Yo mismo con mi turismo

24 jun. 2017

La lista

$tituloImg.$pieImgEl Ministerio de Hacienda hizo pública por tercer año consecutivo la lista de morosos con el fisco. Es una oportunidad para cultivar el morbo y meterse en la intimidad de los grandes deudores, aunque tiene casi tanto que leer como el Tratado de Libre Comercio con Canadá, que ocupa más de mil folios, tiene tantos nombres como la guía telefónica de una ciudad media (4.549) y suma tanto dinero como el que costaría la construcción de una red de hospitales: 15.400 millones de euros. Y ahí faltan los morosos pobres: los que deben menos de un millón, que no merecen salir en esa lista de selectos.
En la relación hay de todo: caras famosas de la tele y el espectáculo, empresarios y empresas de diverso pelaje, deportistas de renombre, apellidos que frecuentan las revistas del corazón, algún preso, algún procesado, muchos investigados, ricos herederos, ricas herederas y multitud de inmobiliarias y otras víctimas de la burbuja. A Hacienda, que somos todos, no solo le restó ingresos la paralización del mercado del ladrillo, sino el impago de promotores e intermediarios, que por lo visto siguen entrampados. Da la impresión -superficial, por supuesto- de que hay muchos morosos que, ante las dificultades, lo primero que hacen es dejar de pagar a Hacienda. Y son nombres que suelen aparecer en las noticias de las páginas económicas de la prensa.
Hubo un tiempo, hace tres años, que aparecer en esa relación era un bochorno. Hoy son tantos los nombres y tan conocidos en su mayoría, que la intención de avergonzar o poner como ejemplo ya no tiene igual impacto. Todo se desgasta con el uso. Y es que vemos apellidos que, a pesar de estar mencionados en las tres ediciones de la guía, siguen disfrutando de vacaciones de postín, siguen figurando en la vida social, son vistos en restaurantes de lujo y siguen participando en reuniones de tarde en las que se sirven copas y canapés. Algo de patrimonio y dinero deben de tener oculto o muy lenta debe de ser la Justicia, porque estar entrampados con el fisco no les hizo perder calidad de vida.
No sé yo si un trabajador o un pequeño empresario pillado en un error o un renuncio y que tiene que pagar principal, intereses de demora y la multa correspondiente puede mantener su poder adquisitivo. Pero no quiero seguir por esa línea, porque alguien me puede llamar demagogo. Voy a ponerme positivo: de la relación de grandes morosos de hace tres años han desaparecido ya el 20 %. O sea, que han pagado. Si ha sido porque estaban en la lista y se avergonzaron o porque les llegó la recuperación (no como al 70 % de las familias españolas, según Cáritas), eso ya no lo sé. Y tampoco me importa. Solo sé que ya no son morosos con Hacienda y con usted.
Vemos apellidos que, a pesar de estar en las tres ediciones de la guía [de morosos de Hacienda], siguen disfrutando de vacaciones de postín, siguen figurando en la vida social y son vistos en restaurantes de lujo

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