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23 jun. 2017

La desesperada indecencia secesionista

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

Primero fue Artur Mas quien, con una ilimitada desfachatez, se comparó con Rosa Parks. Ahora es su sucesor en la presidencia de la Generalitat quien, subiendo la apuesta de la desvergüenza hasta extremos sencillamente delirantes, pone al mismo nivel la sublevación secesionista en Cataluña con la resistencia civil del pueblo español contra el terrorismo etarra. El secesionismo catalán está ya tan desesperado en su camino hacia el abismo que ensucia todo lo que toca.
Artur Mas ha sido siempre un hombre de poder. Tanto que durante ¡30 años! ejerció ininterrumpidamente cargos públicos. Rosa Parks fue una humilde mujer negra que vivía en los años cincuenta del pasado siglo en Alabama, uno de los estados más racistas de la Norteamérica segregacionista. Mas fue juzgado y condenado a dos años de inhabilitación por haber organizado un referendo ilegal de autodeterminación en un país democrático que respeta escrupulosamente los derechos personales y la autonomía regional. Parks fue encarcelada por negarse a ceder su asiento a un blanco en el autobús en que viajaba, como lo exigían las leyes segregacionistas de Alabama y se convirtió, tras ello, en una de las líderes de una de las luchas más heroicas y admirables del siglo XX: la que se desarrolló en Estados Unidos por los derechos civiles. Que Mas pretenda equiparar su sublevación contra una Constitución democrática a la resistencia frente a la segregación racial es mucho más que una ridícula mentira: es una horrible ofensa a los indecibles sufrimientos de decenas de millones de personas.
La que ha irrogado Puigdemont a las víctimas de ETA y a los españoles que durante medio siglo resistimos el chantaje de las pistolas o las bombas es igual de indecente, pero nos toca más de cerca. Pretender que los secesionistas que preparan una sublevación contra nuestro Estado democrático desde una de las regiones con más autonomía del planeta son comparables a los millones de españoles que se sublevaron contra una organización criminal que cometió casi mil asesinatos constituye una de las mayores infamias que es posible imaginar.
Pero la extrema vileza moral a la que han llegado Mas y Puigdemont dice mucho sobre su desesperación. Mas sabe muy bien que no se parece en nada a Rosa Parks, y Puigdemont, que su traición a la Constitución y a la ley que prometió cumplir y hacer cumplir nada tiene que ver con la lucha contra ETA. Pero, perdido ya todo pudor y el más elemental respeto a la verdad, uno y otro recurren a episodios que se han ganado un puesto de honor en la memoria colectiva con la única y descabellada finalidad de legitimar una acción que, salvo por sus seguidores, es vista por todo el resto del país, dentro y fuera de Cataluña, como lo que es en realidad: la mayor muestra de desprecio a la ley, a la convivencia y a la paz social vivida en España desde la recuperación de la democracia.

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