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25 jun. 2017

Herr Guardiola se divierte por el mundo autoritario

El Estado Español, admirado Pep, no es ninguna antigualla. Si no existiera no podría proteger a los ciudadanos más débiles de sus amigos acaudalados y de usted mismo

El hecho de que una figura del mundo mundial futbolístico como Pep(e) Guardiola haya denunciado a España ante el orbe y pida ayuda ante un Estado “autoritario” da una idea de lo mucho que está pasando.
La catedrática Araceli Mangas, especialista en Derecho Internacional, le ha dado un buen repaso.
Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (d), y el exentrenador del FC Barcelona Pep Guardiola. (EFE) Precisamente Herr Guardiola, el mismo que resultó ser entrenador del Bayern de Múnich, cuya región pidió ser independiente de la República Federal y recibió el sonoro varapalo del Tribunal Constitucional alemán cuando la rica Baviera pretendió hacer un requiebro secesionista no admitiendo ni siquiera a trámite la petición.
Pero es que Pep también se pasó un año sabático en EEUU, nación a la que considera “autoritaria” porque ni Abrahm Lincoln se sometió al chantaje de la secesión y su Tribunal Supremo la considera “la unión indestructible formada por estados indestructibles”. También jugó y cobró en Italia donde una parte de esa nación intentó dividirse. Las respuesta fue igualmente contundente.
La unidad nacional e integridad territorial es un bien público internacional; ningún Estado puede aceptar que se ponga en cuestión su unidad e inviolabilidad
Son tres ejemplos de cajón. Pero podían invocarse muchos más. Dicho de otro modo, en pluma de la catedrática Mangas: “La comunidad internacional a la que Guardiola y las mentiras del independentismo apelan protege un principio fundamental del Derecho Internacional: todo Estado tiene derecho a que se respete y a proteger su unidad nacional frente a reivindicaciones que no se funden en el reglamentado derecho de libre determinación”.
Dicho de otro modo, mis queridos amigos, la unidad nacional e integridad territorial es un bien público internacional; ningún Estado puede aceptar gratuitamente que se ponga en cuestión su unidad e inviolabilidad.
El Estado Español, admirado Pep, no es ninguna antigualla. Si no existiera, no podría proteger a los ciudadanos más débiles de sus amigos acaudalados y de usted mismo.

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