Suárez.
Y quienes fuimos testigos de ese fascinante tiempo desde el periodismo y la política al término del homenaje hemos sentido a nuestras espaldas que se cerraba una pesada puerta, un ciclo y un tiempo muy especial y generoso entre españoles que guardado está con honores en la Historia de España.
No logramos el ideal de la ruptura democrática contra la dictadura, como lo defendíamos algunos desde la Junta Democrática, ni las más altas cotas de perfección representativa y democrática en la Constitución de 1978, pero sí disfrutamos del mayor de los regalos o la más alta conquista, como fueron la recuperación de las libertades civiles y democráticas, y de la reconciliación nacional de las dos Españas enfrentadas en la Guerra Civil.
De lo que se desprende que la actitud de Pablo Iglesias y sus afines en el acto fue un grave error, porque su aparente pretensión de homenaje a los que sufrieron y se enfrentaron a la dictadura de Franco se convirtió en un reproche hacia quienes desde posiciones democráticas, la izquierda de especial manera incluida, tendieron a sus represores (y luego adversarios) las manos de de la reconciliación nacional. Escrito todo ello está en el diario de sesiones de aquellas Cortes.
En el aniversario de ayer echamos en falta a un protagonista esencial: el rey Juan Carlos I. Y no cabe explicación ni justificación a esta ausencia (y la de la reina Sofía) lo que nos preocupa y alerta sobre el escaso talento o la mala fe de quienes cometieron ese error. La explicación oficiosa de la Casa Real de que ‘no puede haber dos Reyes en la Cámara’ es inaceptable y sugiere el temor al protagonismo que Don Juan Carlos I podía haber asumido en dicha sesión ‘eclipsando’ al rey Felipe VI quien, bien al contrario, debía sentirse orgulloso de los merecidos aplausos que recibiera su padre en la sesión.
Tampoco nos pareció adecuado para la ocasión buena parte del discurso del rey Felipe VI y especialmente sus parciales incursiones por el Siglo XIX y parte del  XX. Y no digamos sobre la ausencia de mención al Golpe de Estado del 23-F, hecho crucial de la Transición, del que quedan señales de disparos en el techo del hemiciclo del Congreso.
En otras ocasiones hemos escuchado mejores discursos de Don Felipe VI quien sí hizo muy bien en subrayar el imperio de la ley como base de la vida democrática y la convivencia nacional. El Monarca sí hizo el elogio de los protagonistas de la Transición y dijo: “Cumplieron con su deber: a pesar de la incertidumbre política; a pesar de la situación económica interna y externa, tan difícil en aquel entonces; cumplieron por encima también de incomprensiones e ingratitudes, e incluso contra pronósticos poco confiados que se hacían dentro y fuera de nuestro país; y cumplieron, sus señorías de entonces, a pesar del terrible dolor que causaba el terrorismo que miserablemente actuó contra todo principio de humanidad y de respeto a la convivencia democrática”. E impecable estuvo en su alocución la presidenta del Congreso, Ana Pastor.
Pero concluido el acto esa puerta de la Historia se cerró y ya estamos en el tiempo nuevo de otras generaciones, de la trepidante revolución tecnológica y digital, del mundo global, de la nueva Europa a la que pertenecemos. Y del final del bipartidismo español, la incipiente cultura de los pactos, y de nuevos retos políticos y constitucionales, que habrá que superar y modernizar con la misma audacia y misma generosidad de la que hicieron gala un tiempo atrás los ciudadanos españoles y los gobernantes, representantes políticos y los actores sociales y civiles de la Transición.

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