Yo mismo con mi turismo

30 jun. 2017

Los valores (?) del mercado


Las leyes del mercado del fútbol propician que los contratos sean cada vez más inútiles. A la hora de marcar tendencia en la relación entre club y jugador, el Barça ya no es el líder. La élite del sector impone principios que dinamitan voluntades e inducen a explosiones mediáticas más contaminadas por los intereses que por la voluntad de mantener la tradición del mercado (eso que por razones ignotas ahora llamamos mercato). Las inducidas distorsiones de la realidad ya no dependen de nuestra entrañable capacidad de fabulación sino de maniobras orquestadas en la oscuridad. El viejo lema de “todo el mundo quiere venir al Barça” es anacrónico. A veces son los jugadores los que quieren cobrar más o exigen titularidades inasumibles, a veces son los clubs en manos de fortunas arbitrarias los que revientan el mercado y a veces son los intermediarios los que imponen el desenlace de la historia.
La cronología nos ha traído a Verratti como primera opción y, como alternativa salida de vaya usted a saber donde, Paulinho. Para forzar su ruptura con el PSG, Verratti ha seguido el protocolo de la desobediencia de luxe. Primero te vas a Ibiza, te dejas fotografiar casualmente con una portada de Mundo Deportivo y declaras tu amor por el Barça. Una vez que el globo sonda anda suelto, amenazas con no presentarte para forzar la rescisión. Antes Verratti ha tenido que pactar con el Barça y regatear algunos controles. Pero como todo el mundo hace lo mismo, no tendría sentido que el Barça fuera de puro por la vida, sobre todo en un sector que no aspira al Nobel de Honestidad. Hay sectores económicos tan potentes y globalizados que no pueden ceñirse a la ética de la autorregulación y que imponen la ley de la selva como único código. Si cualquiera de nuestros titulares actuara como Verratti, lo lapidaríamos. En cambio, aceptamos que él actúe así en nombre de un barcelonismo que no aplica los mismos códigos para entrar que para salir.
A estas alturas, hacerse el inocente es más un acto de miopía que de candidez pero cuidado con resignarse a la corriente del mercado. El esto es lo que hay que domina el fútbol es el mismo que de modo interesado deteriora muchos derechos y deberes y, precisamente por eso, conviene que seamos conscientes de nuestros índices de contaminación.
Cuando aparece Paulinho, la sensación de improvisación retrata la debilidad del Barça en el contexto global de una timba de póquer con apuestas muy peligrosas. No tiene por qué ser una mala noticia. Tras el alarde de chapuzas que marcó el fichaje de Neymar, queda claro que el talento negociador de la directiva es discutible y que conviene multiplicar el rigor. Pero lo que sorprende es la actitud de Paulinho, que no hace la comedia pactada con Verratti sino que, sin ambages, habla de una oferta china. Este es el nuevo contexto del fútbol: la desobediencia inducida ya no sirve si el club está en manos de alguien que no necesita el dinero y no practica la transparencia. Y una oferta del Barça tiene un interés relativo, porque ya no es la más atractiva económicamente y no puede garantizar la titularidad que exigen –nuestro tridente, por ejemplo– muchos jugadores. Casos como el de aquel Iniesta suplente hasta los 24 años o de un Xavi ajeno a la grandilocuencia ya no son posibles. Que, además, estemos hablando de conceptos tan escandalosos como primas de fichaje y renovación (!) y que los clubs que más practican la transparencia se vean desplazados por apisonadoras financieras igualmente injustas invita a pensar que la burbuja del fútbol no sólo no se debilita sino que sigue creciendo.
Y, para terminar, una reflexión: “La estructura del mundo del fútbol está hecha a medida de los que están arriba. Las federaciones locales dependen de las regionales, que a su vez dependen de las nacionales, que deben obediencia a los organismos internacionales, la UEFA y la FIFA, localizadas en Suiza y con grandes privilegios fiscales. Las federaciones están obligadas a ser completamente adictas a sus normativas, a no resolver un litigio por vía legal sino a atenerse siempre a las normas propias de estos organismos, a sus legislaciones especiales, a menudo al margen de las que regulan los estados de derecho del mundo democrático”. ¿Quién lo ha escrito? ¿Un diputado de la CUP? ¿Julian Assange? No: Josep Maria Minguella.

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