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7 jun. 2017

Òmnium Cultural: luchas compartidas, luchas usurpadas



El 23 de octubre de 2016 dio comienzo la campaña “Lluites Compartides” (“Luchas Compartidas”), con la que la organización cultural catalana Òmnium Cultural, de marcado carácter nacionalista, pretende “recordar y reconocer” medio siglo de luchas sociales en Cataluña, de 1950 hasta nuestros días. Desde la famosa huelga de tranvías de los años cincuenta al 15-M, pasando por la huelga de SEAT de 1971, el movimiento vecinal, la objeción de conciencia y -cómo no- el Procés independentista, todos los movimientos sociales tienen cabida en esta campaña, que aún hoy recorre la geografía catalana y que incluye desde campañas en las redes sociales hasta actos públicos en la calle. “A menudo” -asegura la web de Òmnium- “estas luchas no fueron compartidas por la mayoría de nosotros pero todos nos beneficiamos de los logros conseguidos”. Lo de no compartidas puede que sea cierto, sobre todo teniendo en cuenta los orígenes de esta entidad: creada precisamente en la época en que se iniciaban tales luchas (196l), sus fundadores fueron cinco representantes del alto empresariado catalán, entre los que se contaba -curiosamente- el padre del actual acusado por el desfalco del Palau de la Música, Fèlix Millet.
En 2016, la actual alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, designó pregonero de las Fiestas de la Mercè, patrona de la ciudad, al escritor y periodista Javier Pérez Andújar. La decisión levantó ampollas en el mundo independentista, que reprochaba a Andújar haber escrito artículos muy críticos con el llamado Procés, hasta el punto de definir la Diada como “el parque temático del independentismo” o comparar la Cataluña actual con el Irán de los Ayatolás. La polémica culminó con la convocatoria de un pregón alternativo a cargo del humorista Toni Albà, ferviente independentista.
Sin embargo, un diario digital tan poco sospechoso de “españolismo” como “ElNacional.cat“, describía al periodista como “izquierdista declarado y poco amigo de los ultraderechistas españoles”. Y ante las voces conservadoras que, desde el lado unionista, surgieron en su defensa a raíz de la controversia, el autor del artículo, Gustau Nerín, aclaraba que “al final, en el pregón, Andújar ha desarticulado la polémica y ha rechazado convertirse en el representante de todos aquellos que pretendían defenderlo”.
Por si esto fuera poco, y para abundar en la ecuanimidad de Andújar, diremos que el 28 de abril de 2014 publicaba un artículo en el diario “El País”, con el expresivo título de “Ser español es de pobres“. En dicho artículo, el autor reconocía abiertamente que “no soy de los que refutan el derecho a decidir. No tengo conocimientos de derecho para defenderlo, ni tampoco para negarlo. Creo en la democracia. Es en lo único que creo. Y según mi noción intuitiva de lo que es el progreso, la democracia permite plantear abiertamente todos los asuntos. Lo que no es democrático es no poder hablar”. Afirmación que suscribiría desde el más entusiasta común (partidario de Ada Colau) al más vehemente podemita.

Sin embargo, si traemos a colación “Ser español es de pobres” no es sólo para despejar cualquier brizna de españolismo furibundo en Pérez Andújar. Dicho artículo era una crítica mordaz a la foto que en 2014 se hicieron Josep Maria Álvarez y Joan Carles Gallego (a la sazón secretarios generales de Cataluña de UGT y Comisiones Obreras, respectivamente) con Muriel Casals, fallecida en 2016 y por aquel entonces presidenta de Òmnium Cultural y referente del mundo independentista. La foto de familia simbolizaba el apoyo de las organizaciones obreras en Cataluña al llamado derecho a decidir. Y Pérez Andújar no se mordió la lengua: “¿En qué aspecto Òmnium resulta contrario a Comisiones Obreras y UGT?” -se preguntaba- “En el fundamental. En el que da sentido a los sindicatos. Lo que hicieron en esa foto Comisiones y UGT fue pactar con la oligarquía. Pero pactar aquí es un eufemismo. Se pusieron a su servicio. Òmnium Cultural es el Club Mediterranée disfrazado de Misiones Pedagógicas. Esta asociación fue creada por la más pura y dura oligarquía catalana y para saberlo basta con ser catalán, con pertenecer al cuerpo social y a la historia de esta nación, país, región o como le quieran o decidan llamar”.
