Yo mismo con mi turismo

4 jun. 2017

La Generalitat contra el Real Madrid

Hace pocos días el prestigioso constitucionalista y jurista  Jorge Esteban publicaba en el diario El Mundo un artículo o lección magistral sobre la crisis de Cataluña, analizando la historia de ese desafío, con las tres proclamaciones de la independencia (1873 Viñas, 1931 Maciá y 1934 Companys) en las que siempre se articuló una relación especial con el Estado español y no como se pretende ahora.
Al tiempo el articulista recordaba con lucidez el alcance de los términos Estado y nación. Y concluía Esteban apuntando la necesidad de la reforma del Título VIII de la Constitución para incluir en nuestra Carta Magna la realidad política y cultural de Cataluña y del País Vasco a las que propone mencionar como ‘Comunidad Nacional’.
Naturalmente la propuesta de Esteban se sitúa en el medio plazo una vez que pase la tormenta del referéndum ilegal e inconstitucional que pretende Puigdemont, que ya veremos como acaba -probablemente mal para todos- pero en todo caso en pos de unas nuevas elecciones autonómicas catalanas y luego de un nuevo intento de conciliación entre las dos partes afectadas.
Sobre todo porque en estos últimos años se han cometido errores por ambos lados, como son el gobierno de Rajoy y el que fuera gobierno de Artur Mas en Cataluña. Sobre todo a partir de la gran manifestación de la Diada del 11 de septiembre de 2012 en la que se lanzó, en plena crisis económica española y europea, el lema de ‘España nos roba’. Una malvada mentira (los ladrones han resultado ser los Puyol y la trama del 3% del Palau y Convergencia) a cuya grupa se subió Mas para venir a Madrid y decirle a Rajoy textualmente –lo reveló el Presidente en el Senado- que o le concedía a Cataluña y una financiación y concierto fiscal como el vasco o que ‘se iba a enterar’.
En aquel momento Rajoy tenía dos opciones: la de expulsar a Mas de la Moncloa por amenazas al presidente del Gobierno de España; o tomarse la advertencia con ironía pero a la vez proponiendo a Mas una solución intermedia de mejora de la financiación catalana de manera progresiva y no discriminatoria con el resto de España. Pero Rajoy optó, como es habitual en él, por mirar al tendido, no hacer nada y calificar esa Diada insultante como ‘un lío y una algarabía’.
Y así entre el chantaje de Mas y la dejadez de Rajoy se perdió una gran oportunidad y se  inició la ruptura en la que ambos protagonistas fueron a su aire. Mas con mayor firmeza en sus propósitos independentistas –lo del concierto vasco era una excusa para justificar la autodeterminación-, mientras que Rajoy dejó pasar el tiempo y e incluso celebrar la ilegal Consulta del 9N de 2014. Un gravísimo error del Presidente que, con la excusa de la ‘respuesta prudente y proporcionada’, dio alas a la rebelión de la Generalitat en la que estamos ahora en estos tiempos confusos y amenazantes de Puigdemont.
Lo primero que debió de hacer el Gobierno de Rajoy fue desmontar de una manera eficaz e implacable las tres grandes mentiras del independentismo: la histórica, la económica y la europea. Algo que, por ejemplo, hizo Josep Borrell en su libro sobre ´Las cuentas y los cuentos del independentismo’. El que en el caso de la financiación pudo ser más eficiente si en vez de hablar de ‘balanzas fiscales’ se hubiere hecho el computo global de la relación económica, fiscal y comercial de Cataluña con el resto de España y el Estado, porque esa balanza es especialmente favorable para Cataluña y sus datos son irrefutables (en fiscalizad, con IVA incluido, comercio, activos del Estado, deuda, seguridad social, negocios privados, turismo, etcétera).
Y se le preguntó al ministro Montoro por qué el Gobierno no hacía públicos esos datos ante el conjunto de la sociedad catalana y el ministro respondió diciendo que ‘se lo iban a tomar muy mal’. O sea, que no se hizo nada. De la falsa Historia hubo numerosas aportaciones de historiadores nacionales y extranjeros que prueban que Cataluña nunca fue un Estado o una nación independiente. Y sobre Europa hartos están los principales dirigentes de la Unión Europea y de los Estados miembros de afirmar que una Cataluña que se independizara de España violentando la legalidad nunca podría entrar en la UE.
Quedaba finalmente la cuestión del ‘sentimiento nacional’ que es una realidad y que ha sido alimentado en los últimos años -por concesiones crecientes de soberanía por los gobiernos de Felipe González , José María Aznar y José Luís Rodríguez Zapatero- con el continuo incumplimiento de la legalidad, una propaganda y sistema educativo bien manipulado contra España por parte de la Generalitat, y adornado de un generalizado victimismo y con el cuento de hadas de una Cataluña independiente intensamente rica e influyente en el ámbito internacional.
Y de ese sentimiento nacional y discurso victimista se pasó a la estrategia del odio a España y a la ruptura unilateral. Como botón de muestra y de mal gusto ahí está el video promocional emitido estos días por la televisión pública catalana TV3 para anunciar la retransmisión de la final de la Copa de Europa entre el Real Madrid y la Juventus, aplaudiendo al equipo italiano y denostando al Real Madrid. Lo que hacen por dos motivos: por ser el Madrid el mayor adversario del Barça (equipo ahora afiliado a la independencia); pero sobre todo por ser español. Todo un ejemplo de cómo se entiende en la Generalitat de Puigdemont la democracia, la libre información, la deportividad y el diálogo con España.
Si no se pone coto al odio y no se desmontan las mentiras del independentismo, por más que el sentimiento permanezca y en muchos casos sea de buena fe, difícilmente se podrá abordar una reforma constitucional como la que propone
Jorge Esteban y el problema catalán se enquistará una vez más. Máxime después del esperado ‘choque de trenes’ que está al llegar y que dejará heridas y desafectos difíciles de sanar y de recuperar.

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