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1 jun. 2017

Quiénes son los antisistema

RAÚL DEL POZO
Tenemos la visión de que un antisistema es un tipo que pega a los guardias, okupa la casa del vecino, rompe escaparates, viste sudaderas con eslóganes, se tapa la cabeza con una media, lleva los brazos llenos de tatuajes, quema material urbano y para el tráfico en las grandes ciudades.
Seguimos con la costumbre de colgar sacos de lana a los que consideramos herejes, como si la democracia siguiera bajo un brazo secular. Quizás al que imaginamos antisistema sólo sea un matón, un gamberro, un bronquista, un infiltrado, un provocador. Pero aquí se llama, ascendiéndolo de categoría, "antisistema" a cualquier chufla. Seguimos en la sociedad del espectáculo y de la propaganda y cada partido lanza las palabras por delante como caballos de Troya.
Un antisistema es, según el diccionario del sistema, alguien que se opone al régimen político establecido; en este caso, la democracia. Decían que los de Podemos eran antisistema porque no sólo querían asaltar el poder, sino también los cielos, como si se tratara de una diligencia en la que va una dama de la casta o de la trama. Al principio se codearon en Sol con los okupas y los raperos. Cantaban las letras de Los chikos del maíz, con metáforas muy atrevidas: "Soy el rap que escucharía Ho Chi Minh en la jungla. [...] Soy la bala que atraviesa la nuca de Kennedy". Pablo Iglesias era muy de Los chikos del maíz y decía que ya estaba bien de Stéphane Hessel, "que suena a batucada pacifista; hace falta un poco más de Robespierre, que suena mucho más a rap con banda y, ¿por qué no?, una guillotina en la Puerta del Sol". Era una guillotina retórica, virtual.
Si algún día lo estuvieron, hoy Pablo Iglesias y Podemos no están entre los antisistema. Han salido de la incubadora y hablan de España más que ningún otro partido; justifican la moción de censura por el bien de nuestra patria y, como sigan así, van a dejar a Pedro Sánchez con la brocha, sin escalera, hablando solo sobre la España plurinacional. Los comunistas siempre intentaron hacer compatible el internacionalismo con el amor a la patria y, además, han visto venir el ridículo que van a hacer los independentistas.
Se confunde el rap, el tuit transgresor o el populismo -ideas y libertades civiles, producto de exportación, atractivo turístico- con las fuerzas antisistema. Son los que en otro tiempo se llamaban repúblicos o arbitristas, que ideaban soluciones infalibles para los males de la patria. Quizás tenía razón Mariano Rajoy cuando dijo en una cumbre europea que los partidos antisistema, igual que han aparecido, pueden desaparecer o convertirse en partidos parlamentarios. Ya lo son. Hay okupas, anarcos, activistas antiglobalización que luchan contra el establishment, no contra el sistema. Se ha llamado antisistema hasta a Donald Trump, que es la expresión máxima del capitalismo buitre, el puro sistema, así de vulgar y agresivo.
A pesar de la confusión de la palabra, en Europa, y sobre todo en España, los verdaderos grupos antisistema son los independentistas, que no aspiran a derribar el Gobierno, sino el país.

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