Y para hacer más gráfica su tesis, enumeraba a algunos de los empresarios que fundaron la entidad: “(…) el financiero, presidente del Banco Popular Español y asimismo presidente de la aseguradora Chasyr 1879, Fèlix Millet, padre del famoso Fèlix Millet” (el hoy acusado por el escándalo del Palau de la Música)… “también formaban parte del grupo fundador de Òmnium Cultural Lluís Carulla, empresario, que, además de presidir Gallina Blanca, Agrolimen, Cavas Mont-Ferrant y ser consejero de la citada Chasyr 1879, fue representante de los Rockefeller en Cataluña. O Pau Riera i Sala, presidente de las empresas Roldán y Seimex (su hermano Rosendo era hombre de confianza de Fèlix Millet padre)”. A todos ellos los definía como “el cogollito de las 200 familias decisivas” (en Cataluña suele decirse que existen 200 familias acaudaladas que controlan todo el poder).
El artículo debió de remover conciencias porque, el mismo año de su publicación, el digital Elcritic.cat realizaba una entrevista a Jordi Cuixart, actual presidente de Òmnium, donde se le preguntaba por las afirmaciones vertidas en “Ser español es de pobres”: “No hemos hecho estudios sobre el nivel económico de los 60.000 socios de Òmnium. Es una realidad que Òmnium fue fundada por cinco empresarios catalanes hace 56 años. ¡Pero eso es bueno para el país! Hemos de comenzar a romper con adjetivos que te predeterminan para siempre. Eran burgueses, sí, y eran personas comprometidas con la lengua y la cultura catalanas. Pensaron que el catalán podía servir para cohesionar el país”.
El tono es cool, casi progre. He aquí dos visiones de Cataluña (y de la vida) diametralmente opuestas: Uno cree, como los padres fundadores de Òmnium, en la lengua como forma de cohesión de un país; el otro, que a un país lo cohesionan, ante todo, las condiciones de vida de sus habitantes. Uno pide no ser quisquilloso con los adjetivos y el otro se sirve de ellos para señalar y denunciar; uno prefiere ser liberal con las contradicciones y el otro demanda coherencia.
En este contexto, no sería de extrañar que la campaña “Lluites Compartides” estuviera haciendo las delicias de quien la organiza: Da la casualidad de que la foto de Muriel Casals con los dos sindicalistas fue tomada al aire libre, con las tres chimeneas de La Canadiense de fondo, la empresa mítica en la historia del anarcosindicalismo por haber protagonizado una de las huelgas más sonadas del movimiento obrero español. ¿Hay mayor contradicción que una organización creada por los representantes más conspicuos de la burguesía catalana (entre ellos, ¡nada menos que un representante de los Rockefeller en Cataluña!) rindiendo tributo a las luchas de los trabajadores que se enfrentaron a ella? O como diría Andújar: ¿Ver al Club Mediterranée (Òmnium) montando Misiones Pedagógicas (Lluites Compartides)?
Pero acudamos a testimonios de primera mano. A viejos luchadores que participaron en aquellos movimientos, que se batieron el cobre por defender sus ideas. Salvador López Arnal es uno de ellos. Profesor de grado medio y superior, ha dedicado 38 de sus 63 años de vida a la docencia y está a punto de retirarse. Da clases de Economía, Informática y Matemáticas en la delegación de Santa Coloma de Gramenet de la UNED. Colabora, además, en medios izquierdistas como El Viejo Topo o el digital Rebelión. También ha publicado libros centrados en la obra del lógico y filósofo Manuel Sacristán. El último de ellos, “Siete historias lógicas y un cuento breve” (Ediciones Bellaterra).
