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2 jun. 2017

¡Esto es un referéndum!


Mientras en Cataluña, el gobierno de la Generalitat está empeñado en organizar un referéndum para la secesión de España -que, objetivamente, es inviable e impracticable-, los suizos -siempre previsores y pragmáticos- acaban de celebrar uno para decidir sobre el futuro modelo energético de la Confederación helvética en el horizonte del 2050. ¡Esto es un referéndum!

El resultado ha sido claro: el 58,2% de los votantes ha apoyado la propuesta de cerrar progresivamente las cinco plantas nucleares que hay en el país -a medida que vaya venciendo el límite temporal de las concesiones- y sustituir su producción de kilovatios por la de energías renovables (hidroeléctrica, solar, eólica, biomasa...). Este referéndum tiene su origen en el impacto en la opinión pública helvética que tuvo el catastrófico accidente a la central atómica de Fukushima, en 2011, que abrió un debate en profundidad sobre los riesgos que comporta esta tecnología energética y la irresponsabilidad que supone legar a las futuras generaciones el problema de los residuos nucleares.

Después de numerosos estudios y discusiones, el gobierno de Berna formuló una alternativa que garantiza la autosuficiencia del país sin necesidad de los kilovatios nucleares, que fue aprobada por el Parlamento. Ahora, los ciudadanos han ratificado en referéndum esta nueva estrategia energética. De este modo, Suiza se añade a la lista de países europeos que ya han decidido abandonar los programas nucleares y extinguir las plantas atómicas del mapa (Alemania, Italia, Suecia, Bélgica...).

En Cataluña tenemos tres reactores nucleares en funcionamiento que han sufrido múltiples percances técnicos -el último, un incendio en Ascó I el pasado 23 de mayo- y todos tenemos en el recuerdo el gravísimo incendio de la planta de Vandellòs I, en 1989, que estuvo a punto de provocar un desastre como el de Chernóbil, que habría convertido las comarcas de Tarragona en una tierra contaminada e inhabitable. Las concesiones de las tres nucleares catalanas se están extinguiendo: en el caso de Ascó I, en 2023; en el de Ascó II, en 2025; y en el de Vandellòs II, en 2027.

Sería oportuno que la Generalitat, en nombre y representación de la sociedad catalana, promoviera un debate en profundidad sobre qué hay que hacer con las plantas atómicas y elaborara un modelo energético alternativo de producción y suministro de electricidad sin kilovatios de origen nuclear, como ya han hecho otros países europeos con una alta conciencia ecológica. Pero esto es pedir peras al olmo.

Tenemos un gobierno presidido por Carles Puigdemont que –para salvar el culo al clan Pujol- quiere estamparnos contra la pared, provocando una crisis institucional de la que saldremos trasquilados. En el marco de la Unión Europea, las reivindicaciones nacionales/nacionalistas/soberanistas/independentistas son ucronías pasadas de moda: en 1714 no había centrales nucleares.

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