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26 jun. 2017

Kohl, el padre del euro

Manuel Conthe

El inicio en 1999 de la unión monetaria y la sustitución del marco alemán por el euro constituyó en Alemania una decisión política polémica, que sólo se adoptó por el firme apoyo del Canciller Kohl y, en menor medida, por la actitud boco beligerante del Bundesbank, a la sazón dirigido por Hans Tietmeyer.
Tras el reciente fallecimiento de Kohl, repongo, como pequeño homenaje, dos de las crónicas que le dediqué.
Creo, sinceramente, que el Canciller Kohl merece el título de "padre del euro", no solo porque fue él quien, a finales de 1995, propuso ese nombre para la moneda única; sino porque, sin su influencia, Alemania nunca habría estado dispuesta a iniciar una unión monetaria tan amplia como la que se inició en 1999.
Quienes vivimos de cerca como nació la unión monetaria europea sabemos que:
- Alemania era muy reacia a iniciarla, y solo terminó aceptando por el espíritu europeístas del Canciller Kohl, como concesión a Francia y otros países (entre ellos España), que aspirábamos a tener unos tipos de interés tan bajos como los alemanes.
- En la primavera de 1998, muchos economistas y políticos alemanes afirmaban que algunos países aspirantes a entrar en la unión monetaria no estábamos preparados para hacerlo. Tenían razón, aunque nunca sabremos qué habría pasado si España y otros países (Grecia incluida, que entró en el euro en 2002) no hubiéramos ingresado en la unión monetaria.
La paradoja fue que, tras la incorporación de España a la unión monetaria, la combinación de los tipos de interés bajos que trajo el euro, la euforia económica que desató, la fuerte competencia en el sector financiero español y, en fin, las rigideces del sistema económico (incluido el régimen de negociación salarial) provocaron una grave burbuja inmobiliaria, cuya ulterior consecuencia fue la grave crisis 2008-2013.
Esa crisis, consecuencia de la burbuja inmobiliaria que nos produjo un bajo nivel de tipos de interés para el que España no estaba preparada, confirmó la sabiduría de la frase atribuida a Santa Teresa de Jesús, con Kohl en el papel de Dios: "Se llora más por las las plegarias cumplidas que por las incumplidas".
Por fortuna, a golpes también se aprende. Y España, aunque cargada de deuda y con un populismo de izquierdas -en Podemos y, tras la llegada de Sánchez, en el PSOE- incompatible con los principios económicos rectores de la unión monetaria, está ahora más preparada para ser miembro del euro que cuando en 1999 ingresó en la moneda única.

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