Hijo de obreros y nieto de un miembro de CNT asesinado tras la Guerra Civil, se define ideológicamente como una persona “de izquierda y no nacionalista”. “Pero no nacionalista ni de aquí ni de allá: no soy españolista ni independentista catalán”. Porque, explica, “la tradición de la que provengo, la marxista o comunista, nunca fue nacionalista”. “Mantener hoy esta postura en Cataluña tiene sus dificultades” -confiesa- “pero hasta hace ciertos años no las tenía: muchísima gente de izquierdas no era nacionalista. Y últimamente no es tan fácil, porque un sector de la supuesta izquierda catalana tiene posiciones soberanistas, a veces nacionalistas, a veces soberanistas y nacionalistas y hasta en ocasiones secesionistas”. Y desde su perspectiva de izquierdas afirma rotundamente que “la situación política actual en Cataluña conduce a la separación de comunidades y a un ‘choque de trenes’ que no beneficia en absoluto a la gente que está abajo, sean de aquí o sean de allí”.
Salvador es un viejo luchador con una dilatada trayectoria como activista. “He participado en multitud de luchas sociales porque empecé a militar muy jovencito, con dieciséis o diecisiete años”, explica. Y a continuación desgrana algunas de ellas: empezó protestando contra el Consejo de Guerra de Burgos (1970); luego intervino activamente en el movimiento vecinal, concretamente en su barrio, el Besòs; y más tarde se comprometió fuertemente con el activismo estudiantil universitario.“Aún recuerdo los paros que hicimos en la Universidad a raíz del asesinato de obreros en las huelgas de SEAT y de O Ferrol”. La lista parece casi interminable: participó en las protestas contra la muerte del anarquista Puig Antich (1974), contra el fusilamiento de los etarras Juan Paredes Manot, Txiki y Ángel Otaegi (1975), contra la entrada de España en la OTAN (años 80), contra la energía nuclear, contra el uso del amianto… Hasta participó “en lo que pudo” en el 15-M, “aunque ya era muy mayor para estar de acampada”.
Pues bien, todas estas luchas sociales tienen un denominador común: la ausencia de Òmnium Cultural, pese a que por la fecha de su fundación (1961), podría haber estado presente: “En los conflictos vecinales en las que yo participé” -recuerda- “no vi a nadie que paseara una pancarta que hiciese referencia a Òmnium Cultural –tal vez en algún otro lugar sí, pero al menos donde yo estuve no-. En las de mi barrio, el Besòs, desde luego que no. Tampoco en las protestas contra el Consejo de Guerra de Burgos, de eso estoy absolutamente seguro. Y en las luchas de los años setenta contra el asesinato de gente obrera por parte de la policía (huelga de SEAT, de la empresa Bazán de O Ferrol, luchas contra la central térmica de El Besòs), de ninguna forma. Tampoco en las protestas contra la muerte de Puig Antich”. En el año 1975, en la manifestación por las muertes de los etarras Txiki y Otaegi (“en la que nos jugamos el tipo”), es tajante: “Ahí Òmnium Cultural no estaba”. También brilló por su ausencia en las manifestaciones contra la OTAN, contra la energía nuclear y más modernamente, en el 15-M. “Yo estuve en el 15-M casi desde el primer momento”-explica- “acudía prácticamente todos los días e incluso estuve cuando se intentó desalojar la plaza Cataluña y traté de parar el desalojo. Y espero no decir una tontería pero no vi ni un solo tenderete de Òmnium Cultural”. La conclusión a la que llega es demoledora: “En base a mi experiencia puedo decir: ¿Ha habido alguna lucha antinuclear en la que haya participado Òmnium Cultural? No. ¿Ha habido alguna lucha obrera en la que haya intervenido? No. ¿Ha habido alguna lucha feminista, ecologista, antifascista, donde haya estado? Tampoco”. Y señala finalmente que “dejando aparte los orígenes de Òmnium, que efectivamente fue fundado por empresarios pertenecientes a familias de gran poder económico y -que yo sepa- no se destacaron por su lucha antifascista o democrático-social avanzada, pienso que el objetivo de esta entidad siempre ha sido la lengua y la cultura catalanas. Y además desde una óptica bastante conservadora”.
Llegados a este punto, la gran pregunta es: ¿Qué hace una organización así rindiendo homenaje a las luchas sociales en Cataluña?

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